El Papa, en la audiencia: «Dios quiere salvar a todos»

«Un evangelizador no puede ser un impedimento para la obra creadora de Dios sino alguien que favorece el encuentro de los corazones con el Señor», ha subrayado Francisco durante la catequesis de este miércoles

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Foto: AFP/Vincenzo Pinto

«Un evangelizador no puede ser un impedimento para la obra creadora de Dios sino alguien que favorece el encuentro de los corazones con el Señor», ha subrayado Francisco durante la catequesis de este miércoles

«Dios quiere que sus hijos superen todo particularismo para abrirse a la universalidad de la salvación». O lo que es lo mismo: «Dios quiere salvar a todos». Así lo ha asegurado el Papa Francisco en la catequesis celebrada este miércoles durante la audiencia general.

Por ello, «un evangelizador no puede ser un impedimento para la obra creadora de Dios», ha subrayado el Pontífice al mismo tiempo que ha invitado a los fieles a reflexionar: «Y nosotros, ¿cómo nos comportamos con nuestros hermanos y hermanas, especialmente con los que no son cristianos? ¿Somos un impedimento para el encuentro con Dios? ¿Obstaculizamos su encuentro con el Padre o lo facilitamos?».

Al contrario, un evangelizador es «alguien que favorece el encuentro de los corazones con el Señor», ha aseverado el Santo Padre. «Los renacidos por el agua y el Espíritu –los bautizados– están llamados a salir de sí mismos y a abrirse a los demás, a vivir la cercanía, el estilo de vivir juntos, que transforma toda relación interpersonal en una experiencia de fraternidad».

En este sentido, Francisco ha puesto de ejemplo a san Pedro, quien tras una «provocación divina» y a pesar de ser «reprochado duramente», «ya no evalúe los acontecimientos y a las personas según las categorías de lo puro y lo impuro, sino que aprenda a ir más allá, a mirar a la persona y a las intenciones de su corazón».

Antes de concluir, el Papa ha pedido a los católicos que se dejen «maravillar por las sorpresas de Dios, de no obstaculizar su creatividad, sino de reconocer y favorecer las formas siempre nuevas en que el Resucitado derrama su Espíritu en el mundo y atrae los corazones, dándose a conocer como el Señor de todos».

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