Ésta es la juventud del Papa

Los jóvenes, «dados muchas veces al ruido y a la música, a veces estridente», se han encontrado durante estos años con un Papa «que les ha introducido en el silencio y en la adoración». Escribe doña Lydia Jiménez, Directora General de las Cruzadas de Santa María

Lydia Jiménez
Un momento de la JMJ Madrid 2011

Los jóvenes, «dados muchas veces al ruido y a la música, a veces estridente», se han encontrado durante estos años con un Papa «que les ha introducido en el silencio y en la adoración». Escribe doña Lydia Jiménez, Directora General de las Cruzadas de Santa María

Resuenan todavía con fuerza en nuestros corazones las voces entusiastas de tantos jóvenes aclamando al Papa Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid 2011, cuando todavía recordábamos las Jornadas de Sidney y Colonia, las tres celebradas en este pontificado. De ellas, quedan en nuestras retinas escenas vibrantes, bellísimas, llenas de colorido: en la primera, convocada por el inolvidable Beato Juan Pablo II y presidida por Benedicto XVI, iniciada en el embarcadero del Poller Rheinwiesen de Colonia, su tierra natal, recorriendo el Rhin en barco, rodeado de jóvenes de los cinco continentes; tres años más tarde, recorriendo la hermosa bahía de Sidney, con los márgenes abarrotados de jóvenes, en su mayoría asiáticos, pero con representantes de todos los continentes; y en Madrid, atravesando la emblemática Puerta de Alcalá, esta vez cogido de la mano con jóvenes de toda raza y color y recibido con manifestaciones de nuestra patria.

Son imágenes imposibles de olvidar para los que hemos tenido la suerte de presenciarlas: el Papa, rodeado de jóvenes que muestran que «la Iglesia es joven y está viva». Una juventud nueva está surgiendo en la Iglesia y en el mundo.

Se le ha llamado el Papa de lo esencial. Yo también le definiría así. En su relación con los jóvenes, ha sido padre y maestro. Y los jóvenes le han seguido con el mismo entusiasmo que a Juan Pablo II, rendidos a su magisterio. Todos sabemos lo mucho que les cuesta a los jóvenes el silencio; qué dados son al ruido, a la música, a veces estridente. El Papa ha sabido introducirles en el silencio y en la adoración. En Colonia, Sidney y en Madrid, el silencio y adoración al Santísimo Sacramento en las Vigilias han sido impresionantes.

Ya en la Jornada de Colonia, empezó a saborearse un estilo de profunda veneración al Santísimo Sacramento, en clima de silencio, que el Santo Padre inició después de saludar a los jóvenes. Decía: «También yo me he puesto en camino para arrodillarme, con vosotros, ante la blanca Hostia consagrada, en la que los ojos de la fe reconocen la presencia real del Salvador del mundo. Todos juntos seguiremos meditando sobre el tema de esta Jornada Mundial de la Juventud: Hemos venido a adorarle».

En Sidney, en el Hipódromo de Randwick, después de un concierto de rock, aparece el Papa. Un silencio expectante, una hermosa catequesis sobre los dones del Espíritu Santo, que concluye así: «Mientras nos preparamos para adorar al Santísimo Sacramento, en el silencio y en la espera, os repito las palabras que pronunció la Beata Mary Mackillop, cuando tenía precisamente veintiséis años: Cree en todo lo que Dios te susurra en el corazón. ¡Creed en Él. Creed en la fuerza del Espíritu de amor!» Seguidamente, una Sagrada Forma de un tamaño tan espectacular que atrajo todas las miradas del casi medio millón de jóvenes allí reunidos, y los jóvenes gustando el silencio y la adoración.

El silencio en la tormenta

Y cómo no recordar la Vigilia en Cuatro Vientos, en la última Jornada Mundial en Madrid, con dos millones de jóvenes, y más pugnando por entrar al recinto. Un bellísimo escenario y una tormenta veraniega que descarga con fuerza. El solideo del Papa volando. Momentos de incertidumbre. El Papa se queda y los jóvenes no se mueven. Sobre el escenario aparece mágicamente la magnífica custodia de Arfe, joya de la orfebrería española, y siguen momentos de profunda adoración en un silencio total.

Otra vez el Papa introdujo a los jóvenes en el silencio y la adoración eucarística. Pero ya antes, en la Plaza de Cibeles, al iniciar el Via Crucis nos dijo: «En este rato de oración, acompañaremos a Cristo en los pasos que Él dio hasta llegar al Monte Calvario para ser crucificado. Avivaremos nuestro amor siguiéndole de cerca. Guardaremos profundo silencio en el ambiente exterior y dentro de nuestro corazón, no dando entrada a pensamientos ajenos a esta piadosa contemplación».

De esta enseñanza del Papa, secundada por obispos y sacerdotes, han surgido Vigilias de adoración en catedrales y muchas parroquias, donde se sigue este mismo estilo, y la participación de jóvenes es cada vez mayor.

Los frutos de las Jornadas Mundiales son incontables: conversiones, innumerables llamadas a la vida sacerdotal y consagrada, familias estables abiertas a la vida… Y una siembra gozosa de alegría desbordante, condición imprescindible para acometer la nueva evangelización.

Muchas otras enseñanzas podríamos reseñar de nuestro Santo Padre a los jóvenes. Su preocupación por su educación ha sido constante. A ella ha dedicado mensajes, como los dos últimos con motivo de al Jornada Mundial de la Paz. E incluso ha descendido a detalles, como la importancia de educar la voluntad. Así, en su discurso a la Universidad de América, afirmaba que, «mientras se presta atención a la educación del intelecto, se descuida la educación de la voluntad». Muchos jóvenes saben, quieren, pero no pueden. No tienen voluntad.

En nuestro corazón resuena con fuerza: Ésta es la juventud del Papa. ¡Gracias, Santo Padre! Su magisterio permanecerá vivo en nuestros corazones.

Lydia Jiménez