Clara Campoamor: maternidad y feminismo - Alfa y Omega

A quienes defienden el aborto o ningunean la maternidad en nombre del feminismo y apelan al derecho de las mujeres les interesará leer, precisamente, El derecho de la mujer (1936), de Clara Campoamor. En lugar de cubrir con mis opiniones la fresca voz de la sufragista, prefiero reproducir algunas líneas de ese texto, obra de una mujer nada sospechosa de clericalismo, que fue republicana, masona, se definió como liberal y defendió el divorcio.

Quien sea consciente de los problemas de conciliación familiar y la actual crisis de la natalidad, sabrá valorar estas líneas: «En una sociedad más perfecta, la maternidad será considerada una de las más elevadas funciones sociales […]. A la mujer moderna le incumbe el deber de llevar a la legislación este sagrado concepto de justicia: consideración de la maternidad como una función de salud pública, con todas las prerrogativas de esta acepción, así considerada por la deuda que la sociedad contrae con la madre».

Además, Campoamor pide una mejor formación y capacitación de las madres: «La maternidad no libera a la mujer, como la paternidad no libera al varón, de sus deberes ante la sociedad. […] Capacítese totalmente la mujer, ofrézcase en holocausto al hijo, al continuador, todo el tiempo que este reclame sus atenciones; pero no se crea nunca eximida del deber y el derecho sociales que han de llamarla, incorporando al alma de los pueblos a más de la mitad de la humanidad».

La madre del sufragio femenino escribió también: «En toda mujer hay una feminista. […] Toda mujer, por el hecho de producirse con acierto en terrenos a que en otro tiempo le fuera vedado el acceso, revoluciona, transfor­ma la sociedad; es feminista».

Campoamor nunca se casó ni tuvo hijos, pero le gustaba ayudar a que las madres pudieran tener sus niños y organizó La Cuna y el Madrinazgo del Niño, cuya labor consistía en regalar cunas a las mamás menos afortunadas. Recordemos, también, que en 1926 abogó claramente por los derechos del no nacido, otro asunto trágicamente actual: «El niño, sin distinción de clases, debe ser protegido y amparado, porque no viene a la vida a petición suya»; e instaba a los poderes públicos a proteger la vida de los más pequeños, asegurando que «la vida del niño es una de las cosas que más debe interesar en la actuación del poder público, amparándola con una sabia legislación».

Es una hermosa idea dar el nombre de Clara Campoamor a barcos, calles, plazas, residencias y estaciones de ferrocarril; pero el mejor homenaje que podemos tributarle consiste en leerla.

Luis Español, autor de distintos trabajos sobre la sufragista, acaba de reeditar El derecho de la mujer en la editorial Renacimiento.