El Papa advierte frente a la «inseminación artificial» de vocaciones

Ricardo Benjumea

«Les confieso que me cuesta mucho cuando veo el disminuir de las vocaciones». «Cuando hay monasterios, grandes monasterios, y el cardenal Amigo Vallejo [arzobispo emérito de Sevilla] puede contarnos en España cuántos hay, que son llevados adelante por cuatro o cinco religiosas ancianas…, me provoca una tentación que va contra la esperanza. “Pero Señor, ¿qué sucede? ¿Por qué el vientre de la vida consagrada se hace tan estéril?” Algunas congregaciones hacen el experimento de la inseminación artificial». «Y luego los problemas que hay ahí adentro… ¡No! ¡Se debe recibir con seriedad! Se debe discernir bien si esta es una verdadera vocación y ayudarla a crecer».

El Papa hacía estas reflexiones el lunes, en un discurso sin papeles, en la clausura del encuentro de vida consagrada, pocos días después de que saltara la noticia de que unas mercedarias indias habían estado presuntamente retenidas contra su voluntad en un convento compostelano. Sin aludir al caso concreto, Francisco advertía contra «la tentación de perder la esperanza», y animaba a intensificar la oración por las vocaciones. «El Señor que ha sido tan generoso no faltará a su promesa. Pero debemos pedirlo. Debemos tocar la puerta de su corazón. ¡Porque hay un peligro! Y esto es feo, pero debo decirlo. Cuando una congregación religiosa ve que no tiene hijos y sobrinos y comienza a ser más pequeña y más pequeña, se apega al dinero. ¡Y ustedes saben que el dinero es el estiércol del diablo! Cuando no pueden tener la gracia de tener vocaciones e hijos, piensan que el dinero salvará la vida y piensan en la vejez: “que no me falte esto, que no falte esto otro”. ¡Y así no hay esperanza! La esperanza, solo en el Señor. El dinero no te la dará jamás. Al contrario: ¡te tirará abajo! ¿Entendido?»

Dicho esto, el Papa agradeció la labor que realizan los consagrados, especialmente las religiosas. «¿Qué sería de la Iglesia si no existieran?» «Cuando vas al hospital, a los colegios, a los barrios…»; o «cuando vas a un cementerio, y ves que hay muchos misioneros religiosos muertos y tantas religiosas muertas [tras haber dado vida a los demás durante 40 años] porque se han enfermado…, tú dices: “¡Estos son santos!”, “¡estos son semillas!”. Debemos decir al Señor que baje sobre estos cementerios y vea qué cosas han hecho nuestros antepasados y nos dé mas vocaciones, porque tenemos necesidad».

Profecía y cercanía

Además de ser hombres y mujeres de esperanza, el Papa les dijo a los consagrados que «la Iglesia y el mundo» esperan de ellos «profecía» y «cercanía». La profecía –dijo– se ejercita en la pobreza, en la castidad y en la «obediencia fuerte», entendida no en términos militares, sino paternal. «¿Y si no lo veo claro? Hablo con el superior, con la superiora… Pero después del diálogo, obedezco. Esta es la profecía contra la semilla de la anarquía que siembra el diablo».

En cuanto a la cercanía, se trata de «acercarme y entender la vida de los cristianos y de los no cristianos, los sufrimientos, los problemas» del mundo… Pero «el primer prójimo de un consagrado» es su «hermano o hermana de la comunidad», aclaró Francisco, para a continuación denunciar una vez más «el terrorismo de las habladurías, porque quien habla mal [del otro] es un terrorista dentro de la propia comunidad». Hay que decir «todo lo que sientes que debes decir», «pero en el capítulo», «en público».

R.B.