Aquí vienen a bautizar a sus hijos mujeres víctimas de prostitución - Alfa y Omega

Aquí vienen a bautizar a sus hijos mujeres víctimas de prostitución

Nuestra Señora del Valle trabaja en red «porque nos permite un mayor contacto con la realidad»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Algunos hacen doblete en las dos adoraciones diarias
Algunos hacen doblete en las dos adoraciones diarias. Foto: Nuestra Señora del Valle.

Cuando uno es pequeño se hace más grande si va de la mano de otros. Esa es la experiencia de muchas parroquias de toda España que unen fuerzas para tener un mayor alcance. Y es lo que hace por ejemplo la madrileña Nuestra Señora del Valle, que con las otras dos con las que comparte arciprestazgo organiza un catecumenado de adultos, un curso prematrimonial y otro de prevención de abusos, además de un próximo encuentro de profesores de Religión de la zona. «Es una labor en red muy bonita y nos permite un mayor contacto con la realidad que nos rodea», afirma Antonio García, su párroco. Destaca que «el trabajo en común es más fluido y aumenta la comunión. Es una tendencia a trabajar juntos que se está imponiendo cada vez más».

Nuestra Señora del Valle es una de las numerosas comunidades de la capital que iniciaron su andadura en los años 60 del siglo pasado. Al principio, las celebraciones tenían lugar en un aula de un colegio público, hasta que encontraron acomodo en los bajos de un edificio de oficinas del entonces Banco Popular, donde siguen a día de hoy. «Por eso es imposible que la parroquia crezca más, porque solo puede hacerlo hacia arriba», bromea García. Este rincón del barrio de Pacífico reúne hoy a 11.000 vecinos. Los que van a la iglesia son aquellos que se mudaron aquí cuando su familia estaba aún echando raíces, pero sus calles tranquilas han comenzado a atraer a familias más jóvenes, un desafío pastoral para las comunidades de la zona.

Fachada de Nuestra Señora del Valle
Sobre el templo hay pisos de oficinas. Foto: Nuestra Señora del Valle.

De la papilla al filete

Dado el perfil sociológico del barrio, de clase media-alta, «los fieles de aquí están muy interesados en la formación», cuenta el sacerdote. Por eso en sus salas acogen periódicamente muchos grupos: de Biblia y de espiritualidad, por ejemplo; otros de catequistas o de voluntarios de Cáritas, «que también buscan formarse para crecer. En realidad, necesitamos formarnos durante toda la vida, ir más allá de la catequesis que nos dieron de niños y pasar de la papilla al filete».

Al inicio y al final de curso hay una asamblea parroquial para hacer balance y programar el curso siguiente, en un proceso participativo que llega a incluir hasta una encuesta y un buzón de sugerencias: «Estamos abiertos a las propuestas que nos llegan de la gente y el consejo parroquial va haciendo seguimiento de lo que sale de ahí».

Todos los jueves, por la mañana y por la tarde, hay adoración comunitaria que integra una lectio divina con las lecturas del domingo siguiente. «A los feligreses los ayuda y hay algunos que hasta hacen doblete», asegura el párroco. Una vez al mes, el templo acoge asimismo una oración animada por las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, las religiosas a cargo del edificio Jubileo 2000 de Cáritas para familias en situación de riesgo de calle.

Las canastas van dirigidas a madres en apuros de la vicaría
Las canastas van dirigidas a madres en apuros de la vicaría. Foto: Nuestra Señora del Valle.

En cuanto a la labor social, dado que en el barrio existen algunos pisos de realojo, las demandas de ayuda de Cáritas proceden de sus vecinos. Junto a ello, un grupo de voluntarias se reúne para realizar canastillas de bebés destinadas a madres embarazadas de toda la vicaría que las puedan necesitar. Algunas de ellas llegan a manos de mujeres que han dejado la prostitución y que están en un piso cercano con las religiosas oblatas. Ahí están escondidas porque las buscan las mafias. «Pero algunas traen a sus hijos a bautizar», cuenta García.

Tras una primera conversación que tiene mucho de acogida, «esas mujeres se dan cuenta de que no las juzgas. Les recuerdas que son hijas de Dios y que tienen una dignidad que nada puede tapar, ni siquiera lo que hayan hecho en el pasado», señala el párroco. Valora cómo la comunidad se transforma así «en parte de esa primera etapa que supone para ellas un cambio de vida».