Tras los debates y discusiones (alguna más subida de tono de lo debido) llega la hora de aplicar la Amoris laetitia. En las diócesis españolas se han celebrado multitud de actos y jornadas en las primeras semanas de curso con el objetivo de favorecer su puesta en práctica, que es en definitiva para lo que Francisco ha escrito esta exhortación. El documento contiene una serie de indicaciones que, si se aplican con fidelidad, pondrán en el centro de la acción pastoral de la Iglesia la atención a las familias e implantarán en cada parroquia un estilo de presencia mucho más cercana a las personas. Se trata de una pastoral cuerpo a cuerpo, que acoge y sabe escuchar con paciencia los problemas e ilusiones de la gente. No es casual, ha dicho el cardenal Blázquez, que la Amoris laetitia haya sido publicada en pleno Año de la Misericordia, y no solo porque en el documento se muestre un nuevo talante hacia las personas divorciadas, los homosexuales o las parejas de hecho. El ideal de una Iglesia convertida en hospital de campaña que sale a los caminos al encuentro de la gente toma cuerpo de forma especialmente clara e intensa en esta exhortación, que precisamente por ello contiene el germen de una profunda renovación en la Iglesia.

Alfa y Omega