«¡El encuentro es el mensaje!»

Con un abrazo sellaron la reconciliación. Un abrazo que dejó atrás años de distanciamiento. Se lo dieron el Papa y el gran imán de Al-Azhar, Ahmed el-Tayeb, tras una audiencia que mantuvieron…

Andrés Beltramo Álvarez
El Papa Francisco saluda al gran imán de la universidad Al-Azhar, Ahmed el-Tayeb. Foto: AFP Photo/Max Rossi

Con un abrazo sellaron la reconciliación. Un abrazo que dejó atrás años de distanciamiento. Se lo dieron el Papa y el gran imán de Al-Azhar, Ahmed el-Tayeb, tras una audiencia que mantuvieron el lunes en el Vaticano. Francisco exclamó: «¡El encuentro es el mensaje!». Pero más allá de esa postal histórica, aún sigue vigente la amenaza del fundamentalismo. Una iniciativa al amparo de la Organización de Estados Americanos que se presentará en el Vaticano en septiembre puede ofrecer al mundo un testimonio de convivencia. El Pontífice apuesta por un instituto continental que sirva como ejemplo

Un cara a cara de 25 minutos, Francisco y El-Tayeb, en la mañana de este 23 de mayo. Un saludo esperado más de cinco años, desde que una controversia diplomática por unas palabras de Benedicto XVI precipitó la ruptura de relaciones entre el Vaticano y la Universidad de Al-Azhar, la máxima autoridad teológica del islam sunita. Corría el mes de enero de 2011.

Con la llegada del Papa argentino las tensiones fueron cediendo. Tras arduas gestiones, en febrero pasado una delegación papal aterrizó en El Cairo. Los tiempos estaban maduros para llevar una propuesta concreta a la capital egipcia. El encargado de portar el mensaje fue Miguel Ángel Ayuso Guixot, secretario del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.

El 16 de febrero, mientras Francisco se encontraba en México, Ayuso y el nuncio apostólico en Egipto, Bruno Musaró, fueron recibidos en Al-Azhar. Allí entregaron una carta firmada por el presidente del Pontificio Consejo, Jean-Louis Taurán, en la cual mostraba su disponibilidad a recibir al gran imán en el Vaticano y acompañarlo a una audiencia con el líder católico.

Así ocurrió. Ahmed el-Tayeb fue acogido en el Palacio Apostólico. En la antecámara de la biblioteca papal recibió el saludo de Francisco. Y después, el diálogo en privado, definido como «cordial» en una nota vaticana. Al final, el Pontífice le regaló un medallón que representa una roca partida que se mantiene unida por las ramas de un olivo, con la frase: «Busca lo que une, supera lo que divide».

Un empeño común

La necesidad de un empeño común de las autoridades y los fieles de las grandes religiones por la paz, el rechazo a la violencia y el terrorismo, la situación de los cristianos en el contexto de los conflictos en Medio Oriente y su protección, fueron algunos de los temas abordados.

Pero más allá del contenido del coloquio, el mensaje fue el encuentro. Aquel abrazo, como confesó el mismo Papa. Un gesto, una señal para superar un conflicto que ha durado un lustro y que tuvo su capítulo más grotesco en noviembre de 2011 cuando la compañía italiana de ropa Benetton incluyó a Benedicto XVI y a El-Tayeb en una campaña publicitaria satírica.

La imagen de ambos besándose en la boca, producto de un fotomontaje, se hizo famosa gracias a los espectaculares carteles que la compañía montó en Roma. Por el uso de la imagen papal los publicistas se granjearon una querella judicial que terminó con la retirada de los carteles, que incluían a otros líderes mundiales como Barack Obama y Vladimir Putin.

La idea de fondo era la reconciliación de los opuestos. Y entre estos opuestos estaban el Papa y el imán. Todo por un altercado diplomático registrado en enero de ese año. Mientras Hosni Mubarak era ya asediado por una inminente revuelta social, había perdido el apoyo de los militares y lidiaba con una serie de atentados con bomba que usaban como carne de cañón a los cristianos, una frase de Benedicto XVI elevó la presión en torno al presidente. En su discurso anual a los diplomáticos acreditados ante el Vaticano, el 11 de enero de 2011, Ratzinger sostuvo que los ataques eran «un signo más de la urgente necesidad» de que «los gobiernos de la región» adoptasen, «a pesar de las dificultades y amenazas, medidas eficaces para la protección de las minorías religiosas». Palabras que fueron interpretadas como una solicitud de intervención a países extranjeros, también por una mala traducción de la prensa.

La respuesta fue inmediata. El Gobierno de El Cairo llamó a consultas a su embajadora en la Santa Sede y el propio El-Tayeb las calificó como «una intervención inaceptable en los asuntos de Egipto». Una ruptura consumada que se anunció nueve días después con una declaración de las máximas autoridades de Al-Azhar. Pero la suerte de Mubarak ya estaba echada. El 11 de febrero cayó, merced a un movimiento que sería conocido como primavera árabe.

Nuevo instituto al amparo de la OEA

Esas tensiones son cosa del pasado. Por eso el gran imán invitó al Papa a visitar la universidad en Egipto. Pero la amenaza del fundamentalismo sigue vigente y es una de las principales preocupaciones de Francisco. De ahí su decisión de apoyar el establecimiento de un Instituto de Diálogo Interreligioso para América que ofrezca un aporte positivo, casi la réplica de una organización nacida en 2005 en Argentina bajo su impulso.

«En Argentina la convivencia superó la idea de tolerancia», precisó Omar Abboud, amigo de Bergoglio y referente del nuevo instituto, que nacerá en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos. Todos lo recuerdan por su imagen abrazando al Pontífice y al rabino Abraham Skorka frente al Muro de las Lamentaciones.

El lanzamiento de la iniciativa está previsto para septiembre en el Vaticano. El proyecto es incidir, sobre todo, en la educación: «Se puede educar para el diálogo, así como también se puede educar para el fundamentalismo», constata Abboud en entrevista con Alfa y Omega.

«En muchas partes del mundo el diálogo interreligioso no pasa de ser té y cortesía, eso se lo dejamos a la diplomacia. Nosotros iremos directos a las propuestas. Quien enseña a dialogar a un hombre es como si hubiese dialogado con toda la humanidad. El tema es cómo construir la identidad del futuro. O nos recalcitramos en las identidades fundamentalistas del pasado, que van a terminar en choque, o nos animamos a ponernos en los zapatos del otro», apunta.

La única autoridad espiritual

Según Abboud, en el mundo islámico hay dos opiniones predominantes sobre el Papa: una muy entusiasta, que lo considera la única voz que se alza contra las injusticias, y otra negativa, influida por una visión fundamentalista, aunque no violenta. Hay además una tercera posición, conformada por el Estado Islámico, al que define como una estructura «de lucro».

Para Abboud, la figura del Pontífice supera los límites del fenómeno religioso. Por eso puede convocar a un diálogo creíble y ser portador de un mensaje de unión. «Entendemos que es Francisco la autoridad espiritual del mundo moderno. Es algo que excede las religiones. En el mundo moderno hay una sola autoridad espiritual, existen muchos matices pero quien expresa la objeción de conciencia al poder temporal, el único que ocupa ese espacio hoy es Bergoglio y no otro», concluye.

Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano