El Papa en el avión: el encuentro con Al Sistani «me hizo bien al alma» - Alfa y Omega

El Papa en el avión: el encuentro con Al Sistani «me hizo bien al alma»

Francisco ha defendido, en sus respuestas a los periodistas en el avión de regreso a Roma, su visita al líder religioso chiita. Son decisiones que «se toman siempre en oración, en diálogo, pidiendo consejo. No son un capricho»

Redacción

El Papa Francisco ha afirmado este lunes que, aunque a veces se le dice que está «a un paso de la herejía» por gestos como su histórica reunión con el líder chiita Al-Sistani del sábado, «son riesgos que se asumen». Lo ha asegurado en su tradicional rueda de prensa con los periodistas en el vuelo de regreso a Roma desde su primer viaje tras la pandemia, informa la Agencia EFE.

«Muchas veces se debe arriesgar para dar este paso. Hay algunas críticas de que el Papa no es valiente, que es un inconsciente, que está dando pasos contra la doctrina católica». Pero son decisiones que «se toman siempre en oración, en diálogo, pidiendo consejo. No son un capricho», ha explicado Francisco.

Se reunió con Al Sistani, ha añadido, porque es «un hombre sabio» y «un hombre de Dios», algo que se percibe solo escuchándole. Y ha destacado que él, que no suele levantarse ante nadie, lo hizo hasta en dos ocasiones para estrecharle las manos. «Fue muy respetuoso en el encuentro. Yo me sentí honrado» y esa conversación «me hizo bien al alma».

Sobre si el mensaje de esta reunión estaba dirigido a los líderes religiosos de Irán, Francisco aseguró que era para todo el mundo. El Papa se reunió con el gran ayatolá el pasado sábado en su modesta casa en Nayaf, la ciudad sagrada para los chiitas. Para Francisco es otro paso después de la firma del Documento sobre Fraternidad Humana con Ahmed al Tayeb, gran imán de la mezquita Al Azhar, la institución más importante del islam suní.

Además, se ha referido a una futura visita al Líbano, ha contado sus impresiones sobre su visita a Mosul o sobre volver a tener contacto cercano con los fieles y ha dedicado un comentario ante el Día Internacional de la Mujer. Sobre esta conmemoración ha subrayado: «Las mujeres siguen siendo esclavas. Debemos luchar, pelear, por la dignidad de las mujeres. Son ellas las que llevan la historia; no es una exageración, las mujeres llevan la historia y no es un cumplido porque hoy sea el Día de la Mujer»

El Papa Francisco responde a las preguntas de los periodistas en el vuelo de regreso de Irak. Foto: CNS / Paul Haring

Rueda de prensa completa

Hace dos años en Abu Dabi tuvo lugar un encuentro con el imán Al Tayeb de Al Azhar y la firma del Documento sobre Fraternidad Humana. Hace tres días usted se reunió con Al-Sistani. ¿Es posible pensar en algo similar también con la parte chiita del islam? Y una segunda pregunta sobre el Líbano. San Juan Pablo II decía que más que un país, es un mensaje. Hoy, lamentablemente, como libanés, le digo que este mensaje está desapareciendo. ¿Es inminente una visita suya al Líbano?
El documento de Abu Dabi del 4 de febrero se preparó con el gran imán en secreto, durante seis meses, rezando, reflexionando y corrigiendo el texto. Era –es un poco presuntuoso decirlo, tómenlo como una presunción– un primer paso de lo que usted me pregunta. Podemos decir que este sería el segundo y que habrá otros. El camino de la fraternidad es importante. El documento de Abu Dabi dejó en mí la inquietud de la hermandad, y entonces salió Fratelli tutti. Ambos documentos se deben estudiar porque van en la misma dirección, en la vía de la fraternidad. El ayatolá Al-Sistani tiene una frase que trato de recordar bien: «Los hombres son hermanos por religión o iguales por creación».

En la fraternidad está la igualdad, pero por debajo de la igualdad no podemos ir. Creo que es también un camino cultural. Pensemos en nosotros, los cristianos, en la Guerra de los Treinta Años, en la noche de San Bartolomé, por poner un ejemplo. Cómo cambia la mentalidad entre nosotros: porque nuestra fe nos hace descubrir que es esto, la revelación de Jesús es el amor y la caridad y nos lleva a esto. Pero ¡cuántos siglos para ponerlos en práctica! El Concilio Vaticano II dio un gran paso en este sentido, y también las instituciones después, el Consejo para la Unidad de los Cristianos y el Consejo para el Diálogo Interreligioso. El cardenal Ayuso nos acompaña hoy. Tú eres humano, eres hijo de Dios y eres mi hermano, ¡y punto! Esta sería la indicación más grande, y muchas veces hay que arriesgarse para dar este paso. Usted sabe que hay algunas críticas: que el Papa no es valiente, que es un inconsciente que está dando pasos contra la doctrina católica, que está a un paso de la herejía… hay riesgos. Pero estas decisiones se toman siempre en la oración, en diálogo, pidiendo consejo, en la reflexión. No son un capricho y, además, son la línea que enseñó el Concilio.

Paso a la segunda pregunta: el Líbano es un mensaje, el Líbano sufre, el Líbano es más que un equilibrio, tiene la debilidad de las diversidades, algunas todavía no reconciliadas, pero tiene la fortaleza del gran pueblo reconciliado, como la fortaleza de los cedros. El patriarca Rai me pidió por favor que durante este viaje hiciera una parada en Beirut, pero me pareció poco… Una migaja ante un problema, ante un país que sufre como el Líbano. Le escribí una carta, le hice la promesa de hacer un viaje. Pero el Líbano en este momento está en crisis, pero en crisis –no quiero ofender–, en crisis de vida. El Líbano es muy generoso a la hora de acoger a los refugiados.

¿En qué medida el encuentro con Al Sistani era también un mensaje para los líderes religiosos de Irán?
Creo que fue un mensaje universal. Sentí el deber de hacer esta peregrinación de fe y de penitencia, y de ir a ver a un grande, a un sabio, a un hombre de Dios: solo escuchándolo se puede percibir esto. Hablando de mensajes, diría que es un mensaje para todos, y él es una persona que tiene esa sabiduría y también la prudencia. Me decía: «Desde hace 10 años no recibo a personas que vengan a visitarme con otros fines políticos y culturales… solo religiosos». Él fue muy respetuoso, muy respetuoso en el encuentro. Me sentí honrado. Incluso en el momento del saludo, él nunca se levanta y se levantó para saludarme dos veces; es un hombre humilde y sabio, a mí este encuentro me hizo bien al alma. Es una luz, y estos sabios están en todas partes, porque la sabiduría de Dios ha sido esparcida en todo el mundo. Sucede lo mismo con los santos, que no son solo los que están en los altares. Sucede todos los días con aquellos que yo llamo «los santos de la puerta de al lado», hombres y mujeres que viven su fe, sea la que sea, con coherencia. Aquellos que viven los valores humanos con coherencia, la fraternidad con coherencia. Creo que deberíamos descubrir a esta gente, porque hay tantos ejemplos… Seguramente encontraremos gente de nuestra familia, algún abuelo, alguna abuela.

«Para tomar una decisión sobre los viajes escucho los consejos. Me hace bien escuchar, me ayuda a tomar decisiones más tarde»

Su viaje tuvo una enorme repercusión en todo el mundo. ¿Cree que podría ser el viaje del pontificado? También se dijo que era el más arriesgado. ¿Tuvo miedo en algún momento de su viaje? Está por cumplir el octavo año de su pontificado, ¿sigue pensando que será corto? Por último, la gran pregunta: ¿volverá alguna vez a Argentina?Empiezo por la última pregunta, que entiendo que está vinculada al libro de mi amigo periodista y médico Nelson Castro. Él Había hecho un libro sobre las enfermedades de los presidentes y yo una vez le dije: «Si vienes a Roma, debes hacer uno sobre las enfermedades de los Papas, porque será interesante conocer sus enfermedades, al menos de algunos de los últimos tiempos». Me hizo una entrevista y salió el libro. Me dicen que es bueno, yo no lo he visto. Él me hizo una pregunta: «Si usted renuncia, ¿volverá a Argentina o se quedará aquí?». Yo dije: «No volveré a Argentina, sino que me quedaré aquí, en mi diócesis». Pero en aquella hipótesis, la respuesta va unida a la pregunta. Cuándo iré a Argentina o por qué no voy. Yo siempre respondo irónicamente: estuve 76 años en Argentina, ¿es suficiente, no? Hay una cosa que, no sé por qué, no se dice: había sido programado un viaje a Argentina en noviembre de 2017. Chile, Argentina y Uruguay. Pero en ese momento Chile estaba en campaña electoral, fue elegido el sucesor de Michelle Bachelet, y yo tenía que ir antes de que cambiara el Gobierno. No podía ir. Habíamos pensado en hacer así: vamos a Chile en enero y luego a Argentina y Uruguay… Pero no era posible, porque enero es como julio-agosto para los dos países. Repensando la cuestión, se hizo una sugerencia: ¿por qué no asociar Perú? Porque Perú había sido separado del viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay. Se había dejado aparte. Y de ahí nació el viaje en enero de 2018 a Chile y Perú. Pero esto lo quiero decir para que no haya fantasías de patriofobia: cuando haya oportunidad se podrá hacer, porque está Argentina, Uruguay y el sur de Brasil.

Para tomar una decisión sobre los viajes escucho los consejos de los consejeros, y a veces viene alguien y dice: «¿Qué piensas, debo ir a ese lugar?». Me hace bien escuchar, esto me ayuda a tomar decisiones más tarde. Escucho y al final rezo; sobre algunos viajes reflexiono mucho. Entonces la decisión viene de dentro, de las entrañas, es casi espontánea, pero como un fruto maduro. Es un largo recorrido. Algunos son más difíciles, otros más fáciles. La decisión de este viaje viene de antes, de la embajadora, una médico pediatra que fue representante de Irak. Luego vino la embajadora en Italia, que es una mujer luchadora. Después llegó el nuevo embajador en el Vaticano. Antes había venido el presidente. Todas estas cosas se me quedaron dentro.

Pero hay algo detrás de la decisión que me gustaría mencionar: una de ustedes [Cristina Cabrejas, periodista de la Agencia EFE] me regaló la última edición en español del libro Yo seré la última de Nadia Mourad. Lo leí en italiano, es la historia de los yazidíes. Y Nadia Mourad cuenta cosas aterradoras. Yo les recomiendo que lo lean, en algunos puntos puede parecer pesado, pero para mí es la razón fundamental de mi decisión. También cuando escuché a Nadia, que vino a contarme cosas terribles… Todas estas cosas juntas hicieron que tomara la decisión, y pensé en todas las problemáticas, tantas. Pero al final tomé la decisión. Luego, sobre del octavo año del pontificado, no sé si los viajes se realizarán o no, solo les confieso que en este viaje me cansé mucho más que en los otros. Los 84 años no vienen solos, es una consecuencia… pero veremos. Ahora tendré que ir a Hungría, a la Misa final del Congreso Eucarístico Internacional, no es una visita al país, iré solo a Misa. Pero Budapest está a dos horas en coche de Bratislava, ¿por qué no hacer una visita a Eslovaquia? Así es como salen las cosas.

El Papa escucha la pregunta de un periodista. Foto: CNS /Paul Haring

Este viaje fue extraordinariamente significativo para las personas que pudieron participar, pero también fue una oportunidad para que el virus se propagara, sobre todo con las personas que estaban amontonadas. ¿Usted está preocupado de que puedan enfermar o morir por haber querido verlo?
Como he dicho antes, los viajes se cocinan con el tiempo en mi conciencia, y esta es una de las cosas que me daba fuerza. Pensé mucho, recé mucho sobre esto, y finalmente tomé la decisión, que verdaderamente surgió de mi interior.

Hemos visto la valentía, el dinamismo de los cristianos iraquíes. También los desafíos que deben enfrentar, la amenaza de la violencia islamista, el éxodo y el testimonio de la fe en su ambiente. Estos son los retos de los cristianos en toda la región. Hablamos del Líbano, pero también de Siria y de Tierra Santa. Hace diez años se celebró el Sínodo para Oriente Medio, pero su desarrollo se vio interrumpido por el ataque contra la catedral de Bagdad. ¿Piensa hacer algo para todo Oriente Medio, un sínodo regional o cualquier otra iniciativa?
No estoy pensando en un sínodo. Estoy abierto a muchas iniciativas, pero un sínodo no se me ocurrió. Usted lanzó la primera semilla, vamos a ver. La vida de los cristianos es atormentada, pero no solo la de los cristianos, hablamos de los yazidíes… Y esto, no sé por qué, me dio una fuerza muy grande. Existe el problema de la migración. Ayer, mientras volvíamos en automóvil de Qaraqosh a Erbil, vi a mucha gente joven. Y la pregunta que alguien me hizo fue: «¿Pero cuál es el futuro de estos jóvenes?, ¿a dónde irán?». Muchos tendrán que abandonar el país.

Antes de partir a Irak, doce refugiados iraquíes fueron a despedirse de mí. Uno tenía una prótesis en la pierna porque había tenido un accidente, terminó debajo de un camión. La migración es un derecho doble: el derecho a no migrar y el derecho a migrar. Estas personas no tienen ninguno de los dos, porque no pueden emigrar, no saben cómo hacerlo. Y no pueden emigrar porque el mundo aún no ha tomado conciencia de que la migración es un derecho humano.

En otra ocasión, un sociólogo italiano me dijo, hablando del invierno demográfico en Italia, que dentro de 40 años tendremos que importar extranjeros para que trabajen y paguen las contribuciones de nuestras pensiones. Ustedes, los franceses, fueron más inteligentes, sacaron adelante, hace diez años, la ley que apoya a la familia, y su nivel de crecimiento es muy grande. Pero la migración se vive como una invasión. Ayer quise recibir después de la Misa, porque él lo pidió, al padre de Aylan Kurdi, este niño que es un símbolo –por eso regalé la escultura a la FAO–. Es un símbolo que va más allá de un niño muerto en la migración, es un símbolo de civilizaciones que mueren, que no pueden sobrevivir; es un símbolo de humanidad. Se necesitan medidas urgentes para que la gente tenga trabajo en sus propios países y no deba emigrar. Y, después, medidas para salvaguardar el derecho a emigrar. Es verdad que cada país debe estudiar bien la capacidad de acogida, porque no consiste en recibir y dejarlos en la playa. Es recibirlos, acompañarlos, hacerlos progresar e integrarlos. La integración de los migrantes es la clave.

Dos anécdotas: en Zaventem (Bélgica), los terroristas eran belgas y nacidos en Bélgica, pero migrantes islámicos en guetos, no integrados. Cuando fui a Suecia, la ministra que me despedía era muy joven y tenía una fisonomía especial, no típica de los suecos. Era hija de un migrante y una sueca, y estaba tan integrada que llegó a ser ministra. Pensemos en estas dos cosas, nos harán reflexionar mucho. Quiero dar las gracias a los países generosos que acogen a los migrantes. Líbano, que tiene dos millones de sirios; Jordania es muy generosa, más de un millón y medio de migrantes. ¡Gracias a estos países generosos! ¡Muchas gracias!

«Se necesitan medidas urgentes para que la gente tenga trabajo en sus propios países y no deba emigrar. Y, después, medidas para salvaguardar el derecho a emigrar»

En tres días, en este país clave de Oriente Medio, hizo lo que los poderosos de la tierra discuten desde hace 30 años. Usted ya explicó cuál es la génesis de sus viajes, cómo surgen las elecciones, pero ahora en esta contingencia, mirando a Oriente Medio, ¿puede plantearse un viaje a Siria?, ¿cuáles pueden ser, de aquí a un año, otros lugares donde se requiera su presencia?
En Oriente Medio solo la hipótesis, y también la promesa, es el Líbano. No pensé en un viaje a Siria, porque no me vino la inspiración. Pero estoy muy cerca de la martirizada y amada Siria, como yo la llamo. Recuerdo al principio de mi pontificado, aquella tarde de oración en la plaza de San Pedro, con el rosario, la adoración del Santísimo. Cuántos musulmanes con las alfombras en el suelo rezaban con nosotros por la paz en Siria, para detener los bombardeos. Llevo a Siria en mi corazón, pero no se me ocurrió pensar en un viaje.

«Este viaje ha sido para mí para revivir. Revivir porque es tocar a la Iglesia, tocar al pueblo santo de Dios, tocar a todos los pueblos»

Estos días, meses, su actividad se vio limitada. Ayer tuvo el primer contacto directo, muy cercano, con la gente de Qaraqosh. ¿Qué sintió? En su opinión, con la situación sanitaria acutal, ¿se pueden reanudar las audiencias generales con la gente, con los fieles, como eran antes?

Me siento diferente cuando estoy lejos de la gente en las audiencias generales. Me gustaría volver a iniciarlas lo antes posible. Esperemos a que las condiciones sean las adecuadas. En esto sigo las normas de las autoridades. Ellas son las responsables y tienen la gracia de Dios para ayudarnos en esto. Son las responsables de dar las normas. Nos guste o no, son las responsables y deben hacerlo así. Ahora he vuelto a empezar con el ángelus en la plaza, pues con las distancias se puede hacer. Existe la propuesta de pequeñas audiencias generales, pero no me he decidido hasta que se aclare la situación. Después de estos meses de encierro me sentí realmente un poco preso. Este viaje ha sido para mí para revivir. Revivir porque es tocar a la Iglesia, tocar al pueblo santo de Dios, tocar a todos los pueblos. Un sacerdote se hace sacerdote para servir, al servicio del pueblo de Dios, no para hacer carrera, no por dinero.

En la Misa de esta mañana hemos leído la lectura sobre la curación de Naamán el sirio. Contaba que este quería ofrecer regalos después de haber obtenido la curación, pero el profeta Eliseo los rechazó. La Biblia narra que el ayudante de Eliseo, cuando se habían marchado, dejó al profeta y se apresuró a seguir a Naamán para pedirle los regalos. Y Dios dijo: «La lepra que tenía Naamán será para ti». Temo que los hombres y mujeres de la Iglesia, especialmente los sacerdotes, no tengamos esa cercanía gratuita con el pueblo de Dios, que es el que nos salva y seamos como el siervo de Naamán. De esa lepra tengo miedo. Y el único que nos salva de la lepra de la avaricia, de la soberbia, es el pueblo santo de Dios. Aquello de lo que Dios habló con David: «Te he sacado del rebaño, no te olvides del rebaño». Aquello de lo que habló Pablo a Timoteo: «Acuérdate de tu mamá y de tu abuela que te amamantaron en la fe», es decir, no pierdas la pertenencia al pueblo de Dios para convertirte en una casta privilegiada de consagrados, clérigos, lo que sea. El contacto con la gente nos salva, nos ayuda. Damos la Eucaristía, la predicación, pero ellos nos dan la pertenencia. No olvidemos esta pertenencia al pueblo de Dios.

¿Qué encontré en Irak, en Qaraqosh? No me imaginaba las ruinas de Mosul, realmente no me las imaginaba… Sí, puede que haya visto cosas, puede que haya leído, pero esto toca, es conmovedor. Lo que más me conmovió fue el testimonio de una madre de Qaraqosh. Un sacerdote que conoce realmente la pobreza, el servicio, la penitencia, y una mujer que perdió a su hijo en los primeros atentados del ISIS dieron su testimonio. Ella dijo una palabra: perdón. Me conmovió. Una madre que dice: «Yo perdono, pido perdón por ellos». Me acordé de mi viaje a Colombia, de aquel encuentro en Villavicencio donde tantas personas –mujeres sobre todo, madres y esposas–, hablaron del asesinato de sus hijos y maridos. Decían: «Yo perdono, yo perdono». Hemos perdido esta palabra, sabemos insultar, sabemos condenar, yo en primer lugar, pero perdonar… Perdonar a nuestros enemigos, esto es puro Evangelio. Esto es lo que más me llamó la atención en Qaraqosh.

«Las mujeres siguen siendo esclavas. Debemos luchar, pelear, por la dignidad de las mujeres. Son ellas las que llevan la historia; no es una exageración, las mujeres llevan la historia y no es un cumplido porque hoy sea el Día de la Mujer»

Quería saber qué sintió desde el helicóptero al ver la ciudad destruida de Mosul, y después, al rezar en las ruinas de una iglesia. Si se me permite, ya que es el Día Internacional de la Mujer, quería hacer una pequeña pregunta sobre las mujeres también. Usted apoyó a las mujeres de Qaraqosh con palabras muy hermosas, pero ¿qué piensa del hecho de que una mujer musulmana enamorada no pueda casarse con un cristiano sin ser despreciada por su familia o algo peor?

De Mosul he dicho de pasada lo que sentí. Me detuve frente a la iglesia destruida, no tenía palabras. Increíble, increíble… No es solo esa iglesia, sino también otras iglesias, incluso una mezquita destruida. Se nota que no estaba de acuerdo con esta gente. Increíble la crueldad humana que tenemos. En este momento, empezamos de nuevo; miremos a África. El denominado Estado Islámico comienza a actuar de nuevo. Esto es algo malo, muy malo. Una pregunta que me vino a la mente en la iglesia fue la siguiente: ¿pero quién vende las armas a estos destructores?, ¿por qué no fabrican ellos mismos las armas en casa? Sí, fabricarán algunos artefactos, pero ¿quién vende las armas?, ¿quién es el responsable? Al menos pediría a los que venden las armas la sinceridad de decir: «Nosotros vendemos las armas». No dicen eso. Es feo.

Ahora las mujeres. Las mujeres son más valientes que los hombres, pero eso siempre ha sido así. Pero son humilladas todavía hoy, llegamos a ese extremo. Una de ustedes [Eva Fernández, corresponsal de COPE y colaboradora de Alfa y Omega] me mostró la lista de precios de las mujeres [preparada por el ISIS, que compró mujeres cristianas y yazidíes]. No podía creerlo. Las mujeres se venden, las mujeres se esclavizan. Incluso en el centro de Roma. El trabajo contra la trata de personas es un trabajo cotidiano. Durante el Jubileo [de la Misericordia] fui a visitar una de las muchas casas de la obra de don Benzi. Muchachas rescatadas: una con la oreja cortada porque no había llevado dinero ese día; la otra, traída desde Bratislava en el maletero del automóvil. Esto pasa entre nosotros. La trata de personas. Especialmente en la parte de África existe la mutilación como un rito que debe hacerse. Las mujeres siguen siendo esclavas y debemos luchar, pelear, por la dignidad de las mujeres. Son ellas las que llevan la historia; no es una exageración, las mujeres llevan la historia y no es un cumplido porque hoy sea el Día de la Mujer.