El Papa pone al Estadio de Gran Canaria a rezar «por los hermanos que han perdido la vida en el mar» - Alfa y Omega

El Papa pone al Estadio de Gran Canaria a rezar «por los hermanos que han perdido la vida en el mar»

«Nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad», ha subrayado León XIV en su último acto en Gran Canaria

José Calderero de Aldecoa
El Estadio de Gran Canaria durante la Misa. Foto: José Calderero de Aldecoa.

Nada más comenzar su homilía en el Estadio de Gran Canaria, el Papa León XIV ha dejado claro el mensaje que ha venido a dejar en esta tierra, «testigo del sufrimiento» de tantas personas. En 2025 llegaron a las islas 17.788 personas, un cifra muy por debajo de las 86.000 personas que lo hicieron en 2023 y 2024 conjuntamente. «Les invito a rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar», ha pedido el Pontífice, que esta mañana tuvo un encuentro con el fenómeno migratorio en el puerto de Arguineguín.

La oración es un gesto más de la caridad de Dios, «que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser». En este punto, ha recordado al Papa Francisco -verdadero impulsor de este viaje-, quien «hablando de la caridad de Cristo, decía que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos». Especialmente, y esto ya es cosecha de León XIV, a «aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio»

De igual modo, «nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad». Solo así «nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se

convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor, ha aseverado ante las 50.000 personas que se han dado cita en el estadio.

La humildad y la alegría de la vida

Aludiendo a la segunda lectura, el Pontífice ha puesto de ejemplo a Cristo en el Evangelio, que pasó haciendo el bien y curando a los enfermos. A la luz de esta experiencia, «reconocemos la invitación a abrazar maternalmente al que sufre, pero al mismo tiempo a preparar y alentar al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha, para una vida libre y digna».

Por último, el Santo Padre ha reflexionado sobre la humildad, primero a partir de su antónimo. «Aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás». A estos, en efecto, «aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor».

Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: «para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana». Y ha concluido: «Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor».