El Papa encarga a los enfermos que visitan Lourdes volver a casa como «misioneros de la esperanza»
Quienes sufren tienne la misión «insustituible» de ofrecer «ese proceso redentor que tanto necesita el mundo»
Ante los enfermos y peregrinos reunidos en la pradera de Lourdes, León XIV ha reivindicado este domingo la dignidad de toda vida, también cuando está marcada por el sufrimiento o la vejez. «Aquí no se rechaza ninguna fragilidad», ha afirmado el Papa, que ha llamado a los peregrinos a convertir sus propias dificultades en una fuente de esperanza para un mundo herido.
«Peregrinos, hermanos y hermanas, no os iréis de Lourdes tal y como llegasteis: os marcharéis como misioneros de la esperanza». Con estas palabras, León XIV ha concluido este domingo su homilía ante los miles de peregrinos congregados en la pradera del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, durante el tercer día de su viaje apostólico a Francia. El Papa ha centrado su predicación en la conversión, la vida eterna y la necesidad de responder al sufrimiento del mundo mediante la oración y la penitencia.
Convertirse hoy
León XIV ha recordado que la llamada de la Virgen a santa Bernardita estuvo marcada por una invitación insistente: «¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!». Para el Pontífice, la conversión no puede aplazarse: «Es hoy —no mañana— cuando hay que convertirse; ahora es el tiempo favorable, el día de la salvación».
El Papa ha explicado que convertirse significa «abandonar los senderos del extravío para seguir el Camino de la Vida» y abrir el corazón a una felicidad que no se limita a la existencia terrena. En Lourdes, ha señalado, María recuerda al hombre «la grandeza y la trascendencia de nuestra vocación a la vida, a la vida eterna».

En este contexto, León XIV ha presentado la Gruta de Massabielle como «un santuario de la esperanza cristiana». «Vuestras muletas, vuestras sillas de ruedas, vuestras lágrimas ocultas no son obstáculos: son el lugar, por excelencia, donde sois respetados plenamente, acogidos y transformados por el amor infinito de Dios».
Esa llamada implica también a la Iglesia. «Debe, ante todo, tener el valor de vivir esa conversión», ha señalado, reclamando reconocer «las profundas heridas, las infidelidades y los dolorosos extravíos cometidos en su seno». Para ello, ha citado a san Agustín: «Que te desagrade siempre lo que eres si quieres llegar a lo que aún no eres».
El papel «insustituible» de los enfermos
El Papa ha vinculado además la penitencia con los conflictos y sufrimientos del mundo. «La Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también “por los pecadores”, por un mundo que va mal», ha afirmado. El mal, ha añadido, «proviene del corazón del hombre» y por eso «son los corazones de los hombres los que hay que cambiar, empezando por el nuestro».

A los enfermos de Lourdes les ha reconocido un papel «insustituible» en esta misión, al poder ofrecer sus sufrimientos «en ese proceso redentor que tanto necesita el mundo».
Finalmente, León XIV ha enviado a los peregrinos de regreso a sus países, diócesis y familias como «testigos activos» de la esperanza. «Ese es el milagro de este lugar: suscitar la alegría de la esperanza en medio de la prueba y el dolor», ha concluido.
Antes de la Misa en Lourdes, el Papa ha tenido un encuentro privado con los obispos franceses. Les ha pedido afrontar el futuro con esperanza, sin ocultar los errores del pasado. Ante los abusos a menores, ha reclamado «máxima vigilancia» y continuar el camino de escucha, verdad, justicia, perdón y reparación. De hecho, este domingo tendrá también a las 18:00 horas un encuentro con víctimas.
Además, el Papa ha defendido la presencia pública de la Iglesia y su libertad para evangelizar, educar y practicar el culto, en una sociedad marcada por «una inquietante polarización» y el «declive de la fraternidad». También ha llamado a reforzar la vida de fe en las familias, acompañar a los jóvenes y mantener un proyecto educativo católico centrado en Cristo y en el desarrollo integral de la persona.