«Esperamos del Papa lo que un hijo de un padre: un abrazo y una palabra de verdad»
Francesco Perazzini, director del Meeting de Rímini, explica a Alfa y Omega cómo se prepara el encuentro para recibir a León XIV el 22 de agosto. Será la primera visita de un Papa al Meeting en 44 años
—¿Qué esperan de la visita del Papa al Meeting?
—Esperamos de su visita lo que un hijo espera de un padre: un abrazo y una palabra de verdad. Por nuestra parte, solo podemos intentar crear las mejores condiciones para acogerlo y ponernos a la escucha.
Estamos entusiasmados porque el Papa ha decidido participar en uno de los acontecimientos culturales y religiosos más importantes de Italia, que además está adquiriendo una dimensión internacional. No se trata de una visita pastoral ni de una visita de Estado. Ha decidido venir a visitar el Meeting de Rímini. Esto nos hace sentir muy humildes ante la responsabilidad que supone, pero también muy agradecidos.
El Meeting siempre ha querido ser un lugar de diálogo con todos, con personas de todas las religiones, y un espacio donde abordar diferentes cuestiones que nos preocupan. El título de este año, «El amor que mueve el sol y las demás estrellas», es muy significativo.
—Hace 44 años que un Papa no acudía al Meeting.
—Al comienzo de su pontificado, el Papa León dijo que quería desaparecer para que permaneciera Cristo. Nosotros, en nuestra pequeña medida, intentaremos desaparecer para que ese día permanezca el Papa.
Por eso, hemos decidido interrumpir la programación del Meeting durante la tarde del sábado 22 de agosto. No habrá ningún otro encuentro simultáneo ni se podrán visitar las exposiciones. Todo estará concentrado en ese abrazo que queremos darle.

—¿Qué hará el Papa cuando llegue al Meeting?
—Llegará después de comer, a primera hora de la tarde, y entrará por una de las dos entradas principales. Recorrerá los pabellones de la Feria de Rímini en un itinerario delimitado, durante el cual todos tendrán la posibilidad de verlo y saludarlo.
Se detendrá brevemente en dos exposiciones. Una está dedicada a san Agustín y ya estaba prevista en el programa de este año; ha sido una coincidencia que pueda visitarla el Papa.
La otra está dedicada a Léon Harmel, un empresario francés del siglo XIX que dirigió su empresa durante el periodo de máxima industrialización y que fue uno de los pioneros de lo que hoy conocemos como bienestar laboral.
Harmel aplicó muchos de los principios de la doctrina social de la Iglesia a su actividad empresarial. Por ejemplo, hacía partícipes a sus trabajadores de las decisiones de la empresa y se preocupaba por sus familias. Además, mantuvo correspondencia con el papa León XIII, en una época que desembocaría en la publicación de la encíclica Rerum novarum.
—Después de las exposiciones, ¿dónde tendrá lugar el encuentro principal?
—El Papa continuará su recorrido por la feria, que ocupa unos 140.000 metros cuadrados, hasta llegar a un gran auditorio con capacidad para 10.000 personas, donde pronunciará su discurso.
Quienes no puedan estar dentro del auditorio podrán seguirlo en las demás salas habilitadas por el Meeting. Queremos dar la posibilidad a todos de verlo y escucharlo.
—El programa de este año es muy amplio. Hay también mucho espacio para la ciencia, la astronomía y la física. ¿Qué desea transmitir el Meeting con esta variedad de propuestas?
—Queremos dar espacio y ofrecer testimonios sobre diferentes aspectos de la realidad. El Meeting tiene precisamente esa vocación de buscar también testimonios que no son conocidos y que quizá no reciben atención mediática.
—Uno de esos testimonios es especialmente fuerte: el de la hermana del sacerdote Jacques Hamel y la madre del terrorista que lo asesinó. ¿Qué historia van a contar?
—Son dos mujeres que han vivido dos dolores enormes. Una es la hermana del sacerdote asesinado en el altar en 2016 y la otra es la madre del hombre que mató a ese sacerdote.
Con el tiempo se unieron a través del dolor que cada una había experimentado y terminaron construyendo una amistad. Ahora cuentan juntas esa posibilidad de amistad, que es un ejemplo enorme de esperanza.
Con este encuentro inaugural queremos decir que existe un amor que mueve, que está antes que muchas decisiones que podamos tomar, que va más allá del odio y que es algo superior que nosotros solo podemos reconocer y acoger.
Porque nadie podría imaginar que la hermana de un asesinado pudiera llegar a una amistad con la madre del hombre que asesinó a su hijo.
Este tipo de testimonios quizá no reciben una gran atención mediática. El Meeting es grande precisamente por eso: porque busca también historias y testimonios que no son conocidos. Lo hacemos porque el ejemplo de este amor demuestra que algo así es posible.

—¿Y será posible que León XIV regrese al Meeting en los próximos años?
—Nosotros estaremos siempre encantados de recibirle. Durante todo su pontificado será bienvenido. Este año disfrutamos de su presencia y tenemos curiosidad por descubrir qué quiere decirnos.
Estamos convencidos de que la experiencia del Meeting, que nace de la experiencia cristiana, necesita seguir el testimonio de Pedro y de la Iglesia de hoy. Por eso estaremos siempre abiertos a su voluntad y a aquello que quiera indicarnos.
—Como director, ¿qué supone personalmente para usted esta visita?
—Repito siempre a nuestros colaboradores y es que no somos plenamente conscientes de la dimensión de lo que está sucediendo. Desde febrero estamos trabajando para organizar de la mejor manera posible la visita del Papa al Meeting.