Adiós a dos obispos del Concilio - Alfa y Omega

Adiós a dos obispos del Concilio

Gabino Díaz Merchán participó en la última sesión del Vaticano II, mientras que Antonio Montero fue el cronista de este acontecimiento. Ambos son historia de la Iglesia en España

Fran Otero
Díaz Merchán en Covadonga con Jesús Sanz. Foto: Arzobispado de Oviedo.

Gabino Díaz Merchán, arzobispo emérito de Oviedo y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) entre 1981 y 1987, parecía intuir en los últimos tiempos que su peregrinación por este mundo llegaba a su fin. Quizás por eso, en su última visita a la Virgen en Covadonga, quiso dejar allí su báculo. Y allí sigue. Su amor a la Virgen le llevó a poner por escrito en su testamento que deseaba ser enterrado junto a la Santina, en una de las capillas laterales de la catedral de San Salvador. También expuso que no quería pompa en las exequias y cómo debía ser la lápida: con su nombre y sus dos destinos episcopales, Guadix y Oviedo. Así se cumplió tras su fallecimiento la semana pasada.

José Antonio Montoto, delegado del Clero de la diócesis asturiana y director de la casa sacerdotal donde pasó los años finales el arzobispo emérito, confirma que la humildad de sus últimas voluntades es reflejo de su propia vida. «Era un hombre piadoso y humilde. No quería hacer nunca declaraciones para no pisar el terreno al titular», explica en conversación con Alfa y Omega. También destaca de él su buen humor y su espíritu conciliador: «Se le reconoce como el obispo de la reconciliación, porque ha sabido unir a todos». A su velatorio acudieron personalidades de todas las ideologías; por ejemplo, Ángela Vallina, portavoz de Izquierda Unida en la Junta General del Principado de Asturias. Ella misma justificó su presencia: «Vengo porque don Gabino es un hombre de paz». Díaz Merchán, que perdió a sus padres por la persecución religiosa en Asturias, fue presidente de la CEE en los primeros pasos de la democracia española y arzobispo de Oviedo cuando arreciaban las protestas sociales en Asturias. Supo acoger las demandas de los trabajadores, abriéndoles incluso los templos. «A un sacerdote amigo le marcó mucho que don Gabino le dijese que se acordase de trabajar por la justicia», cuenta González Montoto.

Javier Gómez Cuesta también conoce muy bien al arzobispo emérito. No solo porque fue su vicario general durante 17 años, sino también porque, tiempo atrás, habían coincidido en el seminario de la Universidad Pontificia Comillas. «Era un hombre que daba confianza a sus colaboradores. Era un gran gobernante, porque ayudaba a discernir las situaciones y a reflejar lo mejor posible la realidad. No le gustaba aparecer, era más de segunda línea. No le interesaban los protagonismos, más bien la soledad», añade. El sacerdote reconoce la importancia que tuvo en la recepción del Concilio Vaticano II, en el que participó nada más recibir la ordenación episcopal: «El espíritu conciliar fue la luz de toda su actuación».

Montero fue pionero en los medios de comunicación católicos. Foto: Arzobispado de Mérida-Badajoz

También tuvo un papel importante en la etapa conciliar Antonio Montero, arzobispo emérito de Badajoz, que falleció hace una semana. Primero como cronista y luego como pastor. De hecho, tal y como señala a este semanario el obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, fue uno de los grandes artífices «de la renovación de la Iglesia en España». También fue pionero en el ámbito comunicativo –fundó PPC y dirigió Vida Nueva y Ecclesia– junto con otras figuras como José Luis Martín Descalzo o José María Javierre. A nivel personal, continúa Gil Tamayo, lo considera «un padre y un maestro». Fue el segundo sacerdote que ordenó en Mérida-Badajoz y luego lo envió a estudiar periodismo: «Casi todo lo que sé como cura, como obispo y como periodista lo aprendí de él».

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