El Papa y el socorrista Òscar Camps, «aliados y cómplices»

Cristina Sánchez Aguilar
Foto: CNS

«Queríamos informar al Papa de todo lo que estaba ocurriendo en el mar». Después del viaje a Lampedusa de Francisco y de decenas de cartas a jefes de Estado  y organizaciones que nunca fueron contestadas, el socorrista Òscar Camps supo que su hombre era el Pontífice. «No había nadie, excepto él, que levantase la voz ante el drama que viven las miles de personas que pierden su vida intentando cruzar el Mediterráneo».  Ni siquiera «el Gobierno y los políticos españoles nos quisieron escuchar».

Gracias a la complicidad de personas como Eva Fernández, corresponsal de COPE en Italia y Vaticano y a la que el director de la ONG de salvamento Proactiva Open Arms acompañó la tarde del martes en Madrid para dar fe de la «ternura del Papa», Camps logró llamar la atención de Francisco en una audiencia, en 2016. Con un chaleco en alto. De una niña cristiana. «Llevaba la cruz al cuello. Me acuerdo de su cara». A partir de entonces comenzó una estrecha relación entre ambos, «me ha acogido como un padre que vela por sus hijos», asegura el socorrista en el colofón del libro que firma Fernández con la editorial Planeta. «Quiero destacar el humanismo de este hombre, que me atendió a mí, que no soy nadie», añade. Y que no se quedó en palabras, sino que «creó el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con una sección específica dedicada a migrantes y refugiados». Somos «aliados y cómplices en esto, y les informamos de todas nuestras acciones».

Cuando Camps habla desborda gratitud hacia Francisco. Ha tenido que «salvar familias o dejar a niños huérfanos porque no dio tiempo a llegar hasta sus padres». O ver «a mujeres que venían de Libia sin pezones y con mordiscos en el cuerpo», pero «a los gobiernos les da igual. Solo quieren que no vengan». Por eso agarró la mano del Papa con firmeza. Y viceversa.

C. S. A.