El desafío de repartir bien la riqueza

Uno de los últimos nombramientos episcopales de Benedicto XVI ha sido el del misionero salesiano español Miguel Ángel Olaverri, como obispo de la diócesis de Pointe-Noire, en la República del Congo. «Nuestro desafío es que se reduzca la pobreza de un país con mucha riqueza, y mal repartida», afirma el obispo electo, que lleva 37 años en África

Cristina Sánchez Aguilar
El obispo electo de Pointe-Noire es recibido por sus fieles en la diócesis congoleña
Uno de los últimos nombramientos episcopales de Benedicto XVI ha sido el del misionero salesiano español Miguel Ángel Olaverri, como obispo de la diócesis de Pointe-Noire, en la República del Congo. «Nuestro desafío es que se reduzca la pobreza de un país con mucha riqueza, y mal repartida», afirma el obispo electo, que lleva 37 años en África

La República del Congo, también conocida como Congo-Brazzaville, es un país del que apenas llega información a España. Eclipsado por su vecina República Democrática del Congo, el Congo-Brazzaville cuenta con más de un millón de católicos y, desde hace una semana, con un obispo electo español. El padre Miguel Ángel Olaverri, misionero salesiano, nació en Pamplona, pero lleva ya 37 años viviendo en diferentes países de África. De la diócesis que regentará, Point-Noire, es viejo conocido, ya que en ella fue párroco durante 8 años.

«Lo más difícil fue hace dos años, cuando me nombraron Administrador Apostólico de Pointe-Noire», reconoce humildemente don Miguel Ángel, heredero de una difícil situación, al ser sustituto de un obispo forzado a dimitir por la Santa Sede. Pero ha cumplido con éxito su labor –para muestra, su nombramiento episcopal–, que ha supuesto, hasta ahora, llevar las riendas de Cáritas Congo y la Comisión de Justicia y Paz en el país, la pastoral con emigrantes y refugiados y el departamento de medios de comunicación de la Conferencia Episcopal Congoleña.

«En lo que más tiempo he invertido ha sido en Cáritas y en Justicia y Paz», afirma don Miguel Ángel, quien relata, orgulloso, que la Comisión de Justicia y Paz de la diócesis recibió, el pasado 22 de enero, el Premio a la Defensa de los Derechos Humanos 2012 de manos del Gobierno francés, por propiciar una medida, apoyada por franceses e ingleses, gracias a la cual los Gobiernos africanos deben publicar sus cuentas de forma transparente: «Hemos logrado conocer cuánto dinero se invierte en los Ministerios, o que las petroleras y empresas mineras publiquen de forma clara lo que se produce, para que haya más control sobre los fondos blanqueados», aunque, de todos modos, «se sigue trampeando», añade.

«En el Congo, hay ríos y vías de agua enteras que desaparecen por perforaciones de explotaciones petrolíferas, y se contaminan cauces de agua que la gente utiliza regularmente», explica el obispo electo. Otro de los grandes trabajos de Justicia y Paz es «luchar por defender la vida y el trabajo de los campesinos, que han perdido la posibilidad de cultivar en esas tierras».

El trabajo de Cáritas con los refugiados

Una de las pocas noticias que llegó hasta nosotros sobre Congo-Brazzaville fue que, en marzo del año pasado, estalló un depósito de armamento en la capital y desaparecieron tres barrios enteros, lo que supuso un total de 500.000 personas desplazadas y cientos de muertos y heridos. A día de hoy, hay todavía más de 5.000 familias que no han podido volver a construir un hogar, y viven en los campos de acogida. Cáritas Congo «mantiene estos campos de acogida con alimentos, bidones de agua potable, abrigo e, incluso, imparten clases a los niños para que no se queden atrás en su educación».

En Congo también hay refugiados de otros países –de la República Centroafricana, de la vecina República Democrática del Congo, de Sudán, y hasta de Ruanda–. «Con ellos, tenemos un programa fuerte de alimentación, porque muchos, de los casi 200.000 que hay, se han instalado en el norte, que es una zona de selva inundada permanentemente, y donde cultivar tierras es imposible», explica.

El trabajo de don Miguel Ángel en Cáritas también se deriva en programas de sensibilización campesina, con ayudas a productos agrícolas –«ahora, tenemos en marcha un proyecto de 130 pozos de agua en la diócesis de Point-Noire», afirma– y formación de gestión en proyectos para los responsables de Cáritas diocesana, para los que obtiene apoyo de Cáritas estadounidense, Cáritas Francia y una organización alemana.

Las Cáritas parroquiales cumplen una función «muy efectiva», reconoce, mostrando el bien social que brota de la fe en Jesucristo. «Desde las parroquias, se están formando comunidades que contribuyan a mejorar la vida de su barrio: por ejemplo, se ayuda a las familias a comprar medicamentos, llevamos comida a los presos de la cárcel, porque están abandonados y nadie se preocupa por ellos, y un largo etcétera».

El papel de la Iglesia en Congo

Point-Noire es una diócesis salesiana por excelencia. Su presencia data del año 1959, y allí se han construido parroquias, centros de enseñanza profesional, colegios, y hasta un dispensario con farmacia y laboratorio de análisis. Pero sigue sufriendo el problema al que, por desgracia, se enfrenta la mayor parte del continente: «Es un país emergente, con mucha riqueza y mal repartida. Nuestro desafío es que se reduzca la pobreza», afirma.

Como ejemplo, en educación sólo se emplea un 3 % de los presupuestos nacionales, y un 6 % en sanidad –hace 6 años, en educación se gastaba un 12 %, y en sanidad un 16 %–. «Hay mucha corrupción de unos años hasta hoy», señala don Miguel Ángel. «Por eso, nuestro trabajo fundamental es exigir al Gobierno que se realicen los programas que prometen. Por eso, hacemos seguimiento en las regiones de los presupuestos aprobados, y vemos si tal escuela se realiza, si se construye o no el hospital… Muchos no se han hecho y el dinero ha desaparecido».

Otro de los grandes proyectos que la diócesis tiene entre manos es la construcción de la primera universidad católica en el país. «El universitario sólo puede estudiar en Brazzaville, y eso limita el acceso a muchísimos jóvenes de acceder a una carrera. Esta Universidad dará oportunidades a la gente del sur y de los países vecinos», concluye.

Cristina Sánchez Aguilar