A lo largo de las últimas semanas, dos parroquianas han pasado a mejor vida. Pero de forma muy distinta. Una de ellas, Nina, profesora, una persona muy cercana, creativa, que para Navidad y Pascua siempre preparaba una obrita de teatro o un cantito, se va a vivir con su marido a Belikiy Nóvgorod, no muy lejos (para Rusia) de San Petersburgo. Me da pena que se vayan parroquianos activos. Pero me alegro por ellos, porque dejarán de sufrir los rigores invernales de Múrmansk. En la Eucaristía dominical rezamos por ella. Y, al final, con lágrimas en los ojos, reconoció que la iglesia «es como mi propia casa».
Muchos de nuestros parroquianos sienten el templo como algo suyo. Es fácil recabar ayuda, solicitar voluntarios, incluso recaudar dinero para proyectos concretos. Creo que tengo suerte. Que le vaya bonito; seguiremos en contacto en las redes sociales.
La otra parroquiana, Olimpia, se murió el día de la Presentación del Señor. Fue una de las primeras parroquianas de la ciudad de Apatity, a 180 kilómetros de Múrmansk. Mientras las fuerzas se lo permitieron, en Navidad y en Pascua venía en un microbús con varios parroquianos para celebrar en nuestra iglesia. Cuando comenzamos a ir a Apatity, ¡cuántas veces celebramos en su casa y nos dio de comer después! Tenía un limonero enorme en el salón, y los limones sabían a limón.
Tuve que hacer 400 kilómetros para el funeral. Estamos saliendo de la noche polar, con lo que la mitad del camino la hice con luz. Mucha nieve, en algunos tramos mucho viento, y placas de hielo en la carretera. No acaba uno de acostumbrarse a conducir en esas condiciones. Se reunieron unas 20 personas en el tanatorio: un par de católicos, y el resto, ortodoxos. Rezamos juntos por Olimpia, y recordamos momentos de su vida. Respondían bien a las invocaciones que yo iba sugiriendo. Dos horas y media de viaje, para media hora de oración. Merece la pena. Para eso estamos aquí. Para que Nina se vaya feliz a Belikiy Nóvgorod, y la familia y amigos de Olimpia hayan podido despedirse de ella en clima de oración, de fe y de consuelo. b