El Papa afirma que la pandemia pone a la UE en una encrucijada - Alfa y Omega

El Papa afirma que la pandemia pone a la UE en una encrucijada

En una carta con motivo del 50º aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la UE, Francisco rememora el grito de san Juan Pablo II: «Europa, ¡vuelve a encontrarte!»

Redacción
Imagen de archivo del Papa Francisco en el Parlamento Europeo, en 2014. Foto: Reuters / Christian Hartmann

El Papa Francisco considera que la pandemia de COVID-19 supone una «línea divisoria» en el proyecto de la Unión Europea, en un momento en el que se «dan muestras de estar volviendo atrás» y en el que «prevalece la idea de ir cada uno por su cuenta».

Así lo ha expresado Francisco en una misiva que escribe al Secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, que tendría que haber estado desde el miércoles en Bruselas para participar en la Asamblea Plenaria de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE) y en algunos actos con motivo de los 50 años de relaciones entre la Santa Sede y las Instituciones europeas. Según informa Efe, ha tenido que cancelar su presencia por la situación epidemiológica.

En su carta, el Papa pide a su segundo que lance este mensaje en sus encuentros. El Papa recuerda que el proyecto europeo surgió «como voluntad de poner fin a las divisiones del pasado» y nació «de la conciencia de que juntos y unidos somos más fuertes, que la unidad es superior al conflicto». En cambio en nuestro tiempo, advierte, se «dan muestras de estar volviendo atrás», pues «prevalece la idea de ir cada uno por su cuenta».

«Una línea divisoria»

Para Francisco, «la pandemia constituye como una línea divisoria» en el proyecto de la Unión Europea que obliga a hacer una elección: «O se sigue el camino tomado en el último decenio, alentado por la tentación de la autonomía, enfrentando crecientes incomprensiones, contraposiciones y conflictos», o «bien se redescubre ese camino de la fraternidad, que sin duda fue el que inspiró y animó a los Padres fundadores de la Europa moderna».

La emergencia sanitaria del coronavirus ha puesto en relieve, en opinión del Pontífice, una Europa en la que ha prevalecido «la tentación de ir cada uno por su cuenta, buscando soluciones unilaterales a un problema que trasciende los límites de los Estados». Por eso anima a Europa a reaccionar para «evitar que los empujes centrífugos recobren fuerza».

«En este momento, quisiera decirle a Europa: Tú, que has sido una fragua de ideales durante siglos y ahora parece que pierdes tu impulso, no te detengas a mirar tu pasado como un álbum de recuerdos», agrega. Y realiza un llamamiento: «Europa, ¡vuelve a encontrarte! Vuelve a descubrir tus ideales, que tienen raíces profundas. ¡Sé tú misma! No tengas miedo de tu historia milenaria, que es una ventana abierta al futuro más que al pasado».

El sueño de Francisco

En la misiva, además, el Papa enumera sus «sueños» de cómo debe ser Europa. «Sueño una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía», escribe.

También pide que sea tierra que defienda «la vida en todas sus etapas» y que «favorezca el trabajo como medio privilegiado para el crecimiento personal», sobre todo mirando a los más jóvenes. Sueña además con una Europa «que sea una familia y una comunidad. Un lugar que sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes». Ser familia, destaca, «significa vivir la unidad teniendo en cuenta la diversidad, a partir de la diferencia fundamental entre hombre y mujer».

Unida frente al reto migratorio

El Santo Padre pide también «una Europa comunidad, solidaria y fraterna», que «sabrá aprovechar las diferencias y el aporte de cada uno para afrontar juntos las cuestiones que le esperan, comenzando por la pandemia, pero también por el desafío ecológico». Un lugar asimismo «acogedor y hospitalario, donde la caridad –que es la mayor virtud cristiana– venza toda forma de indiferencia y egoísmo» y también asuma la necesidad de ocuparse también de otros continentes, como África.

Al respecto, Francisco afirma que no puede «callar» ante el recelo respecto a los migrantes, «pues solo una Europa que sea comunidad solidaria puede hacer frente a este desafío de forma provechosa, mientras que las soluciones parciales ya han demostrado su insuficiencia». Esto se debe a que «una Europa dividida, compuesta de realidades solitarias e independientes, fácilmente se encontrará incapaz de hacer frente a los desafíos del futuro».

Francisco sueña por último con «una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos», y donde «el creyente sea libre de profesar públicamente la fe y de proponer el propio punto de vista en la sociedad».