El cardenal Simoni celebra Misa en el campo de prisioneros donde pasó 18 años
León XIV le ha escrito un mensaje en el que recuerda a quienes rezaron en ese lugar dando «un testimonio silencioso de fidelidad, valentía y esperanza»
Cuando el Papa Francisco hizo su primer viaje apostólico en suelo europeo, en 2014, escogió como destino Albania. Este enclave, otrora soviético, padeció una de las más terribles dictaduras comunistas. Enver Hoxha convirtió a Albania en el primer país del mundo oficialmente ateo. «El Estado no reconoce religión alguna y se encargará de fomentar el ateísmo», rezaba la carta magna albanesa.
Condenado a muerte por celebrar Misa
Esta obsesión contra las religiones, así como contra cualquiera que osara oponerse al dictador, propició una feroz persecución. La Iglesia católica quedó prácticamente aniquilada. En primer lugar, porque sus ministros fueron perseguidos, encarcelados y asesinados. Algunos «solo» fueron condenados a trabajos forzados. Es el caso de Ernest Simoni. Fue arrestado por el Sigurimi, la policía comunista, acusado de haber celebrado una Misa en sufragio por JF Kennedy. Considerado como «enemigo del pueblo», Simoni fue condenado a muerte. Sin embargo, la pena le fue conmutada a 25 años de trabajos forzados. Era 1963. Y así, el sacerdote hizo del campo de prisioneros su tierra de misión.
Cuenta que celebraba la misa cada día, con la poquita harina que conseguía y alguna uva exprimida. Como la decía en latín, de memoria, los carceleros no le entendían y pensaban que estaba teniendo alucinaciones. Si se hubieran dado cuenta de lo que hacía, lo habrían asesinado de inmediato. En ese campo, además de trabajar en las minas, Simoni confesaba, acompañaba a los demás prisioneros e intentaba hacer el bien. No cumplió la condena completa. Fue liberado en 1981. 18 años de trabajos forzados y, tras dejar el campo, vivió más clandestinidad. Por si no hubiera sido poco, el régimen comunista lo mandó a limpiar las alcantarillas.
Directamente cardenal
Cuando el Papa Francisco visitó Albania, conoció a Simoni quien le contó un poco de lo que había vivido. Los ojos del Pontífice se llenaron de lágrimas. Dos años después, el Papa lo creó cardenal. No obispo. Directamente, cardenal. Francisco siempre definió a Simoni como un mártir viviente de la fe. Hoy en día, a sus 97 años, el cardenal albanés se mantiene extraordinariamente activo.

Con el casco en la mano
Acaba de celebrar Misa en ese campo de prisioneros de Spaç, donde él fue encarcelado, en memoria de quienes sufrieron o perdieron la vida allí. Durante la Eucaristía, enseñó a los fieles el casco que usaba cuando bajaba a las minas.
El Papa León XIV le ha enviado un mensaje con motivo de esta ocasión. «Ninguna cadena es lo suficientemente fuerte como para aprisionar una conciencia iluminada por el Evangelio, ninguna noche es lo suficientemente larga como para impedir el amanecer que el Señor prepara para sus hijos, y ninguna prisión es lo suficientemente profunda como para separar al hombre del amor de Dios», le escribe el Pontífice.

León XIV recuerda que ese campo simboliza una de las páginas más dolorosas de la historia de Albania. Fue un lugar donde «muchos cargaron con la pesada cruz de la injusticia», pero también donde «la sangre de quienes sufrieron y murieron en esas montañas regó aquella tierra, convirtiéndola en un testimonio silencioso de fidelidad, valentía y esperanza».
El mensaje del Papa se leyó al final de la Eucaristía. León XIV se unió a la oración por todos aquellos que murieron en ese lugar. «Que su memoria permanezca viva y sea para las nuevas generaciones un recordatorio constante de la inviolable dignidad de la persona humana, del valor de la libertad y del compromiso con la paz», concluía su mensaje.