El 1 de enero entró en funcionamiento el dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, hasta ahora quizá la principal novedad en las reformas que impulsa el Papa en la Curia vaticana. En un momento en que la globalización se encuentra en claro retroceso y regresa por la puerta grande la Realpolitik, con su fe ciega en la fuerza bruta, esta decisión recuerda que, para promover la paz, es imprescindible defender la justicia. De manera temporal, Francisco se ha reservado la gestión directa del departamento de migrantes y refugiados, lo cual seguramente tiene mucho de simbólico, al acentuar la importancia de un fenómeno que define el momento actual de la historia. Y aquí el problema no se limita al egoísmo de los países ricos. India, Pakistán y México, por poner tres ejemplos, tendrían mucho que decir sobre el trato que dan a sus inmigrantes procedentes respectivamente de Bangladés, Afganistán y Centroamérica. Ese desprecio por la dignidad de las personas migrantes es otra forma de Realpolitik, y cada vez que un gobernante la practica (con o sin el beneplácito de su opinión pública) está generando las condiciones para la siguiente crisis, que de un modo u otro terminará por alcanzarnos a todos.

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