El Papa emprende mañana viaje a Cuba en un momento en que se apuntan grandes cambios en el horizonte inmediato. Francisco y la Iglesia local han desempeñado un importante papel en el restablecimiento de relaciones diplomáticas con EE.UU. La Iglesia, marginada e incluso perseguida durante décadas, es paradójicamente la tabla de salvación a la que quiere agarrarse el régimen castrista para favorecer esa transición pacífica y ordenada que todo el mundo desea, con la esperanza de salvaguardar en parte sus intereses. El arreglo entre Washington y La Habana irá seguramente traduciéndose en cambios concretos. El peligro es que el apetito inversor en la Isla haga olvidar ahora a quienes, durante años, se han jugado la piel por los derechos humanos y la libertad religiosa en Cuba. Por lo demás, las expectativas de los católicos para Cuba difieren mucho seguramente de los proyectos que puedan albergar Washington o el castrismo. Pero para influir en el futuro de la Isla, la Iglesia necesita reconstruir el tejido moral y religioso de los cubanos, muy deteriorado tras más de medio siglo de dictadura marxista.