La Amazonia ha recorrido de nuevo muchos hogares por las noticias sobre la incidencia de la pandemia en la región. El virus provocó situaciones dramáticas en ciudades como Manaus, con el sistema de salud totalmente desbordado ya en los primeros días. Después viajó infelizmente siguiendo el curso de los ríos, a bordo de los barcos de pasajeros, y llegó hasta municipios y comunidades indígenas del interior. La precariedad de los servicios sanitarios hizo que regiones como Alto Solimões, en la frontera con Perú y Colombia, acumulasen los números más trágicos del coronavirus en todo el país. Particularmente peligrosa es su expansión entre los pueblos indígenas.

Esta situación de emergencia ha despertado solidaridad en muchas personas, grupos y entidades que se han volcado enseguida para disponer ayudas que lleguen a las comunidades: alimentos, productos de higiene o equipamientos de protección, imprescindibles en este momento. Al mismo tiempo, no podemos olvidar que cada situación de emergencia debe ser mirada como una situación de vulneración de derechos. Y los derechos se garantizan con políticas públicas de calidad, con atención sanitaria, con defensa de la tierra, con estados responsables que deben ser cuestionados cuando escogen el camino de la omisión.

Los pueblos de la Amazonia son doblemente golpeados en tiempos de pandemia. Por un lado, son diezmados por la enfermedad. Pero por otro lado, la enfermedad llega a ellos con mayor violencia, porque aumenta la invasión de sus territorios, principal fuente de contagio. En estos dos últimos meses, la invasión de tierras indígenas por buscadores de oro o madereros, por terratenientes o pescadores ilegales, ha aumentado al calor del apoyo cómplice del Gobierno del país y de la falta de protección. En abril, los índices de deforestación en la Amazonia han sido los mayores de los últimos diez años; junto al virus, avanza aún con más fuerza esa «economía que mata», como denuncia el Papa Francisco.

Por tanto hoy, más que nunca, más que ayer, es urgente que nos unamos todos, solidariamente, para exigir que los derechos de los pueblos de la Amazonia sean respetados y garantizados. También en tiempos de emergencia. Sobre todo, en tiempos de emergencia.

Luis Ventura y Esther Tello
Matrimonio laico, misioneros de la Consolata.
Roraima (Brasil)