El santuario de la Mare de Déu del Miracle es un oasis escondido del mundanal ruido
Este templo, en la diócesis de Solsona, conserva dos retablos que evidencian las diferencias entre el Barroco y el Renacimiento. Peregrinos en busca de paz se refugian aquí
El santuario de la Mare de Déu del Miracle, en la provincia de Lérida y la diócesis de Solsona, se erige sobre el lugar en el que «la Virgen se apareció a dos niños vecinos del lugar el 3 de agosto de 1458». Nos lo cuenta Xavier Poch, uno de los cuatro monjes benedictinos de Montserrat que viven y oran allí y atienden a las 30.000 personas que lo visitan al año. Según nos cuenta, el mensaje que María dejó a los niños fue «invitad al pueblo a que vuelva hacia Dios», lo que se convirtió en «el lema que siempre ha distinguido el santuario del Miracle».

A renglón seguido de aquella aparición, en el siglo XV comenzaron a organizarse peregrinaciones hacia el lugar y los locales construyeron «una primera capilla para poner una imagen de la Virgen». Nada queda de la primera, pues fue derribada en el siglo XVI para levantar un templo renacentista; pero sí que se conserva el icono gótico. No obstante, aquella segunda construcción tampoco duraría mucho más de 200 años porque, a medida que el santuario del Miracle «tomó mayor envergadura, ya en el siglo XVIII se hizo una nueva iglesia más grande». De estilo barroco, la nueva construcción absorbió la mayor parte del templo renacentista, aunque sí dejó anexo a su exterior un muro colapsado sobre el que no hay ningún plan de obra y que sirve como testimonio de lo que hubo.
Eso sí, el retablo de la iglesia del siglo XVI se conservó y hoy decora la capilla del Santísimo del edificio barroco. «Muestra los principales momentos de la vida de la Virgen y de Jesús y las festividades del año litúrgico: Navidad, Epifanía, varias escenas de la Pasión, Pascua, la Ascensión, Pentecostés y la Asunción», detalla Poch. Su autor es el portugués Pedro Nuñes, aunque fue «pintado en Cataluña». El benedictino de Montserrat señala además que «este es un retablo muy visual y pedagógico porque las pinturas son muy fáciles de reconocer».

Según apunta el religioso, aquel retablo convive con otro elaborado para la ampliación barroca del templo y que es obra de Carles Morató, «un exponente magnífico del arte tardobarroco». El conjunto muestra «seis grandes imágenes». «Al lado de la Virgen están san José y san Juan Bautista porque están vinculados a María», señala. «En otro lado hay dos apóstoles, san Pedro y santo Tomás». «Y en el otro dos grandes imágenes de san Ramón Nonato y san Esteban». Corona el conjunto una escultura de san Martín de Tours, «porque era patrón de la parroquia a la que pertenecía este santuario».
Casa de espiritualidad y hotel
Con la desamortización del siglo XIX, el santuario fue confiscado por el Estado, pero a finales del mismo siglo todo el conjunto «fue subastado y fue a parar a la diócesis de Solsona» salvo un pequeño hostal que pertenece a la diputación de Lérida y actualmente desempeña un «uso cultural». Después, en 1901, el entonces obispo de Solsona, Ramon Riu, decidió que se establecieran aquí los benedictinos de Montserrat.

Ellos gestionaron otro pequeño hostal dentro del recinto hasta 1980, cuando «aquel modelo quedó obsoleto y lo reconvertimos en una casa de espiritualidad» donde celebrar retiros y ejercicios espirituales. Y adicionalmente levantaron otros dos edificios de piedra, pero del siglo XX, para quienes quieran descansar en este entorno rodeado por 150 hectáreas de cereales, viñas y queserías que los monjes explotaron hasta que la falta de mano de obra los llevó a externalizar.