Bernanos, el católico incombustible

Georges Bernanos ha sido uno de los mejores escritores que Francia ha dado a este siglo. Un hombre combativo, visionario, libre de ataduras políticas y filosóficas, admirado por sus contemporáneos, y leído por los nuestros cada vez más. He aquí un escritor y, sobre todo, un hombre cristiano

Alfa y Omega
Bernanos, ganador del premio Fémina en 1929 por su obra La Joie

Georges Bernanos ha sido uno de los mejores escritores que Francia ha dado a este siglo. Un hombre combativo, visionario, libre de ataduras políticas y filosóficas, admirado por sus contemporáneos, y leído por los nuestros cada vez más. He aquí un escritor y, sobre todo, un hombre cristiano

Hace medio siglo, el 5 de julio de 1948, moría Georges Bernanos, el autor de Bajo el sol de Satán; Diario de un cura rural; Monsieur Ouine; Diálogos de carmelitas, por citar sólo algunas de sus más famosas obras literarias. Francia lo honra declarando este 1998 Año de Bernanos.

Bernanos, en su «fazenda» de Brasil, donde vivió durante la segunda guerra mundial
Bernanos, en su «fazenda» de Brasil, donde vivió durante la segunda guerra mundial

Traducido a 45 lenguas, Bernanos es hoy uno de los autores más leídos y seguidos por los jóvenes, como testimonia el número de tesis doctorales que tienen por objeto a él y su obra; además, las publicaciones que se dedican a sus obras han sido siempre acogidas con interés.

Y, sin embargo, Bernanos ha sido un personaje extremadamente incómodo, un solitario. De su familia había recibido una herencia hecha de fiereza, de fe católica, de gusto por los viajes, a lo que permaneció fiel durante toda su vida. Al ritmo de sus viajes a un sitio u otro (Pirineos, Normandía, Provenza, Mallorca, Brasil, Túnez…), su biografía está marcada por una constante: la necesidad de testimoniar la existencia de un universo sobrenatural, de luchar contra la injusticia, de buscar la verdad a la luz de la fe.

Dotado de un carácter fuerte, por el cual no duda en llamar a las cosas por su nombre, Bernanos era capaz de decir lo que ve, cuando muchos ven sin osar decirlo… Anticonformista, antiburgués, asumió la defensa de Acción Francesa en el momento de la condena papal; pero en 1932 no duda en entrar en violenta polémica con la asociación, a la que acusa de nacionalismo integral. Por lo demás, no había tenido miedo en 1930 de perder las simpatías burguesas, publicando El gran miedo de los bienpensantes.

Las dificultades económicas encontradas por su numerosa familia no le hicieron jamás dudar en un combate que juzgaba necesario: desde Mallorca, donde vivía desde hacía años, denunció los horrores de la guerra de España: Los grandes cementerios bajo la luna explotó como una bomba en los ambientes católicos.

El estallido de la segunda guerra mundial le encontró en Brasil, adonde había emigrado con la familia. El visionario de lo real, que había visto desde hacía tiempo la amenaza del fascismo y del colectivismo, desde 1940 combatió con sus escritos al lado de De Gaulle, al servicio de la France libre. El novelista y el polemista condujeron en realidad una sola batalla.

Según Albert Camus, Bernanos fue un escritor de raza que merece el respeto y el agradecimiento de todos los hombres libres. Para el general De Gaulle, que fue compañero suyo de colegio en los jesuítas de la rue de Vaugirard, en París, el Diario de un cura rural era la más grande novela francesa de su tiempo.

Bernanos, a los 9 años, en una representación teatral
Bernanos, a los 9 años, en una representación teatral

En cincuenta años la imagen del escritor no se ha diluido, al contrario. Entonces mal comprendidas o ridiculizadas, las denuncias visionarias de Bernanos, que invitaban a reconquistar un mundo que se iba de las manos y a luchar inmediatamente en nombre de la esperanza, asumen hoy un valor bien distinto, son quizá más transparentes.

Como dice su hijo, Bernanos sabía que lo peor para nuestro mundo sería que los jóvenes no fastidiaran a nadie, que se convirtieran tranquilamente en desocupados remunerados o en funcionarios descontentos, que por pragmatismo renunciasen a todos sus sueños, por el miedo al mañana, por ansia de hacer carrera, y que sus deseos más locos estuvieran corroídos por la duda; se habría entonces llegado a la división fatal entre garantizados y excluídos, que habría acabado dando razón, aunque tras el gran deshielo, al abuelo Marx.

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«Ni izquierda ni derecha. ¿Qué quiere que sea? Yo soy cristiano»

Bernanos, el hombre, nació en 1888, pero el escritor en 1914. Toda su vida acosó a los políticos de la III República francesa, a los escritores moderados, y más tarde a la crueldad de la guerra de España. Fue un rebelde: Yo no rechazo su orden, yo le reprocho que se haga sin amor. De las páginas de La Vanguardia de Normandía a El Periódico, hasta las de Le Figaro y La Acción Francesa, su credo no cambiará.

Su vida presenta una sorprendente e incombustible unidad: la influencia del joven Maurras, de Henri Lagrange… Novelista e interpelador, pero siempre escritor en la fe, él encarna numerosas facetas del genio francés: el de Péguy, Bloy, Barbey de Aurevilly… Era un reflejo de una civilización en la que lo espiritual y lo temporal vivían en buena armonía.

Dos tercios de Bajo el sol de Satán fueron escritos en el tren, a lápiz, sobre las rodillas. Manuscrito, por otra parte, hecho de fe: ¿Quién me ha inspirado este libro? La guerra. Me enseñó que la experiencia que nosotros tuvimos de la tragedia puramente sensible ha sido una decepción.

Bernanos fue un hombre desconcertante: este católico que reprendía a los obispos, este monárquico que fustigaba a la Acción Francesa, a la derecha antifranquista, izquierdista admirador de Drumont… Ni demócrata ni republicano, hombre de izquierda no más que hombre de derecha -respondía a quien se lo preguntara-: ¿Qué quiere que sea? Yo soy un cristiano. He aquí su gloria, lo que le permite afrontar la vida, la religión y la política. Bernanos vagó durante treinta años por el dulce reino de la tierra, sin piedra donde reposar la cabeza, y no se andaba con contemplaciones: El imbécil -solía decir- es, en primer lugar, un ser de costumbres.

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