Especular con el agua pone nuestra vida en riesgo - Alfa y Omega

Algunos defienden la inclusión del agua en el mercado de futuros argumentando que así se consigue mayor eficiencia en el uso del recurso. Esto es una gran falacia. Para el relator de la ONU sobre el Derecho al Agua, Pedro Arrojo, los mercados de futuro son «espacios propicios para promover estrategias especulativas sobre recursos vitales como el agua, la energía o la alimentación, generando oportunidades de negocio sobre la base de graves afecciones a los más vulnerables».

De hecho, la especulación con los alimentos en el mercado de Chicago fue la causa determinante de la crisis alimentaria del 2008, que incrementó en un 20 % el número de hambrientos en el mundo. En pocos meses el precio del trigo se quintuplicó, mientras el maíz y el arroz duplicaban su precio y en tres años los precios de los alimentos subieron de media el 80 %. Fue una clara ilustración de que la especulación bursátil con recursos vitales pone en peligro la seguridad mundial. Pero más importante que todo es que esta decisión no aguantaría jamás la mirada a los ojos de nuestros hermanos pobres.

Para los cristianos el agua y los demás recursos limitados del planeta son dones divinos que no pueden ser tratados como meras mercancías. Los mercaderes de la bolsa de futuro usarán muchas de las razonadas «sinrazones» que probablemente arguyeron los mercaderes del templo de Jerusalén para justificar haberlo transformado en un mercado. Hoy el templo del mundo está siendo profanado y transformado en un gran mercado de valores donde todo se mercantiliza: el alimento, el agua, el aire, los sentimientos, nuestros órganos, la vida misma. 

No se trata de mercancías, sino de bienes sagrados a los que no se les puede asignar precio porque su valor es incalculable. Se trata de regalos divinos para uso y disfrute de todas las generaciones y no pueden ser apropiados ni vendidos para satisfacer la avaricia de unos pocos.

Hoy es urgente denunciar estos hechos y decir «basta». Como Jesús en el templo de Jerusalén, tenemos que tener la valentía de cortar de raíz este dislate antes de que el mercantilismo bursátil termine destruyendo nuestra vida.