«Dolce y Gabbana son unos hipócritas: defienden la diferencia de sexos, pero la difuminan en su pareja»

Profesor de Instituto, Philippe Ariño saltó a la fama en 2013, con motivo del debate sobre el matrimonio homosexual: su originalidad radica en su faceta de homosexual confeso con compromiso de castidad y firme opositor al matrimonio entre personas del mismo sexo. Entre apariciones televisivas, libros, conferencias y hasta un disco, nunca se cansa de explicar su posición. En exclusiva para Alfa y Omega comenta la polémica desatada desde hace unos días por los modistos Dolce y Gabbana en defensa de la familia natural que tantos estragos está causando

José María Ballester Esquivias

Profesor de Instituto, Philippe Ariño saltó a la fama en 2013, con motivo del debate sobre el matrimonio homosexual: su originalidad radica en su faceta de homosexual confeso con compromiso de castidad y firme opositor al matrimonio entre personas del mismo sexo. Entre apariciones televisivas, libros, conferencias y hasta un disco, nunca se cansa de explicar su posición. En exclusiva para Alfa y Omega comenta la polémica desatada desde hace unos días por los modistos Dolce y Gabbana en defensa de la familia natural que tantos estragos está causando

¿Cual fue su primera reacción cuando se enteró de las declaraciones de Domenico Dolce?

Tuve dos. La primera fue de lamento: ¡Pobre Papa Francisco! Nadie le ayuda. Si hasta los católicos dejan de transmitir el mensaje de la Iglesia sobre la homosexualidad y lo reducen todo a las consecuencias del matrimonio homosexual para no abordar la ley en su conjunto, el Papa va a estar muy solo.

¿Y la segunda ?

De miedo. ¡Caramba! La Manif pour Tous italiana surfea sobre la ola de homofobia más facilona: la del anti-lobby LGBT. Está cayendo en la misma trampa que La Manif Pour Tous francesa: la lucha contra el matrimonio para todos encierra un argumentario focalizado exclusivamente sobre la filiación y no sobre la homosexualidad; y en el intento de diabolización/división del mundo gay, intento que no hace avanzar el debate y cuyo objetivo es amparar a todas las parejas homosexuales «castas, discretas y no reivindicativas». Por culpa de este grueso error estratégico, el matrimonio gay tiene muchas posibilidades de ser aprobado en Italia.

¿Cree que hay muchos otros homosexuales que piensan como Dolce y Gabbana?

Me atrevo a decirlo: en el fondo, todos los homosexuales que practican su homosexualidad y creen en el «amor» homosexual piensan como Dolce y Gabbana. Incluido Elton John, aunque últimamente se esté contradiciendo, por demagogia y, sobre todo, porque ya no tiene nada que perder: el daño está hecho y no le queda más remedio que asumirlo a tope.

Insisto: ¿de verdad que todos los homosexuales opinan de esa manera?

En privado, casi todos los homosexuales están en contra de derechos irrealistas que se les quiere atribuir y que fingen querer.

¿Por qué?

Por miedo de que se les considere homófobos y traidores de su bando. Dicen todos que están fuera del ambiente, a favor del derecho al matrimonio pero en contra de sus consecuencias, es decir, la adopción, la procreación asistida y las gestación por alquiler, y también, a fin de cuentas, contra el matrimonio. Solo quieren el derecho al matrimonio para vengarse del matrimonio verdadero (la unión de amor entre el hombre y la mujer), para, a continuación, lograr el derecho de rechazarlo.

¿Qué le parece el llamamiento al boicot de Dolce y Gabbana realizado por Elton John?

Lo entiendo, pero no lo justifico.

¿Lo entiende?

Lo entiendo en la medida en que también hay una auténtica contradicción –aunque no sea tan grave y tan espectacular como la de Elton John– y una hipocresía en la actitud de Dolce y Gabbana. Defienden la primacía de la diferencia entre sexos en la familia, pero difuminan de forma concreta la diferencia de sexos en el amor y en su(s) pareja(s), disociando la pareja de la familia con la de la filiación.

Esta disociación…

Es chocante y nada católica, aunque intente dar esa apariencia. Por no honrar, no honra ni a la diferencia entre sexos.

¿Es el único problema?

No: el problema principal del conflicto entre Dolce y Gabbana y Elton John no radica en el descubrimiento y la denuncia de la división en los “ambientes homosexuales”. La tensión, efectivamente, existe. Pero ¿de qué sirve destacarla si, primero, no se explica y, luego, no se dice cual es su origen? Si por lo menos esta violencia en el seno de la comunidad homosexual se identifica como la práctica homosexual en sí misma, o como la identidad o el amor homosexual, sería constructivo.

Pero no es el caso.

No es en absoluto el caso en la boca de todos aquellos que toman partido por Dolce y Gabbana y que solo buscan una cosa: dividir para reinar; pero no quieren para nada hablar de homosexualidad ni cuestionar el amor homosexual y prefieren centrar el debate de oposición al matrimonio para todos en la filiación y también fomentar un odio que ya existe entre los integrantes de la comunidad homosexual desde que esta existe. Esta empresa de desvelación de las divisiones internas entre homosexuales solo es una maniobra de diversión.

¿Cual es la clave y la finalidad de esa maniobra?

Una vez que los católicos pro familia que argumentan #JesuisDolce&Gabbana hayan demostrado que, tal y como hace el Comité Homovox en Francia, que “todos los homosexuales no están de acuerdo con las leyes que se promulgan en su nombre” , ¿qué habrán ganado, a parte de una respuesta lacónica por parte de los pro matrimonio para todos tipo “No es porque una minoría de homosexuales no está de acuerdo con esta ley y que una extrema minoría rechazará este derecho que no quita nada a nadie, que hay que negarlo a los que de verdad lo quieren”?

¿Se puede hablar de un principio de escisión o de graves disensos en el seno del lobby gay?

No. Es una simulación de guerra, muy frecuente en los ambientes homosexuales. Esta maniobra orquestada intenta amparar una defensa común del amor homosexual, de la identidad homosexual y de los actos homosexuales entre los individuos que están dentro de los ambientes homosexuales y los que están fuera. De forma inconsciente los homosexuales favorables y contrarios al matrimonio para todos fingen pelearse sobre el asunto de la filiación y sobre sus consecuencias para que, mediante el concierto ensordecedor de sus diálogos, nadie cuestione sus prácticas amorosas.

¿Cual es entonces la realidad?

Que los dos bandos homosexuales que supuestamente se pelean trabajan juntos a favor de la misma causa ideológica. Juegan a ser los gemelos enemigos para engañar.

¿Habrá un antes y un después del caso Dolce y Gabbana?

Para nada. Mientras no se desenmascaren ni se expliquen los mitos del amor homosexual y de la identidad homosexual, y se explique también la heterosexualidad, el caso Dolce y Gabbana no pasará de ser una hoguera de paja inútil que escita las pasiones en los pro y anti matrimonio para todos; y ambos tendrán la sensación de ser víctimas del otro. Así, se potenciará a los quejicas de ambas partes. Las leyes del matrimonio para todos están fundadas, tanto en clave argumentativa como funcional, sobre el amor homosexual, y no sobre la familia o la procreación: lo recuerdo por si acaso.

Por lo tanto…

…la polémica Dolce y Gabbana dispara fuera de la diana.

¿Qué convendría hacer a partir de ahora?

De entrada, rezar para que en Italia surja una persona homosexual y ponga abiertamente en el debate público los asuntos de la homosexualidad y la heterosexualidad y los desmitifique. Porque si los argumentos para oponerse al matrimonio para todos siguen centrándose exclusivamente en el niño (un ser que no tiene las espaldas lo suficientemente anchas para llevar por sí solo el matrimonio de sus padres biológicos) y privarse de paso de una reflexión auténtica sobre la homosexualidad y la heterosexualidad, apuesto por una derrota total de la Manif pour Tous italiana, como fue el caso en Francia. El niño ni es ni tiene por qué ser un objeto retórico o político, incluso por parte de los opositores al matrimonio para todos. ¡Que los católicos me oigan!

J.M. Ballester Esquivias @jmbe12