Ébola, guerra y recortes pueden dejar a muchos niños congoleños fuera del colegio
El exdirector de Fe y Alegría en República Democrática del Congo ha visitado España para denunciar, de la mano de Entreculturas, la reducción de la ayuda internacional en educación
El ébola no ha cerrado de momento los colegios en la República Democrática del Congo pero, «en combinación con el conflicto» en el este del país, «supone un importante desafío para el sistema de educación congoleño», asegura a Alfa y Omega Alfred Kitesso, exdirector de Fe y Alegría en el país. Con motivo de su visita a España para presentar una nueva edición de la campaña La silla roja, de Entreculturas, Kitesso explica que el 1 de septiembre comenzó el curso en las 60 provincias educativas.
Con todo, en las zonas rojas, consideradas de alto riesgo por el Ministerio de Educación Nacional y Nueva Ciudadanía, se ha establecido un sistema «de aprendizaje remoto simplificado». Aun así, «la inseguridad, el desplazamiento forzoso y los elevados niveles de movilidad de la población» no solo complican la respuesta sanitaria al brote.
También «hacen difícil el acceso a la educación». Más aún si esta tiene que ser online. «El miedo al contagio» es otro factor que puede reducir la escolarización. Las muertes por la enfermedad, sumadas a las debidas al conflicto, «debilitan a las familias y las comunidades educativas». Y, por último, ambas crisis juntas «aumentan la presión sobre los recursos humanos, económicos y logísticos del Gobierno», enumera Kitesso.
Este impacto se suma al que la guerra suponía ya de por sí, añade. «Muchos colegios han sido destruidos, quemados u ocupados». Además, para los niños desplazados es «más difícil acceder a una nueva escuela». A ello se suma «el impacto psicológico de la violencia, las dificultades y la inestabilidad familiar», aumentando el riesgo de abandono escolar.
¿Qué podría hacer la comunidad internacional?
Frente a una situación así de grave, el sector educativo del país «necesita apoyo internacional para asegurar la continuidad del aprendizaje en las zonas afectadas por el ébola, así como para fortalecer las medidas de prevención y la distribución de información de salud pública en los centros», apunta Kitesso.
En particular, haría falta ayuda para «hacer que la educación a distancia sea operativa en las zonas de alto riesgo mejorando el acceso a los materiales y a herramientas de comunicación». Otra prioridad que cita es el apoyo psicológico para alumnos, profesores y personal administrativo afectados por esta constelación de problemas.
«Hace falta tratar la emergencia educativa con el mismo nivel de prioridad que la de salud pública y seguridad» y asignarle recursos económicos en consecuencia, reivindica el exdirector de Fe y Alegría en la República Democrática del Congo. Sin embargo, más allá del apoyo de algunos países, «una gran parte de la asistencia internacional se centra en las necesidades humanitarias inmediatas». Con ello se corre el riesgo de dejar de lado la educación, lo que puede hacer que siga aumentando un abandono escolar que luego no se revierta.
El impacto de los recortes
«Los recortes en la cooperación internacional están reduciendo directamente recursos necesarios para ofrecer una educación adecuada», denuncia Kitesso. Esto afecta, por ejemplo, a la rehabilitación de colegios, a la formación del profesorado y al acceso a materiales educativos.
Más en general, esta reducción de la ayuda internacional mina la lucha contra el abandono escolar y para mejorar las condiciones de aprendizaje y la innovación. Todo ello «tiene consecuencias económicas y sociales porque un sistema educativo debilitado reduce las oportunidades económicas y las perspectivas de futuro y sigue aumentando la desigualdad».
Recortar no es un juego, son vidas es el lema que Entreculturas ha elegido para la edición de su campaña La silla roja en 2026, centrada en la crisis de financiación educativa a nivel global. En la rueda de prensa de presentación, en la mañana de este martes, se ha denunciado que la Ayuda Oficial al Desarrollo se enfrenta a una caída global prevista del 24 % en educación. Esto puede dejar fuera de la escuela a seis millones de niños y niñas y reducir la calidad educativa de otros 290 millones.
Estos recortes contrastan con el hecho de que en los países de la UE pertenecientes a la OTAN el gasto en armamento creció entre 2014 y 2023 once veces más rápido que el educativo, que sigue estancado en torno al 4,2 % del PIB.
En la rueda de prensa, junto con Kitesso, ha participado Sonia Adames, coordinadora pedagógica de Fe y Alegría República Dominicana. Adames ha descrito cómo el incremento de la inversión pública en educación ha mejorado el transporte escolar, la alimentación, los materiales y las infraestructuras.
Ante esta situación, Entreculturas reclama justicia fiscal, soberanía presupuestaria y más cooperación internacional. Entre sus propuestas se encuentran apoyar una Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional y dar pasos para reducir la deuda cuando esta limite la inversión en derechos sociales. En España, piden avanzar hacia el 0,7 % de ayuda oficial al desarrollo, y blindar que un 8 % de esta a educación.