Empeñados en despellejar - Alfa y Omega

Cualquier disculpa es buena para despellejar a los otros. Un empeño que se acrecienta entre quienes tienen fijaciones compulsivas. Es una actitud propia de aquellos que más que seguir, persiguen. Están siempre atentos, pero no para escuchar, sino para hacer un uso interesado y maléfico de lo que el otro dice o hace.

Insensibles a las señales

A Jesús le seguía mucha gente, pero quienes necesitaban más conversión no eran las prostitutas y publicanos, sino los escribas y fariseos. Eran ellos los que pedían signos, que nunca les convencían, a pesar de que las señales de quien era y lo que hacía eran evidentes. Lo único que buscaban era motivos para crucificarle. No solo matarle, sino hacerlo poco a poco, con sufrimiento.

La historia pasa, pero la humanidad continua erre que erre. La crucifixión ha dejado de ser un método para infringir la muerte, pero se van buscando otros. Una muerte que no es solo física, sino moral, y que se lleva a cabo con saña y sin el mínimo escrúpulo. Una muerte que ha tomado tintes virtuales, lo que hace que a velocidad de vértigo sea conocida en todos los rincones.

Los escribas y fariseos cada día buscaban o inventaban un motivo para crucificar a Jesús. Hoy se sigue buscando o inventando un motivo para despellejar, para acabar con las personas. Las cruces han sido sustituidas por teclados o podcasts que generan bulos que circulan por el mundo virtual con extrema rapidez. No olvidemos que por todo se paga, también por esparcir mentiras y difamaciones.

Facilidad para propagar el mal

Lo peor de todo es la facilidad con la que damos continuidad a esas corrientes del mal. Somos mucho más propicios a pasar para los otros los bulos, las noticias falsas, que reflexiones serias. Es más, y eso es peor, muchos que nos decimos cristianos propagamos con mayor facilidad todo ese tipo de cosas que aquello que nos remite al Evangelio y nos puede ayudar a concretarlo hoy en nuestra vida, en nuestra Iglesia y en la sociedad del siglo XXI.

La conversión, una necesidad en la vida del cristiano, se convierte en algo perentorio en este tiempo de Cuaresma. Cuánto más elevados nos creemos, más nos cuesta convertirnos. Cuánto más nos fijamos en lo que consideramos pecados ajenos, menos tiempo tenemos para reparar en los nuestros, que muchas veces son mayores.

Es admirable la capacidad de superación de quienes tienen que sortear constantemente zancadillas, también de quienes están a su lado. Hay quien lo llama resiliencia, otros lo pueden ver como ejercicio de fe, de confianza en Dios, que tiene su tiempo y sus modos. Sea lo que fuere, vemos que la historia se repite y que nos encontramos con los mismos perros con distintos collares. A veces es mejor hacer como Jonás, y aunque nos cueste o pensemos que es tiempo perdido, irse a Nínive. Sus habitantes, gente perdida en la mente de muchos que se decían de Dios, se convirtieron. Los otros continuaron crucificando, despellejando.