Este viernes, temprano, el Papa Francisco inicia el viaje más delicado y peligroso de su pontificado. Durante dos días en El Cairo agarrará varios toros por los cuernos y mostrará su apoyo a dos personas valientes que promueven la paz: el patriarca copto Tawadros II y el gran imán de Al-Azhar.

El golpe de Estado de Abdelfattah al-Sisi en 2013 –respaldado por ambos líderes religiosos y buena parte del país– puso fin a la islamización iniciada en 2011 por el presidente Morsi, del partido de los Hermanos Musulmanes, pero desató una oleada de violencia mortal contra los cristianos. Los Hermanos Musulmanes y los terroristas del ISIS egipcio luchan contra la represión de Al-Sisi, y no soportan que sea protector de los cristianos. Los atentados suicidas del Domingo de Ramos contra iglesias de Tanta y Alejandría, con 46 muertos, tenían como primer objetivo político humillar al presidente demostrando que es incapaz de proteger a los cristianos en sus templos. También intentaban matar en plena ceremonia litúrgica al Papa de Alejandría, el patriarca Tawadros II, buen amigo de Francisco, aunque eso le cueste la hostilidad de los sectores más reaccionarios de su propia Iglesia.

El Papa seguirá los pasos de san Juan Pablo II, el primero en visitar Egipto en el año 2000 para realizar en el monte Sinaí «una oración intensa por la paz y la armonía entre las religiones». Es el mensaje que propuso Francisco en Ankara en 2014 a los líderes musulmanes de todo el mundo. Desde entonces, la mayoría se han sumado a esa línea, ya claramente oficial en la Universidad de Al-Azhar, centro teológico del islam sunnita que supone el 85 % de los 1.300 millones de musulmanes.

El Papa apoyará al gran imán Ahmed el-Tayeb –quien realizó en 2016 una primera visita histórica al Vaticano y pide respeto a los cristianos–, participando en la conferencia internacional sobre la paz organizada por la Universidad de Al-Azhar en su esfuerzo por deslegitimar el uso del islam como bandera de muerte.

Por desgracia, el dinero de Arabia Saudí y Qatar lleva mucho tiempo alimentando la predicación de la violencia y armando lo que hoy es el Daesh. Y los bombardeos americanos –en 2016 fueron 26.000 bombas en siete países musulmanes– no ayudan a calmar los ánimos sino a lo contrario. Pero para los líderes religiosos, promover la paz y evitar víctimas inocentes es una responsabilidad moral. Por eso Francisco se mete en el avispero.

Juan Vicente Boo