El Camino Neocatecumenal celebra sus 60 años en la Almudena

El Camino Neocatecumenal celebra sus 60 años en la catedral de la Almudena

«La Iglesia de Madrid y su obispo quiere agradecer al Camino Neocatecumenal su caminar evangelizador», ha asegurado el cardenal Cobo ante 6.000 personas. Ha dado gracias su vivencia de la comunidad, a imagen de la Trinidad y su «revitalización del camino bautismal», al tiempo que ha subrayado la necesidad de «pasos nuevos» de integración en la pastoral diocesana y la importancia del respeto a la conciencia

María Martínez López
Kiko Argüello ha leído la monición antes del inicio de la Eucaristía. Foto: Álvaro de Juana.
Kiko Argüello ha leído la monición antes del inicio de la Eucaristía. Foto: Álvaro de Juana.

«Sed bienvenidos», ha saludado entre aplausos en la tarde de este sábado Kiko Argüello, coiniciador del Camino Neocatecumenal, al inicio de la Eucaristía por el 60 aniversario de este itinerario de iniciación cristiana en la catedral de Nuestra Señora la Real de la Almudena. «Es importante la historia; hacer memoria de cómo el Señor ha actuado a lo largo de todos estos años», ha recalcado Argüello, debajo de los iconos pintados por él mismo en el ábside del templo.

Antes, había pedido un aplauso para los 130 presbíteros presentes, así como para los itinerantes de varias naciones. Ha presidido la Misa el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo. Estaban también presentes el cardenal Antonio María Rouco, arzobispo emérito de Madrid; los obispos de Alcalá, Antonio Prieto Lucena, y de Vitoria, Juan Carlos Elizalde; el auxiliar de Getafe, José María Avendaño; el emérito de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, y José Luis del Palacio, emérito de Callao (Perú).

«Si el Camino se ha extendido tan portentosamente ha sido por el apoyo de todos los Papas, que lo han considerado un don del Espíritu Santo para toda la Iglesia», ha asegurado Argüello. Antes, había subrayado que «en el Camino no hacemos nada sin el Papa y sin los obispos».

Su coiniciador ha definido esta realidad como «una iniciación cristiana suscitada por el Espíritu Santo como uno de los frutos del Concilio», que hizo realidad «en las barracas de Palomeras Altas», por la vía de los hechos, lo que «en el Vaticano II se estaba elaborando por escrito». Por eso, «hemos podido dar testimonio de que Dios está vivo en la Iglesia».

El secreto de la Trinidad

Kiko Argüello ha recordado asimismo, antes de la procesión de entrada de los obispos, que esta acción de gracias se celebra en la solemnidad de la Santísima Trinidad. «La Virgen nos ha encomendado hacer comunidades cristianas como la santa familia de Nazaret», que a su vez es «es imagen de la Trinidad porque Dios es familia, es comunidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo».

En las comunidades que la Virgen ha pedido al Camino, y que se constituyen recorriendo las fases de «humildad, sencillez y alabanza», «los cristianos puedan ser adultos para cumplir su misión en un mundo cada vez más secularizado». Del mismo modo que en la Sagrada Familia Jesucristo nació niño y creció hasta ser adulto y realizar su misión.

Argüello ha abundado en que «Cristo ha resucitado para que podamos vivir una vida nueva», no solo para ir al cielo. Con su Muerte y Resurrección, nos ha dejado «ese espíritu de amor, este amor sobrenatural que la Iglesia llama caridad». «Es lo que nos ha llevado a amarnos durante estos 60 años», y también «el enorme misterio al que el Señor nos llama hoy».

Comunidad y revitalización del camino bautismal

«Hace 60 años, entre las chabolas de Palomeras Altas, nació una experiencia que quiso anunciar que Jesucristo sigue saliendo al encuentro de cada persona, especialmente de quien se siente olvidado». Así ha comenzado el cardenal arzobispo de Madrid su homilía, ante unas 6.000 personas reunidas en la catedral y las plazas cercanas.

«No es casualidad que surgiera allí: Dios suele sembrar sus obras más fecundas en los lugares que el mundo apenas mira, y con personas concretas como Kiko, Carmen y tantos otros que han llegado después». Cobo ha recordado cómo después la Iglesia de Madrid, en la mirada del obispo Casimiro Morcillo, discernió en esa semilla «una llamada del Espíritu para la evangelización de toda la Iglesia».

«60 años después, damos gracias por la fidelidad de Dios, que sigue suscitando caminos nuevos para anunciar el Evangelio y llama a la Iglesia a afrontar los desafíos de cada época desde la Palabra de Dios, la vida litúrgica y la comunidad».

El cardenal Cobo también ha aludido al misterio de la Santísima Trinidad. La Iglesia «no es simplemente una organización ni una suma de personas; es comunión» que «hunde sus raíces» en la Trinidad. Y se «expresa en la riqueza de vocaciones, carismas y ministerios que el Espíritu suscita para el bien de todos». Este pueblo peregrino aprende «a vivir la diversidad como un don». Del mismo modo, «cada comunidad cristiana está llamada a reflejar esa unidad que tiene su fuente en Dios».

El arzobispo de Madrid ha recalcado asimismo que «del Bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo brota nuestra identidad como Pueblo de Dios». Así se vive en el Camino, al «apostar por la revitalización del camino bautismal y la importancia del laicado».

«Pasos nuevos de integración» en la diócesis

Ha recalcado a continuación que en la Iglesia, la comunión «toma cuerpo en una realidad concreta: la diócesis». Esta Iglesia diocesana «estáis llamados a edificarla y colaborar cordialmente» con ella. «Hoy así lo renovamos», al tiempo que «necesitamos seguir dando pasos nuevos y creativos de integración en la pastoral diocesana».

La contemplación de la Trinidad, por otro lado, «sugiere una llamada continua a renovar y  examinar nuestras actitudes y modos de proceder respecto a la comunión eclesial en la marcha diaria de la vida de vuestras comunidades en esta Iglesia local». Una llamada ««a vivir vuestra propia espiritualidad, vuestro carisma como don del Espíritu lejos de todo encerramiento, como constructores y testigos de la comunión».

Esta comunión «no es homologación ni desaparición de las diferencias». Evita «toda división, enfrentamiento u oposición a lo diverso». La diversidad de carismas, ha recordado, «tiene como finalidad la unidad del cuerpo eclesial». Estos «no son propiedad exclusiva de quienes los reciben y ejercen, sino que están regalados para “el bien común”». Tal como ha enseñado el Sínodo, caminar juntos en esta diversidad «es un signo eficaz de la presencia del amor y la misericordia de Dios».

Reflexionando sobre las lecturas de la liturgia, el cardenal Cobo ha señalado cómo el Éxodo «nos revela el nombre más profundo de Dios: compasivo y misericordioso». Jesús «nos enseña el rostro de esa misericordia al revelarnos a Dios como Padre».

«Todos nosotros hemos experimentado esa misericordia que nos enseña a vivir no desde el juicio o la superioridad, sino desde la humildad de sabernos pecadores amados y salvados». Solo «desde esa experiencia podemos construir comunidades verdaderamente evangélicas, donde cada persona sea acogida con la misma paciencia, ternura y compasión con que Dios nos acoge». Esta dimensión «no puede faltar nunca como corazón y centro de la predicación».

Agradecimiento por 60 años de «caminar evangelizador»

Por otro lado, el arzobispo ha apuntado que Dios «nos pide respetar exquisitamente el camino, la libertad y la conciencia de cada persona». Esta, como dijo el Concilio, «es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que está solo con Dios». Por ello, «nadie tiene derecho a suplir la conciencia de nadie, ni a impostar la voz de Dios con la suya propia». Además, «hoy tenemos una sensibilidad especial que nos obliga a ser muy cuidadosos» en este ámbito.

«La Iglesia de Madrid y su obispo quiere agradecer al Camino Neocatecumenal su caminar evangelizador, en estos 60 años, en tantos ambientes de esta ciudad», ha afirmado Cobo en otro momento de la homilía. «En esta Iglesia disteis los primeros pasos humildes y pobres en el barrio de Palomeras en Vallecas».

«Damos gracias a Dios con vosotros, de modo particular por la evangelización de las familias y a cuantos os habéis dejado tocar por el anuncio de la belleza del Evangelio». También ha agradecido «este camino donde habéis compartido con generosidad la misión de esta Iglesia que peregrina en Madrid».

«No han faltado los gestos de santidad entre vosotros y nos alegramos de haber dado inicio, en nuestra diócesis, a la causa de canonización de Carmen». Precisamente este martes se celebrará la clausura de la fase diocesana de este proceso que podría elevar a los altares a la coiniciadora del Camino Neocatecumenal, Carmen Hernández, fallecida en julio de 2016.

Diálogo con las «realidades más complejas»

Por último, el arzobispo de Madrid ha recordado que estamos en vísperas del viaje del Papa León XIV a España. «Es momento de Alzad la mirada, “duc in altum”, sin miedo a abandonar la orilla segura, donde nos encontramos reconocidos y aplaudidos».

«El discípulo misionero se arriesga a llevar la barca a la profundidad del mar, incluso puede experimentar el fracaso de bregar toda la noche sin coger nada». Así, «nuestro premio no son las respuestas numerosas; la eficacia del Reino no imita la eficacia empresarial».

Ha animado a los miembros del Camino Neocatecumenal a no tener «dificultad en entrar en diálogo con nuestra sociedad en sus realidades más complejas». De ellas «no siempre se espera un fruto de conversión; porque el anuncio pretende que se conozca a Jesús y su Evangelio, pero respetando la respuesta y el camino en libertad que cada uno elige». Les ha pedido además «emplear tiempo en la escucha paciente de quien duda, en la acogida de quien ha perdido la esperanza y solo busca afecto y comprensión».

«Alzad la mirada y acoger la llamada que hace toda la Iglesia  para acoger el  Sínodo y  construir una Iglesia más capaz de alimentar relaciones con el Señor, entre hombres y mujeres» y en todas las realidades. «Jesús no despide a nadie, sino que se detiene, acoge y escucha a cada persona allí donde está su historia y su libertad».

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