Diana Navarro: «Siento la necesidad de dar consuelo con mis canciones»
CONFER ha entregado su Premio Carisma Fe y Cultura a esta artista malagueña que, en 30 años de carrera, ha llevado las saetas desde Nueva York hasta el Coliseo de Roma
Cada año en torno a Semana Santa, la artista malagueña Diana Navarro canta a Jesús de Medinaceli en Madrid y al Cautivo en Málaga e interpreta saetas en Barcelona. Sus 30 años de carrera, en la que está muy presente la música religiosa, le valieron el pasado martes el Premio Carisma Fe y Cultura de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER).
—Su dedicación a la música nació oyendo cantar en casa. ¿Por qué cree importante cantar en familia, aunque nadie se haga famoso por ello?
—Es una unión, un lenguaje común, una manera de comunicarse y sentirse querido, correspondido. Si cantar de por sí sana, hacerlo en familia es muy bonito. Cantaba por imitación, por ver a mi padre, mi hermana, mis tíos y mi tía, María Navarro, que fue de las primeras mujeres saeteras y ganó el concurso nacional de Málaga. De ese compartir festivo, yo sentía que iba a ser artista. Pero al echar la vista atrás, todavía me sorprende.
—¿Cómo la ha llevado su experiencia a considerar la música como vocación?
—Es un regalo divino. Por eso cada día lo agradezco más, me cuido y me formo para compartirlo con el público. Siento la necesidad de dar amor y consuelo con mis canciones. La música siempre me ha conectado mucho con Dios.
—¿Cuándo ha experimentado que la música puede sanar a otros?
—Al mirar a los ojos al público y ver que está llorando y feliz. Al terminar cada concierto, la gente viene a mi camerino. Se sabe que atiendo a todos. Para mí es como una acción de gracias, porque se las doy mirando a los ojos. Ellos me comunican muchas cosas. Como suelo cantar el padrenuestro y el ave maría, me dicen que los ha conectado con algo.

—¿Ha crecido así su propia fe?
—La he ido comprendiendo más con la madurez de los años. De pequeña cantaba porque quería sentirme querida, recompensada con ese aplauso. También tenía devoción por la costumbre de ir a ver con mis padres las procesiones. Con los años, me he ido dando cuenta de que todo eso es heredado, pero que en mi corazón ha resonado y me he sentido conectada con ello. Cuando canto a Dios, a esas imágenes, se crea algo muy potente. Yo digo que la fe está por encima de tener fe: incluso quien no cree me dice que siente algo impresionante cuando escucha mis canciones. Tengo la teoría de que eso es Dios y sus diosidades.
—No solo canta copla, flamenco, zarzuela y ha dedicado una gira a la Piquer, sino que anima a los músicos jóvenes a ir más allá del reguetón y escuchar esos géneros. ¿Siguen teniendo algo que decir hoy?
—La tradición, la raíz son importantísimos para saber a dónde queremos ir. Para hacer algo original hay que ir al origen y escucharlo todo. Si quieres hacer un buen plato de cocina de autor, tienes que saber hacer un sofrito. Hay que degustarlos de manera sencilla, como un jamón o una berenjena de la huerta de calidad, porque son parte de la cultura de nuestro país y tenemos que conocerla. Ya luego te pueden gustar o no. Por otra parte, el flamenco es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Le llega a todo el mundo, aunque no lo comprenda. Estas músicas que han perdurado durante siglos algo tendrán. A mí me sobrecoge; es como un pellizco, una conexión con el Altísimo.
—Con usted el público responde.
—Creo que es por mi manera de mostrárselo, porque a mí me encanta y creo en ello. Muchos me dicen: «No me gustaba hasta que te he oído a ti».

—Lleva por todo el mundo la saeta y explica su sentido. ¿Qué acogida tiene?
—Increíble. Una vez canté en Nueva York en el Flamenco Festival. Cuando acabé hubo dos segundos de silencio y la gente empezó a aplaudir y gritar. Ahí me di cuenta de que la música va más allá de las lenguas, porque ella misma es un idioma.
—También la cantó en Roma, delante del Coliseo, durante el Jubileo de las Cofradías. ¿Por qué la buscaron?
—En realidad, fui como devota anónima con mi marido y mi niña. Cuando entré en la iglesia donde estaba la Esperanza de Málaga me reconocieron. Pregunté si podía cantarle y me dijeron que por supuesto. Luego planteé hacerlo durante la Gran Procesión y todo el mundo estuvo dispuesto. Fue sobre todo gracias a Paloma Saborido [delegada por el Dicasterio para la Evangelización para la organización del evento, N. d. R.], que se dejó el alma para que estuvieran la Esperanza y el Cachorro, de Sevilla. Fue una de las experiencias más difíciles, por la emoción. Pero sanadora: cantar una oración cristiana donde tanta gente murió por su fe fue increíble.
—Últimamente se habla mucho de música y Dios. ¿Cómo lo ve?
—El mensaje de Jesucristo es muy potente. En estos momentos en que la gente va más a lo suyo y hay tanto egoísmo, uno necesita esa empatía y cariño; y la fe tiene todos esos valores de tratar bien al prójimo, de ayudar. Me parece muy bonito que se esté poniendo tanto de moda mediante la música, porque dejará de ser una moda y el valor perdurará.
- Formación y Espiritualidad: el teólogo Marciano Vidal, teólogo, por su contribución a la renovación de la teología moral.
- Justicia y Misión: Unidad Militar de Emergencia (UME), por su labor de ayuda al frente de la DANA.
- Educación: Colegio Ave María de Albacete, de las Operarias del Divino Maestro, por educar en dignidad en los barrios La Estrella y La Milagrosa.
- Pastoral Juvenil Vocacional: Clara Medina, salesiana misionera, por su testimonio en redes sociales sobre su fe y la vocación religiosa.
- Salud: Hospital Nacional de Parapléjicos, por su 50 aniversario como referente internacional.
- Comunicación: Faustino Catalina, redactor jefe de programas religiosos de COPE, por su trayectoria, siendo faro de la información de la Iglesia en la radio.
- Misión Compartida: comedor social Ave María de Madrid, por más de 400 años ofreciendo comida a los más desfavorecidos en un proyecto de religiosos y laicos en comunión.
- Entornos Seguros: Proyecto Repara, por su atención a víctimas de abusos y su forma de sensibilizar a la sociedad sobre la gravedad de este asunto.
- Impacto: serie The Chosen, un fenómeno global sobre la vida de Jesús que ha cautivado a los jóvenes.