Del adiós a Francisco en la plaza de San Pedro a la bienvenida a León XIV, un Papa misionero - Alfa y Omega

Del adiós a Francisco en la plaza de San Pedro a la bienvenida a León XIV, un Papa misionero

Javier Martínez-Brocal
Traslado del ataúd de Francisco durante la Misa exequial.
Traslado del ataúd de Francisco durante la Misa exequial. Foto: EFE / Casa de S. M. el Rey / Francisco Gómez.

Nadie sospechaba el pasado Domingo de Resurrección, en pleno Jubileo dedicado a la esperanza, que el saludo de Francisco tras la bendición urbi et orbi y su largo recorrido en papamóvil eran su despedida. «Gracias por haberme traído de vuelta a la plaza de San Pedro», había dicho a su enfermero, Massimiliano Strappetti, al terminar. El 21 de abril a las 7:35 de la mañana, falleció en Casa Santa Marta y el Vaticano entró en periodo de luto, la sede vacante.

Durante tres días, ante sus restos pasaron unas 250.000 personas. La Misa exequial, el 26 de abril, reunió a los más poderosos del planeta, 160 delegaciones oficiales; e incluso hizo posible un acercamiento entre Donald Trump y Volodímir Zelenski. «Fue un Papa en medio de la gente, con el corazón abierto a todos. También atento a lo nuevo que surgía en la sociedad y a lo que el Espíritu Santo suscitaba en la Iglesia», recordó el cardenal decano, Giovanni Battista Re. Luego, el ataúd fue transportado en papamóvil hasta la basílica de Santa María la Mayor, donde quiso ser enterrado. Le despidieron decenas de pobres, que aplaudieron hasta que llegó a la capilla donde se había preparado su tumba. 

Desde entonces, los cardenales pudieron concentrarse en la búsqueda de un nuevo Pontífice. Sus reuniones generaron una enorme expectación, con decenas de periodistas que los interrogaban para conocer su marcha. Sería la elección papal más concurrida y dispersa de la historia: iban a entrar en el cónclave 133 cardenales de 70 países

Primer saludo de León XIV desde el balcón de San Pedro.
Primer saludo de León XIV desde el balcón de San Pedro. Foto: CNS / Lola Gómez.

El 7 de mayo se abrió el cónclave en la Capilla Sixtina, con su juramento de guardar secreto. Esa misma tarde votaron por primera vez y, a las nueve de la noche, el cielo de Roma se rasgó con la primera fumata negra. Hubo solo otra más, a las 11:51 horas del 8 de mayo, hasta que a las 18:07 salió por fin humo blanco.

«Habemus Papam!», anunció a las 19:10 el cardenal protodiácono, Dominique Mamberti. «Robertum Franciscum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Prevost, qui sibi nomen imposuit Leonem XIV». En solo cuatro escrutinios los purpurados habían elegido Pontífice a un agustino nacido en Chicago (Estados Unidos) hacía 69 años, que había sido prior de su orden, misionero en Perú y prefecto del Dicasterio para los Obispos. 

El nuevo Papa saludó sonriente al mundo: «La paz del Señor esté con vosotros», dijo, anticipando su prioridad. Con esa paz como bandera dio sus primeros pasos el nuevo sucesor de San Pedro.