Cotelo, diez años después de La última cima: «Nadie está llamado a ser espectador, sino protagonista»

Se acaban de cumplir diez años del estreno de La última cima, la cinta del director de cine Juan Manuel Cotelo que provocó «muchas conversiones espirituales y muchos cambios positivos de vida»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto: Infinito+1

«La verdad es que todas nuestras expectativas fueron superadas. Hicimos La última cima con el deseo de dar a conocer la verdad, la belleza y la necesidad del sacerdocio, sin calcular la masa de personas que la verían, sino el efecto que podría provocar en una sola persona»: así recuerda el cineasta Juan Manuel Cotelo la cinta más conocida de la fundación Infinito+1, diez años después de su estreno en España.

«En Infinito+1 siempre trabajamos al servicio de cada persona, no de la masa. Y la repercusión fue muy superior a lo que imaginábamos, porque supimos de muchas conversiones espirituales y de muchos cambios positivos de vida», añade para Alfa y Omega.

Entre los frutos que dio aquella cinta sobre la vida y la muerte del sacerdote Pablo Domínguez, Juan Manuel recuerda a «muchos jóvenes que se fueron al seminario, mujeres que tenían cita para ir a abortar y no lo hicieron, o que habían abortado y nos pedían ayuda… Hubo muchas personas que volvieron a confesarse después de muchos años, y también reconciliaciones en numerosas familias». Al director le viene a la memoria especialmente uno de los primeros mensajes que recibieron en Infinito+1 tras el estreno, de un espectador que al salir del cine fue directamente a hablar con su padre, con el que no hablaba desde hacía 16 años.

«Con La última cima empezamos a ver que Dios se sirve de todo, incluso de una película, para conquistar corazones», señala el director, pues «el balance de todo este tiempo es que Dios aporta su valor infinito y nosotros aportamos el uno, y esa suma da un resultado sorprendente».

Foto: Infinito+1

Para Cotelo, la razón de que aquella cinta llegara a tanta gente es que «los primeros espectadores se entusiasmaron con la película y se convirtieron en anuncios vivos». Gracias a ellos, La última cima pasó de verse en cuatro salas a 125, y permaneció seis meses en la cartelera española. Después se estrenó en 18 países gracias a muchas personas que tomaron la iniciativa de convertirse en distribuidores locales en sus respectivos países. «Hoy ya son profesionales –dice Juan Manuel–, pero entonces no tenían ninguna experiencia previa de distribución. Todos fueron empujados por el Espíritu Santo y no frenaron ese impulso interno».

Años después de su estreno, La última cima también encontró su hueco en Netflix, «porque sus responsables vieron Tierra de María [también de Infinito+1] y les encantó. Nos dijeron que buscaban películas que hablaran de la fe en Dios y no encontraban suficiente oferta de calidad».

Diez años después, este éxito de público ha supuesto para la productora «la confirmación de nuestra misión: anunciar las buenas noticias del Evangelio, tal como pide Jesucristo, a través del cine». También supuso «el fortalecimiento de nuestra fe, que era débil», y eso les hace plantearse el futuro «mirando hacia adelante, sin dormirnos en los laureles».

Por eso, en la actualidad Cotelo está trabajando en diferentes proyectos de formación audiovisual para niños, jóvenes, matrimonios y familias, junto a más series y películas. Para todo ello acaba de lanzar una campaña de solicitud de donaciones a la fundación Infinito+1 animando a los espectadores «a sumarse a esta preciosa misión» (https://www.infinitomasuno.org/donacion/).

Con la mirada puesta en el futuro, «queremos compartir todo lo que hemos aprendido de nuestros aciertos y errores –concluye el director–, porque la misión es tan urgente hoy como hace 2.000 años, y nadie está invitado a ser espectador, sino protagonista».