Algunas lo han hecho ya. Siguiendo las indicaciones del Papa, otras diócesis españolas se disponen a poner en marcha oficinas de atención a las víctimas, que deberán servir tanto para investigar las denuncias como para prestar atención a estas personas. Al pasar de las palabras a los hechos, de las intenciones a la acción, comienzan a plantearse algunos debates: ¿Puede ser la Iglesia juez y parte, o conviene externalizar estos procesos, cuyo horizonte ideal será siempre la reincorporación plena en la comunidad eclesial tras un ejercicio de justicia restaurativa (que en absoluto excluye la justicia civil ni la canónica)? Benedicto XVI les decía a las víctimas de Irlanda que «es comprensible» que les resulte difícil reconciliarse con la Iglesia. «Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una Iglesia después de lo que ha sucedido». Es un diagnóstico que tener en cuenta a la hora de preguntarse qué tipo de atención demandan las víctimas, sin olvidar que la casuística es muy diversa y que la Iglesia debe en estos momentos responder al reto de adaptarse eficazmente a las necesidades particulares.

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