«El robo de documentos no frenará las reformas»

Durante unos días se le vio apesadumbrado, retraído, sin ganas de hablar. Por fin, el domingo, el Papa se refirió públicamente al escándalo del Vatileaks II. «Sé que muchos de ustedes están turbados por las noticias», dijo

Andrés Beltramo Álvarez
Foto: EFE/EPA/Giorgio Onorati

Durante unos días se le vio apesadumbrado, retraído, sin ganas de hablar. Por fin, el domingo, el Papa se refirió públicamente al escándalo del Vatileaks II. «Sé que muchos de ustedes están turbados por las noticias», dijo

«Robar documentos es un delito». Las palabras del Papa resonaron en la plaza de San Pedro. Breve y directo, dejó claro que la filtración de papeles secretos sobre malos manejos en las finanzas de la Santa Sede fue «un acto deplorable que no ayuda». Francisco despachó así a quienes justifican haber hurtado y publicado los informes confidenciales porque están de su parte. Y advirtió de que ningún escándalo lo distraerá de las reformas emprendidas a la curia romana.

Asomado a la ventana de su estudio personal, en el Palacio Apostólico, Jorge Mario Bergoglio se refirió por primera vez públicamente al Vatileaks II, la crisis que sacudió su papado en los últimos días. Lo hizo este domingo 8 de noviembre, durante el rezo del Angelus y ante miles de personas. Una corta pero incisiva intervención, que llegó después de una semana de titulares altisonantes, discusiones televisivas y especulaciones mediáticas.

«Sé que muchos de ustedes están turbados por las noticias que han circulado en los días pasados a propósito de documentos reservados de la Santa Sede que han sido sustraídos y publicados. Por esto quiero decirles, ante todo, que robar esos documentos es un delito. Es un acto deplorable que no ayuda», señaló.

Francisco aseguró que todo lo publicado ya lo conocía bien. Es más, precisó que esos informes le permitieron a él mismo y a sus colaboradores tomar medidas concretas que ya están dando sus frutos. Por eso garantizó que ese «triste hecho» no lo distraerá en el trabajo de reforma de la administración del Vaticano.

Una labor de renovación que –dijo– se está llevando adelante «con el apoyo de todos ustedes». E insistió: «Sí, con el sostenimiento de toda la Iglesia, porque la Iglesia se renueva con la oración y con la santidad cotidiana de cada bautizado. Por eso les agradezco y les pido que sigan rezando por el Papa y por la Iglesia, sin dejarse turbar sino siguiendo adelante con confianza y esperanza».

El mapa de los malos hábitos

Francisco no solo llamó a cerrar filas, también marcó una distancia entre quienes desean la reforma y quienes no. Esto, después de una semana en la cual se le vio apesadumbrado, retraído, sin ganas de hablar. En su entorno utilizaron la palabra «amargado».

No estaba molesto por el contenido de las filtraciones, que ya conocía. Le afectó la traición sufrida por parte de aquellos a quienes otorgó toda su confianza. Sobre todo de Lucio Ángel Vallejo Balda, el clérigo español a quien eligió como secretario de una comisión especial para asesorarle en el proceso de reforma y que, desde el 31 de octubre, se encuentra detenido dentro del territorio pontificio.

Vinculado al Opus Dei, el sacerdote de 54 años es investigado por «sustracción y difusión» de documentos. Mientras los jueces civiles de la Ciudad del Vaticano definen su futuro, lo mantienen en arresto domiciliario. La otra indagada por este caso, Francesca Immacolata Chaouqui, pasó una noche detenida pero fue puesta en libertad. No solo por haber colaborado en las investigaciones, sino también porque está embarazada.

Vallejo y Chaouqui son los únicos investigados por el Vatileaks II. Al menos uno de ellos, o los dos, serían los cuervos responsables de haber entregado la documentación que dio origen a los libros Via Crucis, de Gianluigi Nuzzi y Avaricia, de Emiliano Fittipaldi. Ambos textos salieron a la venta en Italia el 5 de noviembre, ambos manejan información sensible.

Sus relatos demuestran que en el pasado reciente del Vaticano ha existido falta de control administrativo y financiero. Situaciones discutidas por los cardenales ya antes del Cónclave de 2013 del cual salió elegido Francisco. Entonces los purpurados habían solicitado que, fuese quien fuese el nuevo Papa, emprendiese un profundo cambio en la curia.

Por eso Bergoglio creó, en julio de 2013, la famosa COSEA. Un grupo de trabajo cuyo objetivo era ayudar a «una simplificación y racionalización de los organismos existentes». Nombró secretario a Vallejo Balda y entre sus miembros integró a Chaouqui, con la categoría de especialista en comunicación y relaciones públicas.

Foto: AFP Photo/Andreas Solaro

La comisión tuvo carta blanca para operar y llevó a cabo la más vasta recopilación de informes sobre las prácticas administrativas en la curia romana. Un mapa de malos hábitos que sirvió a Francisco para identificar dónde era necesario meter mano. Expedientes bomba que, se esperaba, quedasen confinados al ámbito del secreto pontificio.

Pero ese mapa salió a la luz. Así, por ejemplo, se conoció la carta de un auditor de las finanzas vaticanas según el cual «hay una absoluta falta de transparencia en los balances de la Santa Sede». Otro texto muestra cómo buena parte del dinero recibido por el Vaticano con motivo del Óbolo de San Pedro (la colecta para la caridad del Papa) no termina en labores solidarias sino en «tapar los números rojos de la curia».

Los libros enumeraron además los «apartamentos de lujo» donde viven cardenales que prestan o prestaron servicio en la curia romana. Revelaron cómo la fundación Niño Jesús, creada para ayudar al hospital pediátrico que gestiona el Vaticano en Roma, pagó la reforma a la residencia del ex secretario de Estado Tarcisio Bertone tras su jubilación. Se centraron en supuestos gastos excesivos de la apenas creada Secretaría de Economía de la Santa Sede, en el «ingente» patrimonio inmobiliario de la Santa Sede o en los «exorbitantes pagos» requeridos por los procesos de reconocimiento de beatos y santos.

Las filtraciones «no hacen justicia» a las reformas

La reacción de la sala de prensa vaticana fue inmediata. Mientras Nuzzi y Fittipaldi presentaban sus escritos en Roma ante decenas de periodistas, el portavoz papal Federico Lombardi salió al cruce. En una larga nota advirtió de que la publicación de tantos datos todos distintos y «sin la necesaria valoración objetiva» lleva a transmitir una idea del Vaticano como «el reino permanente de la confusión, de la no transparencia sino del seguimiento de intereses particulares o no correctos».

Lombardi aclaró que los bienes de la Santa Sede, «presentados como ingentes», sirven para sostener en el tiempo actividades de servicio y caridad «vastísimas». Sobre el Óbolo de San Pedro explicó que el empleo de los recursos es «amplio», según cada situación y «a juicio del Santo Padre».

Además sostuvo que las filtraciones «no hacen justicia» a «la valentía y empeño» con el cual el Papa y sus colaboradores han afrontado el desafío de una mejora en el uso de los bienes temporales al servicio de los espirituales. «El camino de la buena administración, de la rectitud y de la transparencia continúa y procede sin incertidumbre. Es esta evidentemente la voluntad del Papa Francisco y no falta en el Vaticano quien colabora con plena lealtad y con todas las fuerzas», añadió.

Pero no todo lo publicado en los libros parece ser una exageración. Porque los excesos han existido y se han perpetuado. De ahí que, prácticamente desde el inicio de su pontificado, Bergoglio haya acompañado sus acciones de reforma con una incisiva predicación sobre el peligro de la mundanidad y del apego a los bienes materiales, sobre todo entre los eclesiásticos.

No resultó extraño, entonces, que retomara el tema durante su Misa matutina en la residencia vaticana de Santa Marta, el viernes 6 de noviembre. En su sermón advirtió a los clérigos, obispos y sacerdotes que deben representar una «Iglesia de servicio a los demás», sin tener «dobles vidas» o tomar actitudes «negociantes». «En la Iglesia están estos, que en vez de servir, de pensar en los demás, de poner las bases, se sirven de la Iglesia: los trepadores, que están apegados al dinero. Y cuántos sacerdotes y obispos hemos visto que son así. Es triste decirlo ¿no?», dijo.

Y sentenció: «El Señor nos dé ese punto de honor de ir siempre adelante, renunciando a la propia comodidad, y que nos salve de estas tentaciones que en el fondo son tentaciones de una doble vida: me hago ver como ministro, es decir como el que sirve, pero en el fondo me sirvo de los demás».

Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano