El Papa en Paraguay: entre el sufrimiento de los niños y la devoción popular

El segundo día del Papa Francisco en Paraguay, última etapa de su viaje a América Latina, estuvo marcado por el acercamiento al sufrimiento de los niños enfermos del hospital pediátrico de Acosta Ñu y la visita al santuario de la Virgen de Caacupé

Alfa y Omega

El segundo día del Papa Francisco en Paraguay, última etapa de su viaje a América Latina, estuvo marcado por el acercamiento al sufrimiento de los niños enfermos del hospital pediátrico de Acosta Ñu y la visita al santuario de la Virgen de Caacupé

Este sábado el Papa Francisco vivió momentos emocionantes y tiernos en el hospital pediátrico Niños de Acosta Ñú, de Asunción, la capital paraguaya. Durante su visita, el Santo Padre Francisco saludó a los pequeños que viven allí, a sus familiares y a los miembros de personal. En un breve discurso improvisado, el Santo Padre explicó a los niños que Jesús cuando más se enojó con sus apóstoles cuando no dejaban que los niños se acercaran a él.

Con sus palabras –explicó Francisco–, Jesús quiere «hacernos humildes como los chicos, espontáneos como los chicos, [como éste que se acercó] que no tuvo vergüenza de traerme acá esta tarta, ¡con toda espontaneidad!, sin doblez. Los chicos son simples, son alegres».

Refiriéndose al dolor que se vive en el hospital infantil, el Santo Padre añadió: «Quiero decirle a ustedes, mamás y papás, que rezo por ustedes, y rezo por sus hijos, para que la Virgen esté muy cerca de ustedes, para que Jesús les de la salud a sus hijos y para que ustedes tengan esa fuerza y esa constancia que solamente tienen las madres y los padres».

También agradeció el trabajo de todo el personal: «¡Trabajo tan sacrificado! Médicos, enfermeros, enfermeras, empleados, todos, ¿para qué?: para que un chico se cure. ¡Es tan importante un niño en la vida! Muchas gracias a todo el personal de este hospital. Y también al capellán le agradezco lo que hace para acompañar a cada familia, a cada chico».

Cuando estaba a punto de terminar el acto, otro niño se acercó al Papa, y le dijo: «Te regalo mi credencial para que me recuerdes». Y el Santo Padre exclamó: «¡Eso es lo que quiere Jesús de nosotros! ¡Seamos sencillos como este niño!»

«Contemplando a la Virgen nos sentimos comprendidos»

El Papa en Caacupé

Después de visitar el hospital, el Santo Padre se dirigió hacia la explanada del santuario mariano de Caacupé, donde miles de fieles esperaban deseosos y alegres la llegada del Padre y Pastor de la Iglesia universal. Allí, el intendente de Caacupé entregó al Pontífice las llaves de la ciudad. Posteriormente el Papa se dirigió al interior de la Basílica donde presidió la Santa Misa votiva de la Inmaculada Concepción de los Milagros.

«Estar aquí con ustedes es sentirme en casa, a los pies de nuestra Madre la Virgen de los Milagros de Caacupé» fueron las primeras palabras que el Sucesor de Pedro dirigió al pueblo paraguayo en su homilía; «en un santuario los hijos nos encontramos con nuestra Madre y entre nosotros recordamos que somos hermanos».

La reflexión del Obispo de Roma, que partió del episodio de la Anunciación, se centró en el de María. Aquel al sueño, al proyecto y a la voluntad de Dios. Un que «no fue fácil», señaló el Pontífice, con la memoria presente en el nacimiento de Jesús, cuando «no había lugar para ellos», en la huida a Egipto, en la muerte en la cruz. El Vicario de Cristo explicó que «contemplando la vida de la Virgen nos sentimos comprendidos» y «podemos identificarnos en muchas situaciones de su vida», porque María, la primera discípula de Jesucristo, «ha estado y está» en nuestros hospitales, en nuestras escuelas, en nuestras casas, trabajos y caminos, «en la formación de la Patria». «Sabemos que no vamos solos», remarcó el Papa.

«La mujer paraguaya, la más gloriosa de América»

Dirigiéndose a las madres paraguayas el Santo Padre reconoció que también ellas, como María, «han vivido situaciones muy difíciles», y que con su ejemplo supieron «levantar un país derrotado, hundido, sumergido por la guerra». «Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América», reiteró el Pontífice.

Aquel anuncio del Ángel, «Alégrate, el Señor está contigo» es «una llamada», explicó el Papa, «a no perder la memoria, las raíces y los muchos testimonios que han recibido de pueblo creyente y jugado por sus luchas». Exhortó al pueblo paraguayo a «primerear en el amor” tal como lo hacía Jesús, a ser «portadores de esta fe» y «forjadores de este hoy y mañana paraguayo». Y, por último, el Pontífice invitó a los fieles a repetir todos juntos ante la imagen de María: «En tu Edén de Caacupé, es tu pueblo Virgen pura que te da su amor y fe».

RV/Alfa y Omega