Cardenal Porras: «Las perspectivas para 2020 son muy negativas» en Venezuela

El administrador apostólico de Caracas ha hecho público un videomensaje al comienzo de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana en el que denuncia la «imposición» de «un grupo de personas que se ha adueñado del poder» y quiere convertir a la población en «esclavos sumisos»

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Foto: CEV

El administrador apostólico de Caracas ha hecho público un videomensaje al comienzo de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana en el que denuncia la «imposición» de «un grupo de personas que se ha adueñado del poder» y quiere convertir a la población en «esclavos sumisos»

El cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, y el obispo de Ávila, monseñor José María Gil Tamayo, han mostrado su apoyo a la Iglesia venezolana en medio de la profunda crisis que vive el país. En concreto, ambos se han hecho eco en sus respectivas cuentas de Twitter de un videomensaje lanzado el martes por el cardenal Baltazar Porras, administrador apostólico de Caracas.

En el contexto de la Asamblea Ordinaria Plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana, el también arzobispo de Mérida reconocía que «estamos empezando 2020 con unas perspectivas muy negativas» para la fraternidad entre los venezolanos. Esto se debe a la «imposición» de «un grupo de personas que se ha adueñado del poder» y que «nos quieren convertir a todos en esclavos sumisos».

Esta situación «no tiene en cuenta el sentimiento de la inmensa mayoría de los venezolanos» y «contradice totalmente el valor ético que tiene una sociedad», continuaba el breve mensaje en vídeo del cardenal. Los obispos, reunidos desde el martes, quieren que su encuentro sea «un momento de discernimiento, de reflexión» para poder «ofrecer lo mejor de nosotros, que es el mensaje evangélico».

Maniobra para tomar control del Parlamento

La Asamblea Plenaria de los obispos venezolanos empezaba apenas dos días después del nuevo agravamiento de la situación política que tuvo lugar el domingo 5 de enero, cuando debía celebrarse en la Asamblea Nacional una votación para elegir a la nueva cúpula parlamentaria. La oposición mayoritaria que capitanea Juan Guaidó esperaba ratificarle en el cargo para que pudiera continuar también como presidente encargado de Venezuela.

Sin embargo, las fuerzas venezolanas tomaron los accesos al Parlamento e impidieron entrar a Guaidó y los diputados que le apoyan, que finalmente celebraron la votación en la redacción del diario venezolano El Nacional, donde fue reelegido por 100 votos, 16 más de los necesarios.

Al mismo tiempo, Luis Parra era elegido por los diputados chavistas y la oposición disidente como presidente de la Asamblea Nacional, en una votación que ha sido rechazada por buena parte de la comunidad internacional.

Tanto Guaidó como Parra han presidido este martes sendas sesiones en la Asamblea Nacional. Al igual que el domingo, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y simpatizantes chavistas han bloqueado los accesos al Palacio Legislativo, pero finalmente Guaidó y los 100 diputados que los acompañaban han conseguido abrirse camino. Al menos cuatro diputados han resultado heridos.

En defensa de la antigua «Asamblea Nacional»

En la sesión de apertura de la Plenaria, monseñor Mario Moronta, primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, calificó estos hechos de «bochornosos» y los describió como un intento más de «fortalecer la hegemonía de un régimen que no escucha el clamor de la gente».

Frente a esta situación, subrayó que la «única instancia política legítima qué hay en el país es la Asamblea Nacional que todos conocemos». También volvió a apelar al diálogo, asegurando que «la Iglesia estará, como siempre, dispuesta a cualquier mediación como hemos venido haciendo».

Oración desde España

En sus mensajes de solidaridad, los obispos españoles aseguran su oración «por la reconciliación y el cese de las violaciones de derechos en un país que sabemos hermano», como aseguraba el cardenal Osoro desde su perfil de Twitter.

A esta oración, monseñor Gil Tamayo añadía la intención de que «pacíficamente sea restituida la necesaria libertad, respetados los derechos de sus ciudadanos y acabe de una vez tanto sufrimiento».

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