«Aparentar una vida perfecta me dejaba un gran vacío»

La protagonista de esta semana hizo honor al título de esta sección y, literalmente, transitó del like al amén. Utilizando sus propias palabras, o más bien las de la protagonista del libro que ha escrito novelando su propia historia –Mi nombre es Greta Godoy (Planeta)–, Berta Bernad (Madrid, 1988) cometió un «suicidio digital» y cerró su cuenta de Instagram cuando tenía cerca de 100.000 seguidores. También se desenganchó de WhatsApp y Facebook. Con su gesto, no pretende crear escuela, sino generar una reflexión y que la gente pueda aprender a «gestionar su vida virtual y su vida real de una manera más sana»

José Calderero de Aldecoa
Foto: Paco Esteve

La protagonista de esta semana hizo honor al título de esta sección y, literalmente, transitó del like al amén. Utilizando sus propias palabras, o más bien las de la protagonista del libro que ha escrito novelando su propia historia –Mi nombre es Greta Godoy (Planeta)–, Berta Bernad (Madrid, 1988) cometió un «suicidio digital» y cerró su cuenta de Instagram cuando tenía cerca de 100.000 seguidores. También se desenganchó de WhatsApp y Facebook. Con su gesto, no pretende crear escuela, sino generar una reflexión y que la gente pueda aprender a «gestionar su vida virtual y su vida real de una manera más sana»

Influencer con cientos de miles de seguidores en las redes sociales, contratos para marcas de lujo… ¿Por qué decidiste cerrar tu vida digital?

Fue por la sobreexposición. Vivía una vida que no era real. Las nuevas generaciones valoran tener muchos seguidores o les gustaría llegar a ser famosos, consideran que eso daría valor a su vida. Yo me di cuenta de que aparentar tener una vida tan perfecta, en el fondo lo que me dejaba eran muchos vacíos existenciales.

¿Cuál fue el clic que colmó el vaso?

Nada en concreto, fue un cúmulo de cosas y de acontecimientos. Empecé a notar que algo no iba bien y empecé a escucharme a mí misma. Tenía todo lo que supuestamente hoy en día el mundo desea tener e, internamente, sentía que eso no era suficiente. Me di cuenta de que los viajes, los relojes, las cenas… no eran la manera para llegar a ser feliz.

Entonces, ¿cerramos nuestros perfiles en redes sociales?

No, yo creo que es importante tener redes sociales profesionalmente hablando. Lo que hay que hacer es diferenciar el perfil profesional del personal. Como fotógrafa, tengo un estudio que se llama Mindlike. En la cuenta en redes sociales del estudio publico mi trabajo. Lo que no tengo es un perfil personal donde cuento qué he cenado, si tengo novio o no y cómo está mi familia.

Hace poco se me ocurrió buscar en el diccionario la palabra privacidad: «Lo que realmente guardas para ti y no es necesario que sepa la gente», venía a decir. Ahí es donde hay que poner una barrera. No hay necesidad de mezclar el perfil personal y el profesional. Un diseñador gráfico no tiene por que enseñarme qué ha desayunado. No pasa nada, no me lo cuentes. Simplemente, enséñame el dibujo que has hecho porque, evidentemente, de ahí te va a salir trabajo.

¿Cuál es el gran mensaje detrás de tu desintoxicación digital?

Que como todo fenómeno nuevo –porque todavía estamos en el paleolítico de las redes sociales– hay que aprender a utilizarlo bien. En el momento en que este fenómeno se consolide y pasen unos años, creo que todos vamos a saber cómo gestionar nuestra vida virtual y nuestra vida real de una manera más sana. Ahora está todo muy mezclado.

Hay una frase de Robin Sharma que me encanta. Dice que lo que más le engrandece su alma es pasar la antorcha a la siguiente generación muy viva. Y yo me siento igual. A mí, a nivel laboral, me iba muy bien, pero elegí ser feliz y aportar una reflexión fundamental para la primera generación en la que se ha masificado el uso de las redes sociales. Me parece interesante hacerles ver el otro lado del fenómeno porque habitualmente reciben el mensaje contrario.

El gran mensaje es que vivan controlando sus expectativas y que, cuando se pregunten quién quieren ser, no se fíen exclusivamente de los perfiles virtuales de los influencers. Hay que orientar a los chicos. Sobre su futuro están perdidísimos, y sus únicas referencias no pueden ser las que encuentren en internet. Detrás de la cuenta de alguien que parece tener de todo, nadie sabe cómo es la relación de esa persona con su familia, o si le han tratado bien o mal en su adolescencia, ni qué condiciones tiene en su vida para haber podido lograr lo que ha logrado. A lo mejor es una persona que tiene muchísimo dinero y que se puede permitir esos viajes. Tú, a lo mejor, no. Eso es lo que a veces puede generar mucha frustración. Al final, tú no sabes si esa niña tiene muchísimo dinero pero sus padres no la llaman ni una vez al mes.

¿Y qué influencia tienen los padres, las familias?

Cuando los niños son más pequeños, la influencia es total. Si tú lees un libro, tu hijo va a leer un libro. Tú te dedicas a mirar el móvil y el niño va a hacer lo mismo. No le puedes decir luego al niño que no juegue con el móvil si tú estás todo el día con uno en la mano, por mucho que no le dejes utilizar el iPad durante la comida.

José Calderero de Aldecoa