Eduardo Vilar-Sánchez: «Es la primera vacuna para prevenir el cáncer no viral»
Nuestro primer madrileño ilustre es Eduardo Vilar-Sánchez (Madrid, 1978), que está a punto de presentar los resultados de su investigación. La vacuna «está diseñada para tres tipos de cáncer: de colon y recto, que en realidad es uno, gástrico y cáncer de endometrio», explica. «Si realmente se muestra una eficacia, creo que esto será básicamente el modelo de desarrollo a seguir para generar vacunas que puedan aplicarse en población general».
—¿Por qué se fue a Estados Unidos?
—Hice Medicina en Alicante y luego un doctorado en Biología Molecular. De ahí, pasé al Vall d’Hebron, en Barcelona. Aprendí mucho a nivel clínico, pero tengo un perfil más investigador. Lo que pasa es que en el sistema español, lamentablemente, la figura de médico investigador no está bien perfilada. Por aquel entonces, me hablaron de las becas de la Fundación La Caixa. Me presenté y me la concedieron. Así, terminé haciendo un posgrado de dos años en la Universidad de Michigan. De ahí pasé al MD Anderson, de Houston, donde pude formar mi propio equipo y aquí sigo.
—¿Cuántos años lleva investigando una vacuna para prevenir el cáncer?
—La primera conversación que tuvimos —me acuerdo todavía de ella— fue en 2016, así que diez años.
—¿En qué punto se encuentra ahora la investigación?
—Hemos acabado la fase 1, y las fases 2 y 3 ya se han diseñado. Se van a lanzar el año que viene. Para lo que es el desarrollo farmacéutico de un agente, va bastante rápido. Confío en que dentro de poco veamos los resultados, positivos o negativos, pero los veremos. Son muy prometedores, aunque hay que confirmarlos en un ensayo más grande y aleatorizado.
—¿Qué tipo de cáncer se podrá prevenir con la vacuna?
—En principio, la vacuna es específica para el síndrome de Lynch y está diseñada para tres tipos de cáncer: cáncer de colon y recto, que en realidad es uno; luego cáncer gástrico y cáncer de endometrio. Aunque el ensayo va a ver los efectos preventivos en todos los cánceres que se asocian al síndrome de Lynch, que es una variedad bastante grande. Lo que se espera es que esta vacuna pueda ser una respuesta muy efectiva para la prevención de cáncer en general en pacientes con síndrome de Lynch.
—¿El resto de la población, que no tenga el síndrome de Lynch, se va a poder ver beneficiada de esta vacuna?
—No, en principio va a ser para pacientes con este síndrome. Lo que ocurre es que esta es la primera vacuna que se hace para prevenir cáncer en general que no es derivado de infección vírica. Es decir, hay vacunas que previenen el cáncer, pero son vacunas contra cánceres inducidos por virus. Por ejemplo, el virus del papiloma humano, el virus de la hepatitis B, que genera cáncer de hígado. Y esta es la primera vacuna que se hará preventiva para un cáncer en general no viral. Entonces, si realmente se muestra una eficacia, creo que esto será básicamente el modelo de desarrollo a seguir para generar vacunas que puedan aplicarse en población general. Gente como usted y como yo, que no tenemos ninguna predisposición genética.
—Me imagino que el interés en su trabajo será planetario.
—La verdad es que sí. La repercusión ha sido enorme, y no me lo esperaba. He tenido peticiones de entrevistas de todo el mundo, de medios muy potentes, y también, por ejemplo, el año que viene voy a Australia a dar una conferencia. Es verdad que vivimos en un mundo global. Ahora las cosas tienen una repercusión mucho más amplia que antes.
—¿Qué supone para usted estar en contacto con una enfermedad que se lleva por delante la vida de tantas personas?
—Mi relación con el cáncer ha ido cambiando. Ahora, con la edad, me pongo mucho más en la piel de mis pacientes. Te obliga a pensar en el más allá, pero también enriquece tu experiencia vital. Yo, al final, he aprendido muchísimo de cada uno de mis pacientes.
—¿De qué parte de Madrid es usted?
—Nací en la Maternidad Santa Cristina, que ahora creo que es el Hospital La Princesa, así que del barrio de Salamanca. Mi padre era residente de ginecología de aquella maternidad. Allí conoció a mi madre, que era alumna de matrona. Pasé por varios colegios, el primero de ellos, el Ramiro de Maeztu. Luego ya nos fuimos a vivir a San Lorenzo del Escorial y entramos en el Real Colegio Alfonso XII de los Agustinos. Más tarde nos trasladamos a Toledo y fui a un colegio de los maristas. Y cuando nos mudamos a Elche, entré en Aitana, un colegio de Fomento.
—¿Qué recuerdos tiene de Madrid?
—Pasé por muchos sitios, pero para mí es el lugar al que siempre hemos vuelto.