Es tiempo de curar heridas

La Iglesia se enfrenta «a problemas inéditos», pero también a «un renovado deseo de familia», que «hace entrever una nueva primavera para la familia». De esta premisa parte el Documento de trabajo…

Ricardo Benjumea
El Papa saluda a una familia, al tomar posesión como obispo de Roma, en San Juan de Letrán (7-IV-2013)

La Iglesia se enfrenta «a problemas inéditos», pero también a «un renovado deseo de familia», que «hace entrever una nueva primavera para la familia». De esta premisa parte el Documento de trabajo para el Sínodo sobre la familia, de 77 páginas

I Parte: Comunicar el Evangelio de la familia hoy

Formación y coherencia

Falta formación sobre la doctrina cristiana del matrimonio y la familia. No sólo entre los laicos. Muchos sacerdotes, «a veces, se sienten inadecuados y faltos de preparación para tratar problemáticas relativas a la sexualidad, la fecundidad y la procreación, de manera que, con frecuencia, se prefiere no afrontar estos temas», según muchas de las respuestas al cuestionario enviado por la Santa Sede. Algunos presbíteros «parece que sean indiferentes respecto a determinadas enseñanzas morales. Su desacuerdo con la doctrina de la Iglesia genera confusión en el pueblo de Dios. Por esto, se pide que los sacerdotes estén más preparados y sean más responsables».

Pero no basta con un conocimiento teórico de la doctrina. «Un buen número de Conferencias Episcopales observa que, si se transmite en profundidad la enseñanza de la Iglesia con su genuina belleza, humana y cristiana, ésta es aceptada con entusiasmo por gran parte de los fieles. Cuando se logra mostrar una visión global del matrimonio y la familia según la fe cristiana, se percibe su verdad, bondad y belleza. La enseñanza es mayormente aceptada donde los fieles hacen un auténtico camino de fe, y no sienten sólo una curiosidad improvisada sobre lo que piensa la Iglesia acerca de la moral sexual». Lo que a menudo falta es «una auténtica experiencia cristiana…, un encuentro personal y comunitario con Cristo, que ninguna presentación -aunque sea correcta- de una doctrina puede sustituir». Todo ello, sin menoscabo de problemas objetivos, como la influencia negativa de los medios de comunicación, la cultura hedonista, el relativismo, la secularización o el rechazo al compromiso, que requieren una reflexión a fondo. En otras latitudes, el problema son «las culturas tribales y las tradiciones ancestrales», con costumbres como la poligamia, en contraste con el matrimonio cristiano.

II Parte. La pastoral de la familia frente a los nuevos desafíos

Entre las propuestas sobre cómo afrontar los desafíos actuales, se insiste en la necesidad de una mejor preparación al matrimonio, si bien estos programas, «a menudo, son percibidos más bien como una propuesta obligada que como una posibilidad de crecimiento a la cual adherirse libremente». Se menciona también la utilidad de «salvaguardar las diversas formas de piedad popular» en la familia. La devoción a la Virgen o a los santos demuestra ser muy beneficiosa.

El Papa saluda a una familia, y al recibir las ofrendas en la Misa de Pentecostés (19-V-2013)
El Papa saluda a una familia, y al recibir las ofrendas en la Misa de Pentecostés (19-V-2013)

De cara a «la promoción de una pastoral familiar auténtica e incisiva», el punto clave «parece ser últimamente el testimonio de la pareja» cristiana, llamada especialmente hoy a mostrar «la belleza y la alegría que da acoger el anuncio evangélico en el matrimonio y la vida familiar». Por otra parte, se palpa cierta nostalgia. Incluso en áreas geográficas con alta incidencia de fracaso matrimonial, «los jóvenes nutren una alta estima por los cónyuges que, aun después de muchos años de matrimonio, siguen viviendo una opción de vida marcada por el amor y la fidelidad».

Crisis de familia, crisis de fe

Crisis familiar y crisis de fe suelen ir de la mano. Cuando, por alguna razón, «el ideal de la familia se ve como una meta inalcanzable y frustrante, en lugar de ser considerado como una indicación de un camino posible, a través del cual aprender a vivir la propia vocación y misión…, la crisis en la pareja, en el matrimonio o en la familia se transforma con frecuencia y gradualmente en una crisis de fe. Por tanto, se plantea la pregunta sobre cómo actuar pastoralmente en estos casos» y cómo «cuidar de las parejas en dificultad y de la familia». Al mismo tiempo, «muchas respuestas observan que una crisis de fe puede ser la ocasión para constatar el fracaso, o una oportunidad para renovarse, descubriendo razones más profundas para confirmar la unión conyugal». «Para superar la crisis puede ser una ayuda el sostén de otras familias dispuestas a acompañar el difícil camino de la pareja en crisis».

El Instrumentum laboris recoge un amplio catálogo de «situaciones críticas» que amenazan a la familia: incomunicación entre los cónyuges, ausencia de figura paterna, violencia y abusos en el seno de la familia, alcoholismo, modelos culturales antifamiliares, intromisión de la tecnología en la privacidad familiar, horarios laborales extenuantes, precariedad laboral, pobreza, falta de apoyo público a la familia…

Se alude también a los «contra-testimonios en la Iglesia», que originan una «pérdida de credibilidad moral», o al problema de
«la percepción del rechazo respecto a personas separadas, divorciadas o padres y madres solteros de parte de algunas comunidades parroquiales», así como el comportamiento intransigente y poco sensible de presbíteros».

La crisis del matrimonio y la familia que padece hoy el planeta ha generado numerosas «historias de gran sufrimiento», y «la verdadera urgencia pastoral es permitir a estas personas que curen sus heridas, vuelvan a ser personas sanas y retomen el camino junto a toda la comunidad eclesial. La misericordia de Dios -se matiza- no provee una cobertura temporal de nuestro mal, al contrario, abre radicalmente la vida a la reconciliación, dándole nueva confianza y serenidad, mediante una auténtica renovación». Ahora bien, «la pastoral familiar, lejos de cerrarse en una mirada legalista, tiene la misión de recordar la gran vocación al amor a la que la persona está llamada, y de ayudarla a vivir a la altura de su dignidad».

Las uniones homosexuales

«Los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta», afirma el Instrumentum laboris, citando un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los episcopados rechazan la represión contra los homosexuales, pero son igualmente claros en lo que respecta a la redefinición del matrimonio en algunos países para equipararlo a las uniones homosexuales.

Presentación del Instrumentum laboris del Sínodo, en el Vaticano, el pasado 26 de junio, ante los medios de comunicación
Presentación del Instrumentum laboris del Sínodo, en el Vaticano, el pasado 26 de junio, ante los medios de comunicación

Cuando personas en uniones homosexuales piden el Bautismo para un niño, «las respuestas, casi por unanimidad, subrayan que el pequeño debe ser acogido con la misma atención, ternura y solicitud que reciben los otros niños». Para la educación cristiana de estos niños, se sugiere recurrir a otros familiares y personas de su entorno, y se pide una especial atención a los párrocos en la elección de los padrinos de bautizo.

III Parte. La apertura a la vida y la responsabilidad educativa

La educación sexual

«Se han planteado objeciones radicales» en las últimas décadas a la doctrina acerca de la apertura a la vida, desarrollada en la encíclica Humanae vitae, de Pablo VI, que «tuvo un significado claramente profético al subrayar la unión inquebrantable entre el amor conyugal y la transmisión de la vida». Muchos fieles no conocen o no comprenden esta doctrina ni valoran «su dimensión positiva». No hay dudas sobre el aborto, pero aspectos como «la distinción entre métodos naturales de regulación y la contracepción» no se entienden con la misma claridad. En todo caso, existe la conciencia de que la Iglesia debe afrontar un reto cultural más amplio -la propagación de la ideología de género- que está provocando «una mutación antropológica» y requiere un análisis más profundo. «Se recomienda -dice el Documento- que el Sínodo ayude a redescubrir el sentido antropológico profundo de la vida conyugal, que, más allá de todo moralismo, implica un impulso sincero a vivir la belleza exigente del amor cristiano entre el hombre y la mujer, valorizado con vistas al amor más grande, que llega hasta dar la vida por los amigos».

La transmisión de la fe

Muchos padres no se sienten hoy preparados para transmitir la fe a sus hijos, y la Iglesia debe ayudarlos. Se subraya, además, la importancia decisiva del testimonio. Donde se vive un estilo de vida cristiana, «la transmisión de la fe está asegurada», por muy desfavorable que sea el entorno cultural. ¿Pero qué hacer cuando el estilo de vida de los padres está en contradicción con las enseñanzas de la Iglesia? «Es necesaria una mayor atención pastoral» en estos casos, con una acción pastoral que «necesitaría renovación, creatividad y alegría para ser más incisiva e innovadora».

En general, se comprueba que muchas personas viven indiferentes a su situación canónica irregular. Los problemas se plantean cuando solicitan algún sacramento para sus hijos. El documento abre una reflexión sobre cómo afrontar estas situaciones, de modo que sirvan incluso para una reconciliación con la Iglesia.

Ricardo Benjumea