«Comunicad la alegría de recibir el perdón del Padre»

El Papa Francisco no pierde ocasión de subrayar la importancia del sacramento de la Reconciliación. Volvió a hacerlo el viernes, con un gesto nunca visto. Antes de sentarse a confesar a algunos fieles…

Ricardo Benjumea
El Papa Francisco recibe el Sacramento de la Penitencia, en la basílica de San Pedro

El Papa Francisco no pierde ocasión de subrayar la importancia del sacramento de la Reconciliación. Volvió a hacerlo el viernes, con un gesto nunca visto. Antes de sentarse a confesar a algunos fieles, se dejó ver pasando él primero por el confesionario

El Papa se unió, desde la basílica de San Pedro, a la iniciativa de del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización 24 horas para el Señor, secundada desde iglesias en todo el mundo. En la tarde del viernes, tal como estaba previsto, confesó a algunos penitentes, sin prisas, charlando algunos minutos con cada uno, como hace antes de las Misas en sus visitas a parroquias romanas. La sorpresa fue que, primero, se dirigió a un confesionario para confesarse con un sacerdote. Nunca se había visto una imagen así de una Papa.

El gesto refuerza los continuos llamamientos del Santo Padre a que los fieles pierdan el miedo al confesionario, y a que la Iglesia redescubra la importancia de este sacramento. El Papa es consciente de que «son muchas» las dificultades e incomprensiones con que se topa hoy la Confesión, según reconoció en la mañana del viernes, al recibir a unos 600 sacerdotes recién ordenados, participantes en un curso de la Penitenciaría Apostólica sobre la Confesión. Los sacerdotes -dijo- deben hacer todos los esfuerzos necesarios para que la Confesión no sea percibida como una especie de «tribunal de condena», y sí como «una experiencia de perdón y misericordia».

También de eso se trataba con la iniciativa 24 horas para el Señor, en vísperas del cuarto domingo de Cuaresma, llamado Laetare (alégrate). En su homilía, el Papa pidió a los fieles participantes que se convirtieran en misioneros «para proponer a otros la experiencia de la reconciliación con Dios». Y añadió: «A cuantos encontréis, podréis comunicarles la alegría de recibir el perdón del Padre y de volver a encontrar la amistad plena con Él. Y decidles que nuestro Padre nos espera, nuestro Padre nos perdona, y es más: ¡Hace fiesta! Si tú vienes con toda tu vida, con tantos pecados, Él, en lugar de reprocharte, hace fiesta. Así es nuestro Padre, y esto lo tenéis que decir vosotros a la gente».

«Quien experimenta la misericordia divina -dijo también- se siente impulsado a hacerse artífice de misericordia entre los últimos y los pobres. En estos hermanos más pequeños, Jesús nos espera. Recibamos misericordia, y demos misericordia. ¡Salgamos a su encuentro! ¡Y celebraremos la Pascua en la alegría de Dios!»

Por la mañana, durante la Misa en Santa Marta, subrayó que Dios siente «nostalgia amorosa» de nosotros cuando nos alejamos de Él, y nos invita a «regresar a casa». Sí, «éste es nuestro Padre, el Dios que nos espera. Siempre. Pero, padre, yo tengo muchos pecados, no sé si Él estará contento! ¡Prueba! Si tú quieres conocer la ternura de este Padre, ve hacia Él y prueba, luego me cuentas». Él «no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón».

Pecadores sí, corruptos no

Para recibir ese abrazo misericordioso del Padre es preciso reconocerse primero pecadores. Todos los somos, recalca continuamente Francisco. Pero una cosa es el pecador, y otra, el corrupto, aquel que se ha instalado en su pecado. El Pontífice volvió a referirse a este tema el 27 de marzo, ante cerca de 500 parlamentarios italianos (incluidos 9 ministros y los Presidentes de ambas Cámaras), con quienes celebró la Misa en la basílica vaticana. Hablando de los líderes del pueblo judío, ciegos hacia a Dios, el Papa explicó que «el corazón de esta gente se había endurecido tanto con el paso del tiempo que era imposible escuchar la voz del Señor. Y de pecadores, acabaron siendo corruptos».

Hay un salto cualitativo. «Es muy difícil que un corrupto dé marcha atrás -advirtió-. El pecador sí, porque el Señor es misericordioso y nos espera a todos. Pero el corrupto está fijo en sus cosas», y «se resiste a la salvación de amor del Señor».

Ricardo Benjumea

 

[w8_toggle margin_bottom=»10px» title=»«Que los fieles sepan cuándo hay confesores disponibles»»]

«Estáis llamados a ser siempre hombres del Espíritu Santo, testigos y anunciadores, alegres y fuertes, de la resurrección del Señor», fue la primera indicación que les dio el Papa, a los cerca de 600 jóvenes sacerdotes participantes en un curso de la Penitenciaría Apostólica sobre la Confesión. «Acoged a los penitentes no con la actitud de un juez y tampoco con la de un simple amigo, sino con la caridad de Dios», les pidió. «El corazón del sacerdote es un corazón que se conmueve. Si es verdad que la tradición indica el papel doble de médico y de juez de los confesores, no hay que olvidar que, como médico, está llamado a curar y, como juez, a absolver».

«Un sacerdote que no se dedica a esta parte de su ministerio es como un pastor que no se preocupa por las ovejas que se han perdido», advirtió el Pontífice, consciente de «las dificultades que, con frecuencia, encuentra la Confesión», y de que, «a menudo, a los fieles les cuesta trabajo confesarse, sea por motivos prácticos, sea por la dificultad natural de confesar a otro hombre los pecados propios». Pero «sabemos que el Señor quiso regalar este don inmenso a su Iglesia, ofreciendo a los bautizados la seguridad del perdón del Padre. Por eso es muy importante que, en todas las diócesis y comunidades parroquiales, se preste mucha atención a la celebración de este sacramento de perdón y salvación. Es importante que en todas las parroquias los fieles sepan cuándo pueden encontrar disponibles a los sacerdotes: cuando hay fidelidad, se ven los frutos».

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