El ministerio de catequista promueve «el compromiso de los laicos»

El ministerio de catequista promueve «el compromiso de los laicos»

«No todos los que hoy son catequistas podrán acceder al ministerio», ha subrayado Rino Fisichella al presentar este martes el ministerio de catequista

María Martínez López
Motu proprio ministerio de catequista

La institución por parte del Papa Francisco del ministerio de catequista es «un paso más para la renovación de la catequesis y su eficaz labor en la evangelización». Lo ha subrayado Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, en la rueda de prensa de presentación del motu proprio Antiquum ministerium.

Se trata de «un nuevo ministerio» que se entrega a «la Iglesia del tercer milenio». Y, al mismo tiempo, de un encargo que «siempre ha acompañado el camino de la evangelización para la Iglesia de todos los tiempos y latitudes». El proceso que ha llevado hasta aquí, por tanto, solo se puede comprender «en la unidad entre una profunda atención a nuestras raíces y una mirada realista al presente».

Instituir este ministerio, ha explicado el responsable de nueva evangelización del Vaticano, «equivale a establecer que la persona investida de ese carisma está realizando un auténtico servicio eclesial a la comunidad». Es también una forma de promover «aún más la formación y el compromiso de los laicos». 

Ser catequista no se improvisa

Es un paso que «permitirá tener un laicado mejor formado y preparado en la transmisión de la fe». En efecto, «los catequistas no se pueden improvisar, porque el compromiso de transmitir la fe, además del conocimiento de sus contenidos, requiere un encuentro personal previo con el Señor». También una toma de conciencia de que se «habla en nombre de la Iglesia» y se «transmite la fe de la Iglesia». 

En este sentido, Fisichella ha subrayado que «no todos los que hoy son catequistas podrán acceder al ministerio». El motu proprioestablece los requisitos para ello: personas «de profunda fe y madurez humana, que participen activamente en la vida de la comunidad cristiana, que puedan ser acogedores, generosos y vivan en comunión fraterna», que hayan recibido «la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica» y tengan «experiencia previa de catequesis».

Además, ha aclarado el obispo, es clave «la dimensión vocacional para servir a la Iglesia» donde «el obispo considere necesaria» su presencia. A la vista de todo esto, «corresponde ahora a las conferencias episcopales» determinar «los requisitos, como la edad y los estudios necesarios, las condiciones y las modalidades de acceso al ministerio», ha añadido el obispo. 

Un deseo de Pablo VI

Fisichella ha subrayado además que esta decisión conecta con el «gran impulso ofrecido por el Concilio Vaticano II» al laicado. Asimismo, «lleva a cabo un deseo de Pablo VI». En 1975, en la exhortación Evangelii nuntiandi, el Papa Montini hablaba del de catequista como uno de varios «ministerios, nuevos en apariencia pero muy vinculados a experiencias vividas por la Iglesia a lo largo de su existencia», que resultan «preciosos para la implantación, la vida y el crecimiento de la Iglesia». 

Desde entonces, «tuvieron que pasar casi 50 años para que la Iglesia reconociera que el servicio prestado» por tantos hombres y mujeres «constituye verdaderamente un ministerio particular». El presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización ha señalado en particular a tantas regiones «donde la presencia de sacerdotes es nula o escasa». Allí, «la figura del catequista es la de aquel que preside la comunidad y la mantiene arraigada en la fe». 

En este sentido, ha mostrado su esperanza de que gracias a este ministerio, en las Iglesias locales «el proceso de la evangelización continúe su fructífero camino de inculturación en las diversas realidades», y que tanto los propios catequistas como las iglesias locales redescubran el valor de esta vocación. 

El ejemplo de san Juan de Ávila

Por otro lado, Fisichella ha subrayado que «no es casual» que el motu propriofuera firmado este lunes, memoria litúrgica de san Juan de Ávila. El doctor de la Iglesia español «fue capaz de ofrecer a los creyentes de su tiempo la belleza de la Palabra de Dios y la enseñanza viva de la Iglesia en un lenguaje no solo accesible a todos, sino revestido de una intensa espiritualidad». A través de su figura, el Santo Padre invita a los catequistas a «inspirarse en el testimonio de un santo que hizo fecundo su apostolado catequético a través de la oración, el estudio de la teología y la simple comunicación de la fe». 

Con todo, a pesar del protagonismo del patrono del clero secular español, el obispo italiano ha recordado que la labor de catequista no debe «caer en formas de clericalismo». Este ministerio «debe expresarse no principalmente en el ámbito litúrgico, sino en el ámbito específico de la transmisión de la fe mediante el anuncio y la enseñanza sistemática».

El motu proprio completo puede leerse aquí.