El Paular

Joaquín Martín Abad
Foto: Maya Balanya

El real monasterio de Santa María de El Paular, en Rascafría, fue cedido en usufructo a la Orden Benedictina el 31 de diciembre de 1948, poblándose en 1954 con monjes de la abadía de Valvanera (La Rioja). Es un priorato dependiente de la abadía de Montserrat, de la congregación subiacense. Al mismo tiempo, parte del recinto se destinó al Parador de Santa María del que, después de su cierre, se anuncia otra apertura.

Juan I de Castilla, en 1390, había donado terrenos y edificios de el Poblar a la Orden de los Cartujos, a la vez que el arzobispo de Toledo cedía también para cartuja la ermita de Santa María allí situada. Los primeros siete cartujos llegaron desde la cartuja Scala Dei de Tarragona en 1392. Las obras se habían iniciado el 29 de agosto de 1390 pero no concluyeron, después de Enrique III, hasta 1442 bajo Juan II; luego fue remodelado por los Reyes Católicos y, después, se le hicieron distintas reformas.

Permaneció como bien eclesiástico con los cartujos hasta 1835, año en que fue desamortizado y vendido por el Estado en 1844 a un particular por 40.000 duros, a quien se lo recompró más tarde por 60.000 duros; desde entonces, pertenece al Patrimonio del Estado. Cabe preguntarse que, si lo que se da no se quita, ¿lo que se ha quitado habría que restituirlo?

Al monasterio, en el valle del Lozoya y rodeado de la sierra de Guadarrama, se entra bajo una bóveda de artesa. Preside el templo un retablo gótico del siglo XV, de alabastro policromado, con 17 escenas bíblicas que circundan a la Virgen de El Paular; delante la seria verja y detrás el magnífico transparente como capilla del Sagrario; en el 2003 han sido devueltas sillerías del coro, asiladas en San Francisco el Grande 120 años antes.

El claustro (1484) es de Juan Guas, por fuera con gárgolas y pináculos; por dentro con admirables tímpanos en las puertas y, a las galerías, bajo los arcos de las crucerías, han vuelto recientemente 52 lienzos que pintó Carducho (1626) sobre la historia de san Bruno y la vida cartujana. Añadan: archivo y biblioteca, sala capitular y refectorio, patios y fuentes; el jardín-cementerio y la cruz del humilladero, la huerta y el estanque desde donde se refleja la torre de la iglesia de Ventura Rodríguez.

Merece la pena que continúe la vida monástica en El Paular.

Joaquín Martín Abad