«El mal se vence con el amor» - Alfa y Omega

«El mal se vence con el amor»

El tren que llevó del Vaticano a Asís, el 27 de octubre, a unos trescientos representantes de las religiones del mundo dejó un mensaje mucho más eficaz que mil palabras. Sin entrar El tren que llevó del Vaticano a Asís, el 27 de octubre, a unos trescientos representantes de las religiones del mundo dejó un mensaje mucho más eficaz que mil palabras. Sin entrar en debates ni en polémicas, sin grandes discursos, Asís ha propuesto cinco conclusiones que forman ya parte del patrimonio espiritual de creyentes y no creyentes, de cara a la construcción de la paz debates ni en polémicas…

Jesús Colina. Roma
Un momento del encuentro de Asís, en la basílica de Santa María de los Ángeles

El tren que llevó del Vaticano a Asís, el 27 de octubre, a unos trescientos representantes de las religiones del mundo dejó un mensaje mucho más eficaz que mil palabras. Sin entrar en debates ni en polémicas, sin grandes discursos, Asís ha propuesto cinco conclusiones que forman ya parte del patrimonio espiritual de creyentes y no creyentes, de cara a la construcción de la paz

1. Compromiso con la paz

De todas las conclusiones que ofrece el encuentro de Asís, la más evidente ha sido el compromiso por la paz que han demostrado los líderes religiosos del planeta. Y no sólo por haberse unido a un acto tan significativo, sino, sobre todo, por la manera en que lo hicieron.

El momento más emocionante tuvo lugar al final de la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, que llevaba por lema Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz, cuando, con una tenue música de fondo, los representantes cristianos, judíos, musulmanes, budistas, hinduistas, sijs, taoístas, sintoístas y de otras religiones tradicionales, así como varios no creyentes, fueron tomando la palabra para pronunciar su compromiso a favor de la paz.

Tras un momento de silencio, la palabra pasó al silencio de las velas encendidas que recibieron los jefes de las delegaciones, entre los que se encontraban Bartolomé I, Patriarca ecuménico (ortodoxo) de Constantinopla, Rowan Williams, arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana, el rabino David Rosen, representante del Gran Rabinato de Israel, o Kyai Haji Hasyim Muzadi, Secretario General de la Conferencia Internacional de las Escuelas Islámicas.

El Cántico de las criaturas, de san Francisco, esa alabanza a Dios por el hermano sol, la hermana nuestra madre tierra, los hermanos que perdonan y también la hermana muerte corporal, se convirtió en la mejor síntesis del compromiso asumido.

El encuentro en el Aula Pablo VI, del Vaticano, previo al de Asís

Benedicto XVI, al concluir el encuentro, reconocía con satisfacción que el objetivo se había logrado, pues esta peregrinación ha sido «expresión de que la dimensión espiritual es un elemento clave en la construcción de la paz». En el histórico discurso que el Papa pronunció ante los líderes religiosos, en la basílica de Santa María de los Ángeles, explicó que este nuevo encuentro de Asís, 25 años después del primero, convocado por Juan Pablo II, era necesario, pues la discordia ha sumido «formas nuevas y espantosas».

La intervención del Papa sirvió para desenmascarar dos «nuevos rostros de la violencia y la discordia»: el primero es la fuerza salvaje, con frecuencia terrorista, que se alimenta de falsos motivos religiosos; el segundo es la fuerza aplicada precisamente a la eliminación de la religión, lo que Benedicto XVI bautizó como la anti-religión. Ante estos dos extremos que están sacudiendo al planeta, desde Asís, en pleno desarrollo de la primavera árabe, los creyentes de las religiones han lanzado un mensaje inequívoco. Al día siguiente, en Roma, el Patriarca Bartolomé I concordaba: «Contra estos males, sólo el diálogo es una solución posible y a largo plazo», aplaudiendo la iniciativa convocada por el Papa.

El rabino David Rosen declaró, a su regreso a Roma: «Para muchos en el mundo, la paz es una necesidad pragmática y esto es, en efecto, verdadero», pero la paz que anhelan los hombres y las mujeres es distinta: es «subir a la montaña del Señor, es decir, una idea de paz como expresión sublime de la voluntad divina y de la imagen divina en la que todo ser humano es creado».

El representante musulmán Kyai Haji Hasyim Muzadi, Secretario General de la Conferencia Internacional de las Escuelas Islámicas, aclaraba, al día siguiente, que lo que genera conflictos y tensiones es el simple hecho de que «las religiones auténticas pueden tener seguidores que no son capaces de comprender su carácter saludable de manera plena y completa», una carencia que puede llevar «a la distorsión de la religión misma».

2. Un testimonio para no creyentes

La gran novedad de este encuentro de Asís ha sido la participación de no creyentes. Benedicto XVI explicó que ha querido ampliar su invitación a estas personas, pues en el mundo hay cada vez «más personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Apelan a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos, hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia», añadió. Por eso, «que ellos no logren encontrar a Dios depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a nosotros creyentes, a todos los creyentes, a purificar su propia fe, para que Dios -el verdadero Dios- se haga accesible».

Benedicto XVI en el tren, camino de Asís

Los no creyentes estuvieron simbólicamente representados por la francesa, de origen búlgaro, Julia Kristeva, psicoanalista, filósofa y escritora; el historiador italiano Remo Bodei, de la Universidad de Pisa; el filósofo mexicano Guillermo Hurtado; y el economista austriaco Walter Baier, miembro del Partido Comunista. Hurtado, quien pronunció, en representación de los agnósticos, el compromiso oficial a favor de la paz en Asís, explicó a Alfa y Omega la eficacia de este encuentro: «En ocasiones, ciertos gestos tienen un valor simbólico incluso mayor que las palabras».

3. Capacidad de convocatoria

¿Quién puede convocar hoy día a los representantes de todas las religiones para reflexionar y comprometerse con la paz? ¿El Presidente de los Estados Unidos? ¿Las Naciones Unidas? Sólo ha habido una persona que ha sido capaz de hacerlo, generando este tipo de consenso: el Papa. Juan Pablo II lo hizo en 1986 y 2002, y ahora lo ha hecho Benedicto XVI, generando una participación aún más representativa que en los dos encuentros precedentes. Ésta es la tercera conclusión que puede sacarse de Asís 2011: en la medida en la que el Papa se hace portavoz de ese mensaje de Cristo, que hunde sus raíces en lo más profundo del espíritu del ser humano, se convierte en portavoz de las esperanzas de paz y justicia de la Humanidad.

4. Continuidad entre Juan Pablo II y Benedicto XVI

Y así llegamos a la cuarta conclusión que se saca del encuentro de Asís: la continuidad que se da entre Juan Pablo II y Benedicto XVI. Cuando Joseph Ratzinger fue elegido sucesor de Pedro, algún periodista vaticinó que lo primero que haría sería acabar con este tipo de encuentros. Sectores en la Iglesia católica consideraban el diálogo religioso como una renuncia a la identidad católica y al anuncio del Evangelio. Y, sin embargo, como ha demostrado Benedicto XVI, el diálogo interreligioso (si es auténtico) es exactamente lo contrario. Por este motivo, el día anterior, invitó a su diócesis, la diócesis de Roma, a participar en un encuentro de oración en el Vaticano, en el que, durante la homilía, ilustró los motivos de su peregrinación a la ciudad de san Francisco.

5. Ni sincretismo, ni relativismo

Encuentros como el de Asís son para los cristianos motivo de anuncio de Cristo. «Jesús es rey pobre entre los pobres, manso entre aquellos que quieren ser mansos -afirmaba el Papa-. De este modo, Él es rey de paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Es un rey que hará desaparecer los carros y los caballos de batalla, que quebrará los arcos de guerra; un rey que realiza la paz en la Cruz, uniendo la tierra y el cielo y construyendo un puente fraterno entre todos los hombres. La Cruz es el nuevo arco de paz, signo e instrumento de reconciliación, de perdón, de comprensión; signo de que el amor es más fuerte que todo tipo de violencia y opresión, más fuerte que la muerte: el mal se vence con el bien, con el amor».

En Asís no hubo encuentros de oración común de líderes religiosos, pues la visión de Dios no es común. La oración tuvo lugar en silencio, por separado. Cada uno de los representantes pudo retirarse en las celdas del convento franciscano de Santa María de los Ángeles. Se evitó así ese sincretismo que escoge acríticamente elementos de las diferentes religiones para componer el propio panteón, y el relativismo que considera que las religiones equivalen, pues la verdad es imposible de alcanzar. Ésta es precisamente la quinta lección que ha dejado Benedicto XVI en Asís.