Curso lleno de vida y esperanza
Un año enriquecedor, marcado por la celebración de la familia en sus diversas expresiones, da paso al merecido descanso
Llegamos al cierre de un curso significativo y deseamos expresar nuestra profunda gratitud por los innumerables momentos de alegría, reflexión y unión que hemos compartido. Ha sido un año enriquecedor, marcado por la celebración de la familia y la vida en sus diversas expresiones, y que ahora culmina para dar paso al merecido descanso del verano.
En un contexto de profunda transformación social, con la Jornada de la Sagrada Familia y bajo el lema Familia, fuente de esperanza, esta se reconoce como comunidad que une persona y sociedad. Poco después el año tuvo un inicio cargado de simbolismo con la acogida a los Reyes Magos. Su mensaje de fe, amor, esperanza y generosidad nos iluminó y marcó el comienzo del año jubilar.
Durante la Semana del Matrimonio, la celebración del quinto y décimo aniversario de bodas fue una ocasión para renovar esos votos matrimoniales que, bajo la mirada de Dios, reflejan el amor incondicional de Cristo. Guiados por el ejemplo de Jesús, José y María, nuestra familia se fortalece en este camino compartido. Luego, las bodas de oro y plata no solo conmemoraron años de unión, sino que fueron una «viva expresión de vida y amor», consolidándose como faro de esperanza para las nuevas generaciones.
Con el lema Abrazando la vida, construimos esperanza y en un mundo que a menudo minimiza la sacralidad de la vida, la jornada dedicada a ella fue una proclamación rotunda de que cada existencia es única, valiosa y llamada a ser motivo de alegría y renovación para toda la humanidad. El don de la vida es, intrínsecamente, fuente de esperanza para el futuro.
El Jubileo de las Familias, los Niños, los Abuelos y los Ancianos nos recordó que cada persona es portadora de una historia única de amor y cuidado. Y que en esa diversidad Dios se hace presente. Se enfatizó que Jesús se manifiesta cada vez que amas, cada vez que rezas. Si quieres verlo, búscalo en tus abuelos, en tus hijos, en quienes te rodean. Jesús está entre nosotros y no se ha alejado de nuestro lado.
Como broche de oro, nos preparamos para una celebración especialmente emotiva. Cerraremos este curso rindiendo homenaje a nuestros abuelos y mayores. El 27 de julio celebraremos su quinta jornada mundial bajo el elocuente lema elegido por el Papa Francisco: ¡Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza! Estas palabras del libro del Eclesiástico, no solo expresan la bienaventuranza de los ancianos, sino que señalan la esperanza depositada en el Señor como el camino hacia una vejez cristiana y reconciliada.
A las 12:00 horas, nos reuniremos para participar en una Eucaristía en la catedral de la Almudena. Será un momento de agradecer, junto a ellos, este curso que concluye y todos los instantes compartidos, los cuales han tenido como denominadores comunes su carácter diocesano y su acogida en nuestra catedral. Nuestro arzobispo, el cardenal José Cobo, la ha descrito como un «lugar de encuentro y unidad», destacando su especial conexión con la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, y señalando que la diversidad no debe ser vista como un obstáculo, sino como un enriquecimiento fundamental para la comunidad, invitándonos a ver en la Virgen un ejemplo sublime de cómo vivir la unidad sin perder la riqueza de la diversidad.
Precisamente en la catedral deseamos culminar este ciclo: de la mano de nuestra Madre y de nuestros queridos abuelos y abuelas, como en la viñeta. Son ellos quienes, como signos vivientes de esperanza y fe, han sido y son pilares insustituibles en cada familia y en la comunidad eclesial. Su presencia es un regalo inestimable para la sociedad; de no existir, sería imperativo inventarlos.
Extendemos nuestro más sincero agradecimiento a todas y cada una de las personas que han hecho posible el trabajo compartido este curso. Ha sido un honor y una riqueza colaborar con tantos; hemos aprendido, crecido y disfrutado enormemente de este camino. ¡Feliz verano en familia!