«Cantamos en la oscuridad para que la gente le mire a Él»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

En medio de una adolescencia difícil y pelo a lo afro, el mexicano Oswaldo Mazorra se apuntó a un coro parroquial para que su madre le dejara tranquilo. No sabía más que tres notas de guitarra y compuso una canción que le llevó a tocar en la fiesta que ambientaba un encuentro de jóvenes con Juan Pablo II. Allí tuvo un tropezón y acabó rodando hasta los pies del Papa; Juan Pablo II se rió y le impuso las manos. «Noté que me quemaba la garganta y se me electrificó todo el cuerpo. Al día siguiente empecé a cantar como nunca había cantado y pensé: “Esta no es mi voz”; y con la guitarra me salían acordes y notas sin haberlos aprendido».

Desde entonces se dedicó a cantar y a componer para Dios y a evangelizar a través de la música. Conoció a Arce en un coro y con otros músicos formaron Jaire, un grupo de música cristiana que grabó seis CD y tocó por toda América, en parroquias, pabellones y hasta estadios. Hoy ambos forman el grupo Salve (amigosdesalve.com) y están en España viviendo de la Providencia y anunciando la gratuidad, ambientando celebraciones de la Eucaristía y adoraciones al Santísimo por todo el país.

Oswaldo: En México nos llamaban de todas partes para tocar, y nuestros CD volaban. De aquellos tiempos recuerdo la gratuidad con la que hacíamos las cosas, poníamos de lo nuestro para poder tocar y evangelizar, y luego el Señor lo bendecía todo.

Arce: Porque teníamos como un fuego por dentro que teníamos que dar. Y el Señor iba por delante. Hay Alguien que está loquísimo de amor, que es Dios, y está por encima de nuestras estrategias y programaciones.

¿Qué pasó después?

O: La cadena mexicana María Visión nos llamó para colaborar con ellos en eventos y celebraciones, y un día el presidente de la cadena, Emilio Burillo, nos invitó a una peregrinación de varias semanas a Tierra Santa y a varios santuarios marianos de Europa.

Oswaldo y Arce cantando ante el Santísimo en la parroquia Nuestra Señora de Fuente del Fresno, en Madrid. Foto: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

A: Llevábamos muy poco tiempo casados, y yo estaba trabajando en un banco. Teníamos nuestra vida planeada e hipotecada, y ese viaje se nos hacía imposible juntos. Yo se lo comenté a mi jefe, buen amigo nuestro y nada religioso, y me dijo: «Arce, hace tiempo que pienso que tú deberías estar trabajando junto a tu marido. Aprovecha y ve a ese viaje». ¡Y así perdí mi trabajo!

¿Qué descubristeis en esa peregrinación?

O: Fue una maravilla. Lo que más nos marcó fue Medjugorje. Llegamos en el festival de jóvenes y nos impresionó la Adoración de la tarde. ¡A mí hasta me molestaba tanta paz! Pero fue tan especial… Las luces apagadas y solo brillando la custodia con el Señor. Había miles de jóvenes adorando y pude oír a mucha gente llorar. Había música de fondo pero no se veía a los músicos. Yo de rodillas le decía al Señor: «Aquí no hay batería ni teclados, no hay casi nada de lo que hay que tener para intentar convencer a la gente… Aquí solo estás Tú. Eso es lo que quiero».

A: Lo que veníamos haciendo no tenía nada de malo, pero ahí entendimos de que no se trataba de que nos siguieran a nosotros, sino a Él. Nosotros ya lo sentíamos así, pero ahí fue donde caímos en la cuenta juntos por primera vez.

O: El Señor no nos dejó mucho tiempo como estábamos, porque de la cadena nos invitaron de nuevo a participar de manera estable en su proyecto de evangelización en España. Yo de primeras le dije que no, y que solo lo haría «si el Señor se ocupa de mis padres», que por entonces estaban mayores. Pues bien, ambos murieron a los pocos meses, y para mí fue un momento en el que percibí muy cerca al Señor. Era el mes de mayo, y en diciembre ya estábamos en España…

Para cantar…

A: Era lo nuestro, no sabíamos otra cosa. El primer año fue duro porque no nos conocía nadie. Nuestra misión era ir a encuentros de oración y dar a conocer el proyecto de la cadena, pero al final nos acababan llamando solo para cantar, por toda España, en adoraciones y peregrinaciones. El proyecto televisivo no cuajó pero muchas personas nos siguieron llamando. Cada uno quería en su parroquia lo que había vivido con nuestra música.

O: Todo ha funcionado estos años por el boca-oreja. Empezamos a cantar por todas partes y ahora lo hacemos todos los días de la semana en parroquias y colegios, sobre todo en Madrid.

A: Y lo hacemos escondidos en la oscuridad, porque queremos hacer lo mismo que vivimos aquella vez en aquella Adoración que tanto nos marcó. La música no debe ser la protagonista. Solo está para crear un ambiente que te ayude a mirarle a Él.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo