Corea del Norte, invitada al encuentro

El tercer objetivo del viaje del Papa es la reconciliación entre Corea del Norte y Corea del Sur. Se trata de una misión delicadísima. En el Norte, la situación de la Iglesia católica es desesperada

Jesús Colina. Roma

Tras la Segunda Guerra Mundial, en Corea del Norte había una vibrante comunidad católica. El 30 % vivía en la capital, Pyongyang, mientras que en el resto del país se encontraba el 1 %.

Durante la Guerra de Corea, en los tres primeros años de la década de los cincuenta, las tropas comunistas persiguieron a los misioneros, religiosos extranjeros y cristianos coreanos, persiguiéndoles hasta el sur. En Corea del Norte se destruyeron todos los monasterios e iglesias. Los monjes y sacerdotes que no pudieron huir, fueron condenados a muerte.

No se sabe nada de cómo murieron los 166 sacerdotes y religiosos que se encontraban en Corea del Norte al final de la guerra, pues ha faltado todo tipo de información. Hoy, la Iglesia en Corea del Norte no tiene ni clero ni culto. Según los datos oficiales, los católicos norcoreanos que pertenecen a la Asociación de católicos coreanos, controlada por el régimen comunista, son unos 4.000. Esta asociación, que no reconoce el papel del Papa en el nombramiento de obispos, cuenta con una sola iglesia en el país, en Changchung, considerada como una vitrina del régimen.

Según un informe, del año 2010, de la organización no gubernamental Open Doors International, al menos 8.000 cristianos se encuentran internados en seis campos de trabajos forzados de Corea del Norte. Es suficiente participar en un encuentro de oración para ser internado. El 16 de junio de 2009, una mujer de 33 años, Hyon-ok Ri, fue condenada a muerte y ajusticiada por haber «puesto en circulación Biblias».

La visita del Papa, ciertamente, no será transmitida por ninguno de los medios de comunicación de Corea del Norte. Ahora bien, eso no desanimará al Papa en su empeño por promover la reconciliación.

Impulso a la reunificación

La Presidenta surcoreana, Geun-hye Park, de acuerdo con la Iglesia católica en Corea, pretende aprovechar la visita del Papa para dar un impulso a la reunificación entre el norte y el sur de la península. Se trata de dos países sumamente cercanos (el pueblo es el mismo y miles de familias están divididas entre el norte y el sur), pero que, tras seis décadas de división, son sumamente diferentes en cuanto a los modelos culturales, sociales, económicos y políticos.

Si la visita del Papa ayuda al avance en las relaciones con Pyongyang, supondría un éxito político para la Presidenta Park, exponente de un partido que siempre ha promovido la intransigencia frente al régimen de Corea del Norte. La Presidenta ha preparado la visita del Papa lanzando, el 16 de julio, un nuevo Comité presidencial para la unificación de Corea, presentado como iniciativa rigurosamente neutral políticamente. Entrará en funciones a principios de agosto. La misma Park presidirá el Comité, que contará con 50 miembros (diplomáticos, políticos, miembros de organizaciones de la sociedad civil, empresarios, intelectuales y estudiosos). El objetivo: discutir las modalidades y encontrar caminos, de preferencia compartidos, para llegar a la reunificación pacífica de ambas Coreas. El modelo sugerido es el de Alemania: una nación que estuvo dividida durante décadas y que, desde la reunificación, ha encontrado inmensas oportunidades y beneficios económicos, sociales y políticos.

El Comité pretende ser «concreto y operativo», por lo que pondrá en marcha proyectos que puedan facilitar el diálogo entre el norte y el sur. Uno de los puntos más importantes, por ejemplo, es la participación de atletas norcoreanos en los próximos Juegos asiáticos, evento deportivo continental que se llevará a cabo del 10 al 15 de septiembre en Incheon, Corea del Sur.

Misa por la paz en Seúl

El Papa Francisco concluirá su visita el 18 de agosto, con la Misa por la paz y la reconciliación, en Seúl. Se ha invitado a representantes del Corea del Norte, pero por el momento no hay respuesta. De hecho, la página oficial en Internet dedicada a la visita todavía no ofrece ningún tipo de información sobre esa celebración.

Cualquier gesto positivo de las autoridades comunistas ante esta invitación a participar en ese encuentro del Papa sería interpretado como un gesto importante para favorecer la distensión y el diálogo entre las dos Coreas.

En estos momentos, se recuerda más que nunca en Corea la época de la Política del sol (Sunshine policy), lanzada a finales de los años noventa por el Presidente surcoreano Dae-jung Kim, quien recibió por su iniciativa el Premio Nobel de la Paz en 2000. La iniciativa culminó con un histórico encuentro con el líder norcoreano Jong-il Kim. Fue un acto en el que el Presidente surcoreano implicó al mismo Juan Pablo II. La Política del sol establecía un plan de asistencia y de cooperación económica entre Corea del Norte y Corea del Sur (en esa época, el norte vivía la peor carestía de su historia), oportunidad para volver a establecer una colaboración bilateral.

Aquel compromiso permitió una mayor participación de Cáritas en Corea del Norte (sobre todo, con proyectos humanitarios), la creación de la zona industrial conjunta de Kaeseong, en la frontera, y la inauguración de una línea de ferrocarril entre Seúl y Pyongyang. Con el cambio de Gobierno en Seúl y la sucesión en el régimen del norte, la Política del sol fue abandonada en 2010. Ahora se espera que pueda resucitar de algún modo con la visita del Papa Francisco a Corea.