B. S. O. La banda sonora de nuestras vidas - Alfa y Omega

B. S. O. La banda sonora de nuestras vidas

Isidro Catela
Emilio Aragón junto a Raphael. Foto: Movistar+

Si, a los que ya tengan cierta edad, les pregunto que cómo están ustedes, les propongo jugar al gran juego de la oca y, sobre todo, les pido que me digan el nombre de su médico de familia favorito, la respuesta sería unánime. Como lo leen, 14 años después, Emilio Aragón vuelve a ponerse delante de las cámaras para conducir un espectáculo que se presenta en forma de serie, pero que bien podría haberse emitido en el prime time de los viernes, allá por los años 90.

Movistar+ se lanza a esta aventura y nos propone ocho entregas con Emilio Aragón a los mandos de un proyecto en el que él es tan protagonista como los invitados que, en cada capítulo, vienen a recorrer el camino de sus vidas de la mano de las canciones que las marcaron. Cada programa es distinto, pero tienen en común una producción espectacular, que hace que entre por los ojos, de esa forma que la belleza (también audiovisual) sabe entrar hasta lo más dentro del alma.

Arrancó el 2 de junio con los omnipresentes Javis y nos hizo un regalo luego con el eterno Raphael (no se pierdan las actuaciones de Silvia Pérez Cruz, Natalia Lacunza o la sorpresa final en forma de conocido villancico). Un lujo, incluso aunque ustedes sean de los que no les emociona demasiado la música del de Linares. Los próximos invitados serán el futbolista Joaquín o Belén Rueda, su compañera en la mítica Médico de Familia.

Emilio Aragón hace girar el programa en torno a la entrevista en profundidad con el invitado y saca al escenario a artistas de todas las épocas y estilos muy dispares para ir componiendo un retablo más que notable. Incluso él mismo se anima a cantar y a tocar el piano o el acordeón.

Gustará más a los mayores, por lo que tiene de memoria de aquellos maravillosos años que se recuerdan, pero es un espectáculo blanco, muy bien hecho,  que pueden disfrutar también los más jóvenes de la casa. Merece la pena que les pongan este soniquete de fondo, aunque solo sea para que vean que hay vida (y buena) más allá de las series de ficción.