Diario de un cura rural: el fracaso y la gracia, 90 años después - Alfa y Omega

Diario de un cura rural: el fracaso y la gracia, 90 años después

La novela de Bernanos no es la de un éxito pastoral medido en conversiones, sino un reflejo de que el cristianismo es propio de minorías. El sacerdote percibe el verdadero mal de una sociedad oficialmente cristiana: la carencia de vida interior

Antonio R. Rubio Plo
Fotograma de la película de Bresson 'Diario de un cura rural', utilizado por Encuentro para la portada de la novela.
Fotograma de la película de Bresson Diario de un cura rural, utilizado por Encuentro para la portada de la novela. Foto: Ediciones Encuentro.

En febrero de 1936 se publicó Diario de un cura rural, de Georges Bernanos, considerada una de las grandes novelas católicas del siglo XX. Es la crónica del ministerio de un joven sacerdote en su primera parroquia, en el pueblo de Ambricourt, y sus relaciones con los campesinos del lugar y con una familia aristocrática que detenta allí el poder económico. Balzac utilizó una trama similar en El cura de aldea, publicada un siglo antes, y su sacerdote tiene bastante de reformador social. Es un hombre de carácter fuerte, organizador y eficaz, un triunfador que contribuye a regenerar una pequeña comunidad. Sin embargo, este progreso es de carácter externo y material, aunque a la vez el autor defienda un orden social cristiano.

Por el contrario, Diario de un cura rural es una novela de profunda espiritualidad, reflejada en el diario íntimo que el sacerdote pretende redactar partiendo de su experiencia de oración, si bien poco a poco sus preocupaciones y angustias, y su trato con la gente de Ambricourt, van llenando las páginas. No sustituyen a las inquietudes espirituales del personaje, aunque son una demostración de que, para el joven sacerdote, no existe la opción de vivir una espiritualidad semejante a la que pudiera tener detrás de los muros de un monasterio. Tampoco esta historia pretende equipararse con la del cura de Ars, que, tras las dificultades iniciales, se entregó en cuerpo y alma, durante cuatro décadas, a su parroquia con abundancia de frutos visibles en toda Francia. 

La novela del sacerdote de Ambricourt es, entre otras cosas, un testimonio de la profunda soledad humana en la que puede vivir un sacerdote en cualquier época. No es la novela de un éxito pastoral medido en conversiones. Antes bien, es un reflejo de que el auténtico cristianismo es propio de minorías. En la aldea de la obra, el sacerdote percibe el verdadero mal de una sociedad oficialmente cristiana: la carencia de vida interior. Muchas personas han seguido apegadas a las devociones de su infancia, como el notario del lugar, pero estas no han tenido apenas repercusión en su actividad ordinaria. Por eso, el diagnóstico de Bernanos sobre la sociedad francesa de su época, extensible también a la nuestra, es que carece de la virtud de la esperanza. Cree en la falsa y frágil esperanza del optimismo, mas no conoce la esperanza cristiana. Se entiende que sea presa de la desesperación, una tentación que no es ajena al protagonista. La vencerá con lo que Bernanos califica como la más alta forma de esperanza: el hacer retroceder a la desesperación. Con todo, esto no sería posible sin la oración. La verdadera plegaria es, a menudo, un combate espiritual. Puede parecer un esfuerzo inútil, pero hay que desear hacer oración. Con un deseo sin cesar, se está rezando sin cesar. Ese deseo es, a la vez, un combate contra la tibieza. Cabe recordar que san Agustín escribió que, si la oración es tibia, la caridad también lo será.

La labor del cura en su parroquia va acompañada de no pocas contrariedades. Constata que sus feligreses están dominados por el aburrimiento y tiene que escuchar de su mentor, presbítero en Torcy, que un verdadero sacerdote nunca es amado y que solo puede aspirar a ser respetado y obedecido. Se sorprende de que una niña de la catequesis le diga que le escucha con atención no por sus enseñanzas, sino porque tiene los ojos muy bonitos. Además, no todos aceptan su labor pastoral, pues consideran que un sacerdote no debe mezclarse en los asuntos de familia, aunque a la vez proclamen con toda frialdad que la principal misión de la Iglesia es proteger a la familia y a la sociedad. La reducen a una expresión del orden establecido.

Muchas noches el cura no puede conciliar el sueño. La tristeza se apodera de él y anhela palabras humanas de compasión y ternura. Termina yendo de madrugada a la iglesia y se duerme en un banco con la cabeza entre las manos. Por otra parte, sus frecuentes dolores de estómago serán el preludio del diagnóstico de un cáncer incurable. Las dudas, las humillaciones y los sufrimientos físicos han marcado la existencia del joven sacerdote. Sin embargo, su fe será salvada por una fidelidad perseverante, como la del siervo bueno y fiel de la parábola de los talentos (Mt 25, 21).

Diario de un cura rural es la novela de Bernanos más influenciada por santa Teresita de Lisieux. El sacerdote acude a visitar a un antiguo compañero del seminario, que ahora es viajante de comercio. La muerte le sorprende en su casa, aunque todavía tiene tiempo de susurrar a su amigo estas palabras: «¿Qué importa? Todo es gracia». Aquí está presente la espiritualidad de Teresita, que repite en sus escritos que todo es un don gratuito de Dios.