1 de octubre: santa Teresa del Niño Jesús

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María Francisca Teresa nació el 2 de enero de 1873 en Francia. Era hija de un relojero y de una costurera. Era la menor de sus hermanas y no muy devota. Su madre falleció cuando Teresa tenía tan solo cuatro años. Corría el año 1877 y su padre tuvo que vender la relojería e irse a vivir a Lisieux.

Cinco años después de la muerte de la madre y del traslado de la familia, Paulina entró en el convento de las carmelitas. La hermana pequeña presintió que ella seguiría los pasos de su hermana. A los catorce años otra de las hermanas de Teresa ingresa también en las carmelitas. Era 1886, Teresa tenía dos hermanas monjas y sufre, durante las Navidades, una gran conversión que recordó para el resto de sus días. Ella misma lo describió así: «En esa noche de Navidad acababa de nacer otra Teresita. Jesús me transformó de tal manera que ni yo misma me conocía».

A raíz de esta conversión decide entrar en el convento pero su padre fue el único que le apoyó. Las monjas, así como el señor obispo de Bayeux pensaban que todavía era muy joven. Teresa tenía 14 años.

La pequeña se había convertido y tenía claro su ingreso en las carmelitas, por eso, aprovechando un viaje a Roma con motivo del jubileo sacerdotal del Papa León XIII, se arrodilló delante del Santo Padre y le pidió su ingreso en la orden. El Pontífice le recomendó seguir las directrices de sus superiores. Se volvió de Roma con la negativa de León XIII pero tres meses después recibió el beneplácito del Papa y con 15 años, el 9 de abril de 1888, entró en el Monasterio del Carmelo de Lisieux.

Su ingreso en el convento supuso un reguero de oraciones y sacrificios ofrecidos por la conversión de los pecadores y por las misiones. En 1893, con tan solo 20 años, Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias.

En 1897 enfermó de tuberculosis y ya nunca volvió a salir de la enfermería. Sus últimos meses de vida se vieron envueltos entre grandes padecimientos físicos y morales. Lo vivió con santidad pensando que era lo mejor que le podía ofrecer al Señor. Teresa murió el 30 de septiembre de 1897 agarrada a un pequeño crucifijo y exclamando «Dios mío, os amo».

Teresita del Niño Jesús puso su acento en la oración y en las pequeñas cosas del día a día hechas por amor a Dios. Ella lo llamó la pequeña vía como un camino para llegar a la infancia espiritual. Su espiritualidad se recogió en el libro Historia de un alma, una autobiografía que escribió por orden de sus superioras y que se publicó como obra póstuma al morir Teresa. «Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor», escribe la santa en el libro.

Fue beatificada en 1923 y canonizada dos años después por el Papa Pío XI. En 1997, el 19 de octubre, fue proclamada Doctora de la Iglesia por san Juan Pablo II.

José Calderero @jcalderero