El Papa canoniza a cuatro nuevos santos y recuerda el drama de Tierra Santa

El Santo Padre ha celebrado esta mañana en la Plaza de San Pedro, la Santa Misa durante la cual canonizó a los beatos Vicente Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio; María de la Purísima Concepción, superiora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, y los cónyuges Louis Martin y Zélie Guérin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús

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El Santo Padre ha celebrado esta mañana en la Plaza de San Pedro, la Santa Misa durante la cual canonizó a los beatos Vicente Grossi, fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio; María de la Purísima Concepción, superiora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, y los cónyuges Louis Martin y Zélie Guérin, padres de Santa Teresita del Niño Jesús

En su homilía Francisco recordó que «en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio. El que sirve a los demás y vive sin honores ejerce la verdadera autoridad en la Iglesia. Jesús -añadió- nos invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad»… «En la actitud del Maestro la comunidad encuentra la motivación para una nueva concepción de la vida: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos»».

«En la tradición bíblica -continuó- el Hijo del hombre es el que recibe de Dios »poder, honor y reino». Jesús da un nuevo sentido a esta imagen y señala que él tiene el poder en cuanto siervo, el honor en cuanto que se abaja, la autoridad real en cuanto que está disponible al don total de la vida. En efecto, con su pasión y muerte él conquista el último puesto, alcanza su mayor grandeza con el servicio, y la entrega como don a su Iglesia. Hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Incompatibilidad entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado».

En cambio, -destacó- sí que hay compatibilidad entre Jesús «acostumbrado a sufrir y nuestro sufrimiento… Jesús ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita, acompañar su atormentado camino».

El Papa afirmó que los nuevos santos «sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro… El testimonio luminoso de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Ahora, desde el cielo, velan sobre nosotros y nos sostienen con su poderosa intercesión».

Al finalizar la Misa y antes del rezo dominical del Ángelus, el Pontífice dedicó unas palabras a la situación de tensión y violencia en Tierra Santa. «En este momento se necesita mucho coraje y mucha fuerza para decir no al odio y la venganza y hacer gestos de paz -dijo-. Oremos para que Dios fortalezca en todos, gobernantes y ciudadanos, la valentía de oponerse a la violencia y tomar medidas concretas para la distensión. En el contexto actual de Oriente Medio es más que nunca fundamental que haya paz en Tierra Santa: nos lo pide Dios y el bien de la humanidad».

VIS