Antonio Banderas: «Mientras lo que nos rodea es efímero, el amor al otro permanece» - Alfa y Omega

Antonio Banderas: «Mientras lo que nos rodea es efímero, el amor al otro permanece»

Tras su éxito en Málaga, llega a Madrid el musical Godspell, dirigido por el actor y productor andaluz, que recuerda la importancia de amar al prójimo a través de pasajes del Evangelio

Cristina Sánchez Aguilar
Antonio Banderas
Foto: Javier Salas.

Godspell ya ha aterrizado en Madrid, 50 años después de que se viera por primera vez en español. El musical de Broadway, dirigido en esta ocasión por Antonio Banderas —sobre una versión de Emilio Aragón— levantó la semana pasada el telón en el Gran Teatro Pavón, en plena capital castiza, tras su paso por el Teatro del Soho CaixaBank de Málaga.

—Antes de que la sociedad se subiera a la moda de hablar del «giro católico», usted ya había recuperado Godspell en Málaga. ¿Por qué vio la necesidad de hablar de la Palabra de Dios en medio del contexto en el que vivimos?
—Más que una necesidad de hablar de la Palabra en un sentido teológico, el estreno de Godspell nace de la urgencia de rescatar valores universales que parecen estar en peligro de extinción: la empatía, la solidaridad y la construcción de comunidad. En un mundo fragmentado, estos textos funcionan como un mapa ético. No se trata de religión, sino de humanidad. Decidí abordar esta obra porque, en medio del ruido actual, necesitamos volver a las preguntas fundamentales sobre cómo nos tratamos los unos a los otros.

—Tebelak y Schwartz, los autores originarios, escribieron la obra en un contexto en el que las protestas por la guerra de Vietnam y el movimiento hippie estaban en plena ebullición en EE. UU. Visto cómo de abarrotado estaba el Pavón el fin de semana, queda patente que es un mensaje adaptable a todos los tiempos.
—Mientras todo lo que nos rodea es efímero, lo que permanece es el mensaje de comunidad y de amor al prójimo. La paradoja de la obra es que, siendo vieja en su origen, resulta más subversiva hoy que nunca.

Foto: Javier Salas.

—Utiliza unos recursos modernos (vestuario, música, escenografía distópica) para hablar de lo que permanece, que es el Verbo. Es una obra paradójica pero, además, muy pura en cuanto a su mensaje. ¿Cree que estamos en un momento especialmente proclive para hablar de trascendencia y esperanza, y que vistiéndolo del lenguaje del siglo XXI es más atrayente?
—El uso de una escenografía distópica y música actual no es un simple envoltorio estético; es un puente necesario. Estamos en un momento donde la trascendencia se busca desesperadamente, pero los lenguajes tradicionales a veces generan una barrera. Vestir el mensaje con códigos modernos (el streetwear, la música urbana o la tecnología) no lo rebaja, sino que lo humaniza. Lo hace atrayente, porque demuestra que la esperanza no es una pieza de museo, sino algo que puede latir en una ciudad derruida o en un futuro incierto. Lo maravilloso de Godspell es que, tras quitarle el polvo a la tradición, lo que queda es la esencia pura del Evangelio, que es radicalmente esperanzadora.

—¿La recepción en Málaga ha sido el termómetro de esta necesidad de esperanza?
—El público no solo ha respondido con aplausos, sino con una emoción contenida. Más allá de las creencias individuales de cada uno, hemos sentido una conexión colectiva muy fuerte. Los espectadores han vibrado con la idea de la formación de una comunidad desde la nada. Ha quedado demostrado que la gente tiene sed de historias que hablen de luz y de reconstrucción, especialmente cuando se cuentan desde un lugar honesto y contemporáneo. Málaga ha confirmado que el teatro sigue siendo ese espacio sagrado —en el sentido laico— donde nos recordamos que no estamos solos.

Adaptada por Martín Descalzo y Pemán
Aarón Cobos, en el centro.

La obra, basada en el Evangelio de san Mateo, llegó a España en 1974 con una adaptación del libreto a cargo del sacerdote y periodista Martín Descalzo y del poeta José María Pemán. En 2022 la recuperó Emilio Aragón y sobre esta versión ha trabajado Banderas, que la contextualiza en medio de una ciudad en guerra y la protagoniza una compañía de teatro atrapada que utiliza el canto, el baile, el circo y las máscaras, para ir contando, parábola a parábola, esta historia de esperanza.

Para uno de los miembros del elenco, el actor Aarón Cobos, «estamos en una era en la que la conciencia es cada vez mayor y en diferentes generaciones, tanto en niños como en adolescentes y adultos. Hay un cambio global y es el momento ideal para traer una obra con este poder tan grande».

Como asegura en conversación con Alfa y Omega, «a mí me ha cambiado Godspell, incluso en cosas de mi día a día. Nos levantamos cansados, enfermos, enfadados. En la vida te pasan cosas». Pero «se abre el telón y lo único en lo que piensas es en dónde está la importancia real de la vida». Como señala Cobos, «nos frustramos por tonterías y olvidamos la base de todo».

Según el actor, lo que se genera en el escenario de este musical es «un hechizo de Dios, porque la palabra la puedes retener o no, pero el hechizo es que ha hecho efecto esa palabra». Y, para muestra, «solo hay que ver cómo la gente sale tocada, removida».